María Álvarez de las Asturias y Mercedes Honrubia llevan más de 25 años acompañando matrimonios y parejas de novios en su camino de relación.
Fruto de esta experiencia, estas expertas han publicado «Crisis, no ruptura», un libro editado por Palabra en el que se recogen los cimientos básicos para una relación matrimonial sana y líneas clave para prevenir y afrontar las posibles crisis durante el matrimonio.
Un libro útil y realista, dirigido a novios y matrimonios en cualquier punto de su relación y en el que las autoras han querido subrayar la necesidad de la comunicación en la pareja, la honestidad, la necesidad de pedir ayuda o consejo antes de «pasar por un bache» y la conciencia de que las crisis no son siempre un sinónimo de ruptura, sino una oportunidad de crecimiento.
Con este trasfondo, Omnes ha hablado con las autoras sobre matrimonio, noviazgo, temas clave y cómo detectar a tiempo esa «bola de nieve», que puede estar formándose en una relación.
En una época en la que la terminología está muy dañada, ¿qué diferencia el matrimonio de cualquier otra relación amorosa?
M.A.A. –Lo que diferencia al matrimonio de otro tipo de uniones es que es el compromiso de vivir el amor para siempre. Ese compromiso, -que muchas veces asusta porque pensamos que nos quita libertad o que no vamos a poder mantener-, es, en realidad, una ayuda.
El compromiso recoge los elementos del amor: “qué a gusto estamos juntos” y, como estamos a gusto juntos, nos dedicamos tiempo para ver qué pensamos sobre la vida, sobre el amor, sobre el matrimonio, sobre la familia, sobre el trabajo…, sobre todo. Cuando las dos cosas encajan, -estoy a gusto junto y voy descubriendo más cosas que me hacen estar más a gusto contigo- ahí se decide si esto es lo que queremos vivir siempre: el compromiso.
El compromiso es una brújula. He decidido esto, voy a ir en esta dirección, y las dificultades que puedan venir las vamos a superar juntos. Eso es el compromiso y eso es el matrimonio.
Entonces…, ¿qué es el noviazgo?
M.A.A. –El noviazgo es una relación que tiene que terminar de alguna manera. Un buen noviazgo es el que termina, o en boda, o en la decisión pensada y meditada de “esto no tiene futuro”. Eso es un noviazgo.
Elegir a la persona ¿si la otra persona no quiere ser elegida. uh
Pues si la otra persona no quiere ser elegida no cabe más que respetar la libertad del otro, no puedes imponerte. Por tanto, te tienes que alejar de esa persona. y ¡ojo!, desenamorarse no es automático. Lleva un tiempo, hay que pasar un proceso de duelo para sacar a esa persona del corazón y ese lugar pueda ser ocupado por otra persona. Esto siempre, evidentemente, cuando hablamos de noviazgo. El caso del matrimonio es completamente distinto.
Crisis, no ruptura
¿Se puede prometer el amor “para siempre”?¿no pecamos de idealistas?
M.H. – ¡Qué buena pregunta! Creo que el anhelo que todos tenemos es amar y ser amados. Ese amar y ser amados es algo que uno anhela para siempre. Las circunstancias cambian, igual que las personas cambian.
Se trata de no quedarnos en las mariposas de los inicios, sino que es una elección libre donde yo actualizo ese sí, cada día. Actualizar ese sí cada día, -en presente-, implica construir un futuro. Si yo voy conociendo a la otra persona y me voy conociendo a mí, voy aceptando mis circunstancias y voy aceptando las circunstancias del otro, es desde ahí desde donde yo puedo ir actualizando ese sí. Por eso es un sí para siempre.
Cuando escuchamos “acompañamiento matrimonial”, parece que siempre pensamos en “problemas en el matrimonio”, ¿es así?
M.A.A. –Los acompañamientos personales, familiares y matrimoniales profesionales han surgido porque hay personas que los han pedido. Hasta hace un tiempo relativamente corto, en las familias, más o menos, había una unidad de criterio de pensamiento sobre temas importantes.
Ahora nos encontramos con que hay muchas personas que tienen una forma de ver la familia y el matrimonio que no comparten con el resto de su entorno. Y, cuando tienen una pequeña duda o una dificultad que no es muy seria, no encuentran a alguien con sus valores y sus principios a quien dirigirse dentro de este entorno cercano. A nosotras se nos ha acercado gente a pedirnos ese acompañamiento porque saben que compartimos su forma de entender la vida, el amor y el matrimonio.
Muchas veces, las parejas no vienen porque tengan una dificultad, sino también para reafirmarse en el camino que han elegido, para poner unas buenas bases antes del matrimonio o porque ya han puesto esas bases y quieren ampliar su conocimiento y la forma de llevarlas a la práctica.
Decir las cosas delante de un tercero neutral es mucho más fácil. Para empezar, porque se pueden decir las cosas de forma objetiva y ver si, realmente, eso era importante o no. Además, el pacto de la sesión de acompañamiento es la escucha del otro.
Muchas veces, cuando se manifiestan esas cosas que se tenían calladas, delante de un tercero, la otra persona se sorprende porque “no tenía ni idea de esto”. Por eso el acompañamiento no necesariamente es para los momentos en los que se está pensando en una ruptura sino muchísimo antes, para evitar esas rupturas.
Cuando hay algo que se está atragantando, que se está haciendo bola en una pareja, se pide una sesión de acompañamiento y se deshacen esos pequeños nudos
¿Cómo distinguir una situación insalvable de una crisis “de crecimiento” en la relación?
M.H. –Ése es un tema que tratamos en “Crisis, no ruptura”. Es importante conocer que hay crisis evolutivas: igual que la persona va cambiando, el matrimonio también va evolucionando, va creciendo y va madurando.
Conocer esos momentos, esas etapas de la vida, te sitúa en una perspectiva desde la que, cuando ves que aparece la crisis, no te asusta, porque sabes que forma parte de tu propio crecimiento. Conocer dá seguridad para poder superar.
Otra cosa son las circunstancias que no dependen de uno, sino que vienen y no sabemos cómo abordarlas. Ahí es donde se pueden adoptar dos posturas.
La primera es considerar que es una crisis, pero no en sentido negativo, sino que me puede permitir conocerme mejor para poder superar esta dificultad.
La segunda, por el contrario, que en una pareja, ante esta situación, una de las personas no quiera trabajar esa relación y eso implique una ruptura.
A veces, nos encontramos con situaciones así, en las que una de las partes no quiere y, por mucho que la otra esté comprometida no se puede superar. En el libro también hablamos de esas situaciones en la que ya no se puede tener el control, por ejemplo ante una patología, o una enfermedad o dependencia de alcohol, y en las que quizás haya que optar por una separación.
Hay etapas en las que los matrimonios tienen muchos frentes abiertos a la vez: crianza de los niños, despliegue profesional, los padres se están haciendo mayores… Entonces es muy bueno tener en cuenta que el matrimonio es una carrera de fondo.
Hay etapas que son como una sucesión de vallas en la carrera, pero tenemos que ser conscientes de que éso es temporal, pero que nuestra unión es definitiva. Que es una carrera de fondo y que tenemos mucho tiempo para seguir trabajando lo nuestro.
¿Qué temas clave tenemos que tener claros ya en el noviazgo?
M.A.A. –Cuando, en el noviazgo, se piensa en “una vida juntos”, se trata de elegir a la persona y qué tipo de relación de amor quiero vivir con ella. Para elegir a la persona tengo que conocerla. Por eso, hablamos mucho del tiempo de noviazgo. No podemos ir muy deprisa, porque a las personas no se las conoce de un día para otro.
Necesitamos dedicar tiempo en el noviazgo para saber cómo es el otro, qué piensa, qué ilusiones tiene, qué temores, qué miedos, qué heridas, qué cosas le gustan, qué cosas le preocupa en todo esto. Una vez que tienes claro que esta es la persona, a la que conoces con sus aspectos positivos y también los negativos, entonces hay que hablar de qué tipo de relación queremos.
Si elegimos el matrimonio, ésta es la base sobre la que construimos. No podemos “quitar” después elementos de la relación que hemos elegido. O sea, si vamos a una unión de hecho, después podremos añadir el compromiso para siempre. Pero si elegimos una unión para siempre, no es juego limpio quitar el elemento del compromiso. Y esto es inmutable.
Todo lo demás, -que viene alrededor de esta unión de los dos y que hemos llamado “proyecto familiar” para distinguirlo-, no depende de nosotros. No podemos preverlo todo porque, quizás queríamos hijos y no vienen, o uno de los dos se queda sin trabajo, o los padres no están de repente
En todo esto, que va cambiando, es donde se van a dar las crisis, porque son alteraciones de la realidad que estamos viviendo que no podemos controlar. Como no podemos controlarlas, se trata de que las conozcamos juntos, las afrontemos juntos, las resolvamos juntos.
En el noviazgo se puede hablar de “lo que nos gustaría”, pero no son decisiones que podamos tomar a priori. Hablando de “lo que nos gustaría”, se conoce mucho al otro.
Por eso, en el noviazgo, hemos de conocer a la persona, el tipo de relación que queremos y los elementos del proyecto familiar que a cada uno nos gustan. Porque, si son incompatibles radicalmente, seguramente eso me va a hacer decidir que no es la persona con la que me puedo comprometer.
En su último libro tocan dos temas dolorosos y complicados, lo que denominan “muerte súbita” del matrimonio y la infidelidad. ¿Cómo afrontar estas realidades tan complejas?
M.H. –En el libro tenemos un capítulo aparte donde tratamos, tanto la infidelidad como la muerte súbita del matrimonio. Son dos temas diferentes.
Quizás en la muerte súbita puede haber incluso infidelidad, que es lo que lleva a tomar esa decisión y la otra persona se encuentra con ello sin verlo venir.
Muchas veces, la muerte súbita lo que implica es haber callado durante mucho tiempo, no haber dicho lo que uno necesitaba decir. Entonces, la otra persona cree que todo va bien, sigue funcionando porque cree que todo va bien.
A veces, no se habla para evitar un conflicto, por heridas o circunstancias que vienen acumuladas del pasado y que impiden tener esa comunicación asertiva. Por eso, en el libro hablamos mucho de la importancia de la comunicación. Cuando alguien dice “se acabó” ya ha llevado un proceso de elaboración de ese duelo, para tomar esa decisión y muchas veces es irreversible.
La infidelidad es otro tema diferente. Hay diferentes tipos de infidelidad y creo que ninguna es justificable. La infidelidad es una traición. Una traición a la persona, ya sea hombre o mujer, y una traición a la relación. Ahí sí que estás dando en la línea de flotación del compromiso.
Es verdad que se puede superar una infidelidad, pero la herida de traición es muy difícil de sanar. Requiere mucho tiempo y recuperar una confianza que está absolutamente devastada. Para eso se necesita, no solamente que la persona que ha sido traicionada quiera trabajar esa relación y quiera trabajar un perdón hacia el otro, sino que la persona que ha cometido esa infidelidad también necesita trabajar en recuperar la confianza y, sobre todo, trabajar en ese ser equipo, porque ahí nos comprometemos los dos.
Van a surgir muchas preguntas, muchas dudas, muchas cuestiones de las que, quizás en un momento dado el que ha sido infiel ya quiere pasar página porque ha pedido perdón y parece que todo ya está reestructurado y, sin embargo, la persona a la que se le ha sido infiel necesita como asegurar constantemente que verdaderamente la otra persona está aquí.
A veces, la infidelidad no es la causa sino que puede ser “la consecuencia”. Generalmente es consecuencia de una mala comunicación dentro de la relación: no confiar en el otro, no poder decir como estoy en un momento determinado, lo que necesito de ti…, puede provocar que se ponga el corazón en una persona que no es la que hemos elegido.
Nunca es justificable y se puede trabajar, se puede perdonar, pero es una herida que cuesta cicatrizar.
La herida de la infidelidad ataca en la línea de flotación de la autoestima. Hay que trabajar mucho esa autoestima y esa forma de comunicar. Todo lo que a veces se necesita decir, aunque duela, para que la otra persona también ponga toda la carne en el asador.
Esa frase manoseada del mundo del famoseo: “Se nos gastó el amor de tanto usarlo”…, ¿es real?
M.A.A. –El amor de verdad crece cuando se usa. Lo que pasa es que hay que cuidarlo. Nosotras hablamos mucho de los gestos de cariño. Amor, no “mariposas”.
Por un lado llegan consultas de personas que dicen, “yo no siento esas mariposas”. Me parece que hemos exagerado mucho esa efervescencia del enamoramiento.
El enamoramiento, más que una efervescencia, es un calor del corazón que se tiene con una persona y no se tiene con otra. Y ese calor del corazón hay que mantenerlo a lo largo de toda la vida del amor.
¿Y eso cómo se hace? Con gestos de cariño, con una pequeña nota, con un WhatsApp, con un ir de la mano…,con todos los gestos del noviazgo. Si se ha aprovechado bien el noviazgo, se ha ido despacio y se han dado todos los pasos que se pueden dar habremos aprendido a valorar esos pequeños gestos.
Después, hay que saber que, si hay momentos en los que los dos estamos muy cansados, -porque muchas veces más que desgaste de la relación lo que hay es mucho cansancio-, pues hemos de asumirlo y hablar de qué podemos hacer -de manera realista- para seguir avivando esto.
También decimos que, de la unión del corazón vamos a la unión del cuerpo, y de la unión del cuerpo resurge la unión del corazón, por eso a las parejas que vienen “desgastada” les preguntamos: ¿Cuánto hace que no estáis juntos? ¿Que no habláis? ¿Que no tenéis media hora para vosotros? Cuando recuperan esos momentos para reconectar, el amor vuelve a usarse y no a desgastarse.




