Evangelización

Santa Margarita Ward, beatos cardenal Ildefonso Schuster y María Rafols

La liturgia festeja el 30 de agosto a numerosos santos y beatos. Entre ellos, la inglesa mártir Margarita Ward, la catalana María Rafols, fundadora de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en el siglo XIX, y el cardenal de Milán, el romano Ildefonso Schuster, benedictino, que defendió a la Iglesia y la libertad de enseñanza.

Francisco Otamendi·30 de agosto de 2025·Tiempo de lectura: < 1 minuto
María Rafols.

Pintura de Madre María Rafols, en la Residència Mare Ràfols (Vilafranca del Penedès, Barcelona) (Enfo, Wikimedia commons).

La Iglesia celebra este día a la inglesa Margarita Ward, quien se negó a revelar escondites de sacerdotes en el Londres del siglo XVI, en el periodo isabelino. Se le arrestó y ahorcó junto a los beatos Ricardo Leigh, presbítero, y los laicos Eduardo Shelley y Ricardo Marti, Juan Roche, irlandés, y Ricardo Lloyd, de país de Gales.

También conmemora hoy la liturgia a la beata catalana Maria Rafols. Nacida en Barcelona en 1781, continuó su apostolado en Zaragoza en el hospital de Nuestra Señora de Gracia con enfermos, niños abandonados y personas discapacitadas. 

Durante los sitios de Zaragoza en la Guerra de la Independencia, la Madre Rafols ayudó con un grupo de jóvenes a mucha gente. También acudió a las autoridades francesas y a las españolas para interceder por enfermos, heridos y prisioneros. 

Defensor de la libertad, denunció persecuciones

El beato cardenal Schuster nació en Roma en 1880 e inició el noviciado en el monasterio benedictino de San Pablo Extramuros de Roma. Se ordenó sacerdote en 1904 y cultivó el estudio de la liturgia, el arte sagrado, la arqueología y la historia cristianas y la tradición monástica benedictina. En 1918 fue elegido abad de su monasterio. 

Pío XI le nombró arzobispo de Milán en 1929, y le creó cardenal. Reclamó que los Estados renunciasen a pretensiones totalitarias sobre la juventud y la enseñanza, y denunció las persecuciones religiosas y legislaciones racistas de su tiempo. En la II Guerra Mundial ayudó a las víctimas y llevó vida austera y penitente. Murió en el seminario de Venegono el 30 de agosto de 1954. Fue beatificado por san Juan Pablo II en 1996.

El autorFrancisco Otamendi

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