Amérique latine

León XIV pide a los uruguayos no confundir pequeñez con insignificancia

Ante 70.000 personas, el Papa ha animado a los fieles a vivir su fe sin miedo a ser pocos, y a los jóvenes, a no temer el “para siempre”

Inmaculada Sancho Gómez-8 de novembre de 2026-Temps de lecture : 4 minutes
Vigilia Uruguay

El Papa León XIV reza ante una imagen de la Virgen durante la vigilia en el Estadio Centenario de Montevideo (@Vatican Media)

El Estadio Centenario de Montevideo ha acogido este sábado la vigilia de oración de León XIV, uno de los actos centrales de la primera etapa de su viaje por Uruguay, Argentina y Perú. Allí, el Papa ha puesto en valor la experiencia de una Iglesia que ha tenido que aprender a vivir su fe en minoría, y que puede ayudar a los católicos de otros países que empiezan a recorrer ese mismo camino.

Uruguay, uno de los países más secularizados de Hispanoamérica, no recibía a un pontífice desde 1988, cuando Juan Pablo II realizó su segunda visita. Las entradas gratuitas se agotaron en apenas tres horas, y, según las autoridades locales, unas 70.000 personas han seguido la vigilia dentro de un estadio construido para el primer Mundial de fútbol, en 1930, y otras 30.000 desde los alrededores, a través de pantallas gigantes.

La llegada al Centenario

La espera, tras horas de fila en los alrededores, ha incluido música –entre otros, del cantante uruguayo Lucas Sugo– y el rezo de un avemaría por las mujeres que desean ser madres. El estadio ha recibido al Papa con cánticos y con el himno oficial de la visita.

León XIV ha llegado en papamóvil y, tras recorrer el pie de las tribunas saludando a los asistentes, ha subido al escenario acompañado del cardenal arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla. En sus palabras de bienvenida, el purpurado ha recurrido al lenguaje futbolero, tan arraigado en la cultura del país: tener al Papa en Uruguay, ha dicho, es “un golazo”. Pero ha advertido que los fieles no habían acudido solo a alentar desde la tribuna, porque el partido de la fe se juega “en el barrio, en la familia, en el trabajo”. Sturla ha recordado también al beato Jacinto Vera, beatificado en ese mismo estadio y que consagró Uruguay al Sagrado Corazón.

Tres testimonios

Antes del discurso, el Papa ha escuchado tres testimonios. Federica Ortiz de Taranco, psicopedagoga de 31 años que coordina un grupo de formación para madres, ha hablado en nombre de quienes atraviesan una “edad bisagra” en la que muchas cosas no han salido como esperaban: estudios que se alargan, trabajos que no llegan, familias que aún no se han formado o hijos que no vienen. Su pregunta ha sido cómo confiar en el plan de Dios cuando no se parece a lo imaginado.

Giovanni, de 22 años, creció en una familia en la que solo su abuela vivía la fe. Conoció a Dios a los 20, en la capilla de la Universidad de Montevideo, y recibió el bautismo tras año y medio de catequesis. Ha descrito ese camino como “un proceso solitario”, en el que muchos le repetían que estaba desperdiciando su vida, y ha preguntado cómo seguir siendo un buen católico cuando la realidad parece dejarle solo. Por último, el matrimonio Gutiérrez Hernández, con treinta años de casados y cinco hijos, ha querido ser la voz de las familias de un país “donde hay pocos matrimonios y nacen menos niños”. Su pregunta, también en clave futbolera, ha sido cómo “parar la pelota” y recuperar el tiempo que la vida acelerada roba a la familia.

Belén, pequeña pero no insignificante

León XIV ha centrado su reflexión en el avance de la secularización y de una indiferencia religiosa cada vez más extendida. Frente a ello, ha destacado a quienes perseveran: padres que rezan con sus hijos, profesores que procuran testimoniar la fe, jóvenes que siguen a Cristo aunque se sientan solos o sacerdotes que recorren grandes distancias para llevar los sacramentos. Al pensar en todos ellos, ha explicado, le venía una y otra vez a la memoria Belén, la ciudad que el profeta Miqueas llamó “pequeña entre los clanes de Judá” y que, sin embargo, Dios eligió. La conclusión del Papa ha sido clara: “Esa elección basta para que no identifiquemos pequeñez con insignificancia”.

La escena del nacimiento, en la que “no había lugar” para José y María, le ha servido para describir la indiferencia actual: una vida tan llena de ocupaciones y distracciones que la ausencia de Dios deja de sentirse como ausencia. El pontífice ha advertido además del intento de confinar la fe al ámbito privado: “Cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar”. Esa indiferencia, ha añadido, puede entrar poco a poco también en la vida de los creyentes, por lo que ha invitado a custodiar a Cristo en el centro mediante la oración, la Misa, la Confesión y la lectura del Evangelio.

“¿Por qué vive así?”

A partir de los Magos, que se pusieron en camino sin saber del todo qué buscaban, el Papa ha recordado a los fieles que su manera de vivir puede despertar la búsqueda de Dios en quienes llevan años sin pisar una iglesia.

En ese contexto ha lanzado varias llamadas concretas, empezando por los jóvenes: “Amigos jóvenes, atrévanse a formar una familia”. Y ha añadido: “¡No le teman al ‘para siempre’!”. A los matrimonios les ha pedido que abran su casa a la vida aunque el mundo les diga que un hijo es una carga, y a quien sienta la llamada al sacerdocio o a la vida consagrada, que no la ignore por miedo a perder otras posibilidades. Ha pedido también pagar el precio de la honradez, perdonar cuando parezca una derrota y entregar tiempo, dinero y comodidad para servir a los demás, de modo que quien los vea pueda preguntarse: “¿Por qué vive así? ¿De dónde saca esta libertad? ¿Por qué se aman tanto?”. “Para iluminar mucho no hace falta ser muchos, sino reflejar la luz del Señor”, ha resumido el Papa.

Una alegría para todo el pueblo

Los pastores de Belén, que no buscaban nada y a quienes Dios salió al encuentro en medio de su noche, le han servido para recordar que la alegría del Evangelio está destinada a “todo el pueblo”, no solo a los que la esperan o a los perfectos. De ese anuncio del ángel, ha explicado, se inspira el lema de la visita.

En la parte final, el Papa ha lanzado una llamada directa, “¡Sean santos!”, y ha animado a los presentes a no conformarse con una vida simplemente correcta ni con una fe de costumbre, y a buscar a Cristo en la adoración eucarística, recordando que Belén significa precisamente “casa del pan”. Para terminar, ha encomendado a los uruguayos a Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona del país.

La vigilia, en la que el Papa se ha detenido también a rezar ante una imagen de la Virgen, ha terminado con la oración de los fieles, el Padrenuestro y la bendición. En el intercambio de regalos ha figurado la medalla conmemorativa del viaje, obra de la artista Carmen Testa, que reúne en una misma composición símbolos de los tres países visitados, desde la Virgen de los Treinta y Tres hasta el Obelisco de Buenos Aires y Machu Picchu. Al término del encuentro, el Papa se ha trasladado a la Nunciatura Apostólica. Este domingo le espera Florida, donde celebrará la Misa en la fiesta de la patrona del país antes de poner rumbo a Argentina.

Bulletin d'information La Brújula Laissez-nous votre adresse e-mail et recevez chaque semaine les dernières nouvelles traitées d'un point de vue catholique.