La vida que no acaba nunca

El juicio de Dios nos invita a vivir el amor, seguir sus mandamientos y aprovechar esta vida para volver a Él con arrepentimiento y esperanza.

2 de novembre de 2026-Temps de lecture : 2 minutes
vida. juicio final

El juicio final, de Miguel Ángel

Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria, serán reunidas ante Él todas las gentes, nos dice Jesús en el evangelio de san Mateo. 

Dios nos ha puesto en este mundo y nos ofrece su ayuda para que le amemos, le obedezcamos, y seamos felices con Él en el Cielo. Recuerdo que aprendí de pequeño, era costumbre que memorizáramos las respuestas, que Dios es el Señor y Creador de todas las cosas, que premia a los buenos y castiga a los malos. Entendemos que el castigo es buscado al desobedecer voluntariamente, al no querer lo bueno, y rechazar el camino que nos propone Dios para ir al Cielo. 

El Evangelio describe cómo será el Juicio Universal al final de los tiempos. Se explica también la existencia de un Juicio Particular, en el momento de separarse el alma del cuerpo. Vemos ejemplos del destino de cada persona, al infierno o al Cielo, en la parábola del rico Epulón y en las palabras de Cristo al buen ladrón. El rico está en el infierno por no amar a Dios ni a los demás. Quiere salir de allí, o al menos que se ayude a su familia a que vaya al Cielo. Es lógico, porque es un sufrimiento para siempre. El buen ladrón muestra su arrepentimiento y Cristo le asegura que ese mismo día estará ya en el Cielo. Nos da ánimo y la esperanza de que siempre estamos a tiempo de volver a Dios, pero tiene que ser durante esta vida, después ya no se puede. 

Seremos juzgados por nuestras obras, en relación con el amor a Dios y a lo que Él nos propone. Se nos recuerda ahora en noviembre, mes de los difuntos, y no para que tengamos miedo a Dios. Al contrario, para corregir lo que nos desvía del camino que se nos muestra a través de los Mandamientos y de los Sacramentos, ayudas indispensables para llegar a Jesús. Amar a Dios sobre todas las cosas nos lleva a tener deseos de conocerlo mejor, y esto se logra con la oración. Y el Señor nos dice que sin Él no podemos nada, pero nos ofrece la ayuda de que le recibamos en la Comunión, arrepentidos de nuestros pecados, a través del sacramento de la Penitencia.

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