Educación

Marta Ripollés: “La inclusión de los alumnos con discapacidad mejora a todos”

Fundación Tacumi Integración trabaja en Madrid desde hace 15 años por la inclusión escolar de niños y jóvenes con discapacidad intelectual en las aulas ordinarias. Su lema, ‘Juntos y revueltos’. Marta Ripollés, directora general, explica a Omnes que “cuando todos aprenden juntos, no solo se forman mejores alumnos…, se forman mejores personas”.

Francisco Otamendi·17 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
Marta Ripollés, Fundación Tacumi.

Marta Ripollés, directora general de Fundación Tacumi @cortesía de la autora.

Marta Ripollés, directora general de Fundación Tacumi, es licenciada en Derecho, y madre de 3 hijos; la mayor, síndrome de Down. Esto explica que Ripollés lleve más de 15 años en el tercer sector, y que haya trabajado en fundaciones que prestan apoyo a personas con discapacidad intelectual y en riesgo de exclusión severa. 

En una entrevista con Omnes, esta madre, especializada, muestra una convicción personal y de la Fundación Tacumi. “Todos los niños tienen derecho a aprender juntos y todos los padres tienen derecho a elegir el modelo de enseñanza que quieren para sus hijos, independientemente de las capacidades de cada uno”.

Tacumi busca la integración plena en el ámbito educativo (y profesional), por tanto, de niños y jóvenes con discapacidad intelectual. Ésta es su apuesta: juntos y revueltos” en las aulas de los colegios ordinarios, porque se forman “mejores alumnos… y mejores personas”. He aquí la conversación con Marta Ripollés.

¿Qué objetivo impulsa Fundación Tacumi?

– Con el lema ‘Juntos y Revueltos’, la Fundación lleva 15 años apoyando la inclusión escolar de niños y jóvenes con discapacidad intelectual y otras necesidades educativas específicas a través del programa “Aulas itinerantes”.

¿Y en qué consiste ‘Aulas itinerantes’?

‘Aulas itinerantes’ es un programa en el que profesionales especializados entran en las aulas de colegios ordinarios para apoyar a los alumnos que más lo necesitan, ayudándoles a avanzar junto a sus compañeros, adaptando materiales, apoyando al profesorado y creando entornos inclusivos.

@Fundación Tacumi.

Cuéntenos qué subyace en el fondo…

Durante los últimos 15 años, en Fundación Tacumi hemos trabajado en Madrid por una convicción tan sencilla como poderosa: todos los niños tienen derecho a aprender juntos y todos los padres tienen derecho a elegir el modelo de enseñanza que quieren para sus hijos, independientemente de las capacidades de cada uno. 

Quizá sea interesante contar que la Fundación Tacumi nació hace más de 15 años gracias a la Fundación Talita de Barcelona. Unos padres de niños con discapacidad intelectual se interesaron por lo que Talita hacía en Barcelona e implantaron el mismo modelo en Madrid.

¿En cuántos colegios están?

Hoy estamos en 12 colegios de la Comunidad de Madrid, apoyando, dentro del aula, a 35 alumnos, pero con un efecto multiplicador mucho mayor: cambiando la cultura de esos colegios, sensibilizando a compañeros, familias, profesorado.

Cuando un niño con discapacidad entra en un aula ordinaria, no solo está

aprendiendo matemáticas o lengua. Está aprendiendo —y también enseñando— algo mucho más importante: que todos tenemos un lugar. Que las diferencias no nos separan… sino que nos enriquecen.

@Fundación Tacumi.

¿Cómo resulta esa inclusión, o integración, de los alumnos con discapacidad? ¿Qué consecuencias se aprecian?

– La inclusión no cambia solo la vida del niño que recibe apoyo. Cambia la vida de todos los que le rodean. Los compañeros descubren que la empatía no se enseña en un libro. Se aprende en la convivencia. Aprenden que ayudar, esperar, escuchar, valorar… también son formas de inteligencia.

La inclusión no es solo un derecho. Es una oportunidad. Una oportunidad para construir escuelas más humanas, donde cada niño —con o sin discapacidad— sienta que pertenece.  Porque cuando todos aprenden juntos, no solo se forman mejores alumnos…se forman mejores personas.

¿Qué es para ustedes ‘inclusión’?

Por lo que le vengo contando, cuando hablamos de inclusión, no hablamos solo de ellos. Hablamos de nosotros. De la sociedad que queremos construir. De un futuro donde cada niño, sin excepción, sepa que su presencia importa. Por eso necesitamos que se nos conozca, para poder seguir creciendo. Queremos llegar a más colegios y a más familias para que ningún niño se quede sin la oportunidad de crecer, avanzar y aprender con sus compañeros.

¿Puede contar brevemente cómo es la mecánica de ese apoyo que prestan?

– Cuando una familia, o un colegio, se pone en contacto con nosotros porque tiene un alumno con discapacidad intelectual o cualquier necesidad educativa específica, de apoyo, que haga que esa falta de apoyo le haga estar excluido en la clase, nosotros intervenimos.

Lo que hacemos es prestar un apoyo en determinadas sesiones a lo largo de la semana -no estamos todo el día, porque eso no sería inclusión, sino otra cosa-. Lo que hacemos es una valoración inicial por parte de nuestra coordinadora, y se determina entre 4 y 8, quizá alguna más, sesiones a la semana, en lengua, matemáticas, historia, física, en la que el niño, el alumno, necesite cierto apoyo. 

Porque el alumno es del colegio, nosotros somos un apoyo puntual, y lo que hacemos es favorecer esa inclusión. Si estuviéramos todo el día no sería inclusión, sería otra cosa, ni siquiera sería educación especial. 

Nosotros lo que intentamos es que a través de ese apoyo puntual semanal, establecer unas pautas, tanto para el profesorado, que está con el alumno todo el día, porque el alumno es del centro, y hacer un seguimiento con los departamentos de orientación, es decir, se marcan unos objetivos para ese alumno.

El educador, la persona que interviene dentro del aula, es nuestra, una persona contratada por la Fundación, pero el recurso lo pagan las familias, el centro no paga nada.

¿De qué centros les llaman, o a qué centros se dirigen más?

– Principalmente, necesitamos llegar a centros privados. Por ejemplo, tenemos un convenio con Fomento, y estamos en muchos colegios de Fomento. Hay muchas familias que lo necesitan. Es verdad que somos una fundación pequeña, pero con muchas ganas de seguir creciendo, sobre todo en Madrid. Nos llaman cantidad de familias. Con hijos, con necesidades específicas, que no saben qué hacer. A raíz de la entrevista con Voz Pópuli, a primeros de diciembre, se pusieron en contacto bastantes familias. 

Yo tengo una hija con síndrome de Down que va a cumplir ahora 24 años. Yo no sabía que existía la integración en mi época. Mi hija María fue a un colegio de educación especial, y ha estado feliz, y yo he estado feliz en educación especial. Pero ahora que veo las ventajas de la inclusión -llevo unos años en la Fundación-,  sobre todo hasta cierta edad, y hasta Secundaria, por ejemplo, se aprovecha un montón. Ya no solo en beneficio del niño que tiene esa necesidad, sino en beneficio del entorno, de sus compañeros, de la sensibilización, cómo cambian la mirada. Esto es como se suele decir, win-win, al final ganan los dos. La persona con discapacidad, y el entorno. Cómo cambia la mirada, la empatía, el trabajo en equipo…

Vamos terminando. ¿Los niños con discapacidad tienen derecho a estar en la educación ordinaria, o se les debe derivar a educación especial? ¿Qué dice la ley?

– Si una familia quiere que su hijo vaya a un colegio de educación ordinaria, el niño tiene derecho a estar en ese colegio. ¿Qué pasa? Que luego los centros, desgraciadamente, cuando les llega un niño con discapacidad intelectual o con un problema de conducta, etc., no tienen los medios para prestar apoyo. Pero no por culpa suya, sino porque no les proporcionan esos medios, o porque no tienen el personal con la formación adecuada. 

Lo que suele pasar es que los centros invitan a esas familias a ir a educación especial. Pero en verdad, la ley dice que ese niño tiene derecho a estar en ese colegio. Y el centro tendrá que poner los apoyos que ese niño necesita. La realidad es que no hay medios para esos apoyos, y los centros se desbordan. Por eso nació Tacumi. Porque a muchas familias que apostaban por la educación ordinaria, los centros les decían, fenomenal, te lo cojo, pero yo no tengo los medios, ponlos tú.

Y la última, hábleme un momento del coste.

– Es verdad que es un recurso que no es barato. Nosotros atendemos y efectuamos una primera valoración sin ningún compromiso, y se les pasa presupuesto. Y luego está el cheque servicio, que es muy importante. Las familias que tienen concedida la ley de Dependencia tienen una subvención económica, que puedes aplicar a ayuda doméstica, o la aplicas a un servicio de formación. Y las familias que tienen cheque servicio, lo llaman así, pagan parte de la cuota con lo que les da la Administración pública a través de la ley de Dependencia.

Estas ayudas hacen mucho, dice Marta Ripollés al concluir. No le pedimos datos, pero los da. “A mí, por ejemplo, me dan 300 euros al mes, y la formación de mi hija María son 600 euros. Bueno, pues es la mitad. Al final, quien tiene una necesidad, busca los medios para poder solventar esa necesidad”.

El autorFrancisco Otamendi

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