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Javier Roca y Javier Fernández: “TheNomba nace de la convicción de que hay que reconstruir un suelo

¿Qué es “It's Time to Think”? ¿Qué son los “thinkglaos”? ¿Qué es “El Despertar”? y ¿Y “TheNomba”? Para conocer qué significan,  qué supone cada uno de estos términos y cuál está siendo su repercusión, hoy tenemos a Javier Roca y Javier Fernández, fundadores y responsables de todas las realidades que están transformando a los jóvenes.

Álvaro Gil Ruiz-8 de novembre de 2026-Temps de lecture : 10 minutes
TheNomba

¿Por qué no se contextualizan un poco los dos? ¿Quiénes son, de dónde vienen y a dónde van?

– Javier Fernández: Tengo 31 años, estoy casado con Mercedes y acabo de ser padre. Siempre he sido muy inquieto, y durante los últimos cinco o seis años he dedicado gran parte de mi tiempo a desarrollar Il est temps de réfléchir, con la ayuda de muchos amigos y el apoyo fundamental de mi mujer, que ha sido clave desde el principio. Lo que más me caracteriza es el sentido de misión, y una visión bastante trascendente de la vida. ¿A dónde voy? Los años que me quedan –no sé si serán uno o setenta– me gustaría crecer en familia y amigos. Y también en seguir desarrollando lo que hemos germinado estos años, para que se convierta en un germen creador que anime a mucha más gente a lanzarse a transformar la cultura contemporánea, la sociedad y la educación, ojalá durante mucho tiempo. Siempre decimos que queremos volver a poner de moda la vida de los canteros; aquellos constructores de catedrales que ponían piedras por algo más grande que ellos mismos, sabiendo que nunca verían el resultado final. Esta es nuestra catedral. Y, ojalá, no tengamos vida para ver sus frutos.

– Javier Roca: Aunque me llamo Javi, tengo 30 años, estoy casado con Teresa y tenemos un hijo de un año, somos bastante diferentes. Él es de Sevilla, yo de Murcia. Él tiene más pelo y es más alto. Y sabe bastante más que yo de gestión empresarial y organizacional. Por lo demás, simplemente me gusta la cerveza, jugar al fútbol y leer. Y me importa mi país.

¿Cómo y por qué nació el “It’s Time to Think”?

– Javier Fernández: ITTT nace en el confinamiento. El 13 de marzo de 2020, el día que nos confinaron, un grupo de amigos decidimos crear un espacio donde la gente pudiese aprovechar ese momento para pararse y pensar. Sabíamos que la vida iba muy rápido; el confinamiento era la oportunidad perfecta para buscar la verdad en todas sus dimensiones.

Empezamos en espacios digitales, y dos años después, en 2022, en cuanto pudimos salir, estábamos deseando pasarlo a presencial. En octubre de 2022 empezó lo que llamamos thinkglaos: venía un invitado, nadie sabía el tema de antemano, hablaba 18 minutos, y luego se abría un diálogo de 45 minutos. Pero para nosotros, casi tan importante como la charla es el after: dos o tres horas después donde la gente se conoce y se generan vínculos. Esa palabra –vínculos– define todo nuestro proyecto y toda nuestra visión de la vida.

¿Cómo fue el paso de la virtualidad de los “thinktalks” a la presencialidad de los “thinkglaos”? ¿Fueron complejos esos momentos?

– Javier Fernández: Fue un paso muy natural. Un amigo me hizo una pregunta que me hizo pensar: “Oye, estás llegando a mucha gente –había directos con más de 5.000 conectados a la vez–, ¿pero cuántos amigos habéis hecho?”. Eso lo cambió todo. Decidimos pasar de esos grandes números a encuentros pequeños. El primero fue con apenas 40 personas en Madrid. Y a través de esas amistades que se fueron tejiendo, el modelo empezó a expandirse solo: gente que lo quería montar en su ciudad. En solo un año estábamos en 12 ciudades y unos desconocidos en aquellos momentos para nosotros, lo abrieron en Múnich. Hoy ya está en más de 50 ciudades y 10 países, y se organizan más de 300 thinkglaos al año.

¿Cómo se conocieron? ¿Qué los une con Ricardo Calleja y Pedro Herrero?

– Javier Fernández: Nos presentó Ricardo Calleja, un amigo común. Fue en 2022, justo cuando pensaba en pasar It’s Time to Think de lo digital a lo presencial. Le conté mi idea a Ricardo, y él me dijo que Javier Roca, que tenía una edad parecida a la mía, seguro que me ayudaría. Tuvimos una cita a ciegas. Y de esa cerveza empezó a germinar lo que luego serían los thinkglaos.

Ricardo y Pedro fueron los dos primeros ponentes de los thinkglaos, y las dos personas que más nos ayudaron a Javi y a mí a terminar de darle forma al concepto. Cuando los conocimos, uno era ateo y el otro católico practicante; visiones muy distintas en muchos aspectos. Y sin embargo, eran grandísimos amigos. Esa amistad entre distintos, unida a una conversación intelectual honesta, es el mejor reflejo de lo que queremos que sean los thinkglaos: la unión de lo intelectual y los vínculos.

¿Cómo ha sido el proceso de eclosión y expansión en tantas ciudades?

– Javier Fernández: Un proceso completamente natural, basado en la amistad. Al abrir en octubre en Madrid, una amiga quiso montarlo en Barcelona porque le había encantado. En pocos meses llegaron Sevilla, Jerez, Málaga y Bilbao, donde lo abrió un desconocido que había asistido a un thinkglao. Desde ahí, no paramos de recibir solicitudes para abrir thinkglaos, normalmente de gente que había ido a otros o los había seguido a través de redes. Tenemos un modelo con diez principios que son los que creemos que generan tanta comunidad. A partir de ahí, cualquier persona puede unirse como voluntaria y montar un thinkglao en su ciudad. Nuestra labor como fundación es crear una red de embajadores y voluntarios que vivan esos principios y los expandan, con el objetivo de generar vínculos entre personas distintas en torno al pensamiento.

¿Cómo surgió la idea, el desarrollo y cuál es el resultado final de “El Despertar”?

– Javier Fernández: La idea surgió después de muchos años organizando thinkglaos, con más de 500 encuentros y más de 40.000 jóvenes movilizados. Nos dimos cuenta de que había una serie de problemas que aparecían una y otra vez: la fragmentación social, la precariedad laboral, la falta de propósito. Quisimos organizar un gran evento donde se tratasen todos esos temas a fondo, una especie de macro-thinkglao de muchas horas. Se nos ocurrió alquilar Vistalegre y tratar de llenarlo. Y así fue.

¿Cómo ha interpretado la variada sociedad civil este macroevento? ¿Hay consenso? ¿Con qué se quedan?

– Javier Fernández: En general, la respuesta fue muy positiva. Queríamos que aquello fuese una llamada a la acción. Y te doy un dato: desde el Despertar se han organizado más de 90 thinkglaos en solo 3 meses, y han surgido más iniciativas culturales nuevas. Nunca había habido un evento de temática cultural con esa asistencia y, además, organizado por voluntarios. Creo que lo que más llamó la atención fue el ambiente: festivo, abierto, donde cualquiera podía tomar el micrófono. Hubo algunas cosas que habríamos hecho de otra manera, y en parte por eso no hemos organizado un segundo macroevento de inmediato. Hemos preferido abrir un espacio de reflexión largo.

¿Cómo llevan que los intenten encasillar? ¿Qué piensan de sí mismos? ¿Cómo se definen?

– Javier Fernández: Normal, hasta cierto punto. Cuando empiezas un movimiento cultural que toca todo tipo de temas, siempre habrá quien quiera encasillarte. Lo bueno es que nos han puesto etiquetas muy diferentes y normalmente contradictorias entre sí. Pero precisamente si luchamos contra algo, es contra las ideologías y las etiquetas. Nuestro objetivo es fomentar la búsqueda de la verdad con honestidad, sin etiquetas. De hecho, somos humanistas. Es decir, tratamos de ir a lo prepolítico, a lo que nos hace humanos. Y fomentar el diálogo entre distintos, la búsqueda de la verdad y la generación de vínculos. A partir de ahí, que cada uno ponga la etiqueta que quiera.

¿Qué es “TheNomba”? ¿Cómo nace? ¿Qué pretenden con él? ¿Cómo es su funcionamiento?

– Javier Fernández: TheNomba es la continuación natural de los thinkglaos, construida sobre todo el aprendizaje de estos años. La idea era crear la escuela que nunca tuvimos: una escuela que te ayuda a trabajar tu dimensión cultural, espiritual y profesional, con el objetivo de que florezcas como persona.

Lo hacemos a través de un viaje interior de 12 etapas que se articula en cuatro fases. La primera es cruzar el umbral: aprender a parar y pensar cada día. La segunda es conocer: filosofía, antropología, historia, filosofía política… nueve saberes que consideramos esenciales hoy más que nunca para vivir con criterio. La tercera es crear: nuestra teoría es que el alma humana se ensancha y su capacidad creativa se multiplica cuando se abre a la trascendencia y aprende de estos saberes. Y la cuarta es actuar: la idea es que todo el mundo salga de TheNomba transformando su entorno.

El siguiente paso es crear el Nomba Hub, que ya estamos en ello: conseguir que de esta acción salgan muchos más proyectos transformadores como los thinkglaos. En cuanto al funcionamiento, cada paso es una videoclase de 15 minutos con un plan de lecturas personalizado, mentorías y muchos eventos. Cualquiera puede hacerlo a su ritmo, siendo 9 meses el plazo ideal para terminarlo. Hay también una red social interna para conectar con otros Nombas. En definitiva, es para una persona contracultural que quiere vivir de otra manera a la que el mundo ofrece.

– Javier Roca: Yo añadiría que hay un diagnóstico que llevamos años haciéndonos en el equipo y con voluntarios y embajadores de otras ciudades y que, a base de escuchar a la gente que viene a los thinkglaos, se nos ha vuelto evidente: hemos perdido el lenguaje común. No es una metáfora bonita. Es algo muy concreto. Antes, en una sociedad, había 2-3 periódicos y la gente podía llegar a leer todos. Ahora hay cien mil y nadie lee los cien mil. Antes una familia veía la misma película el sábado por la noche. Ahora cada uno mira su pantalla. En una misma casa, padre, madre e hijos pueden no compartir ni una sola referencia cultural. El padre habla un idioma, el hijo otro, y entre ellos hay un silencio incómodo que ninguno sabe cómo romper. Vamos, que vivimos sin relato. Hemos multiplicado los medios y hemos perdido el sentido. Cada uno encerrado en su cámara de eco, hablando solo su lenguaje, sin un suelo común desde el que mirar el mundo con otros. Y eso tiene una consecuencia que se nota mucho en la generación joven: una soledad rara, no la de estar sin gente alrededor, sino la de no tener con quién compartir lo importante.

TheNomba nace de ahí. De la convicción de que, antes de hablar de liderazgo o de propósito o de cualquier otra cosa grande, hay que reconstruir un suelo. Un lenguaje común. Unas referencias compartidas. Un mínimo cultural desde el cual una generación pueda volver a entenderse. Y no para pensar todos lo mismo, sino para poder discrepar de verdad, que es lo que hoy ya casi no sabemos hacer. Creo que el nombre es muy elocuente: “el no MBA”. El anti-máster. Porque no queremos más ejecutores, que para eso ya está la inteligencia artificial, y lo va a hacer mucho mejor que nosotros. Queremos personas con criterio propio. Que es, probablemente, lo único que no va a poder replicar una máquina.

¿Cuáles son sus planes de futuro?

– Javier Fernández: Convertir TheNomba en la escuela de humanidades con más alumnos del mundo. Hoy somos casi 1.000 en solo cuatro meses. Al mismo tiempo, seguir organizando thinkglaos en cada vez más lugares: estas semanas hemos dado el salto a los pueblos, empezando en Osuna y Campo de Criptana, y hoy se están generando vínculos entre gente inquieta en más de 40 ciudades de España. En lo intelectual, de puertas para adentro, los próximos dos años vamos a focalizarnos en profundizar en el sentido de los vínculos en tres dimensiones: contigo mismo y tus raíces, con tus relaciones cercanas –amigos y familia–, y con la sociedad civil y la cultura. Todo esto culminará en 2028 con un nuevo gran evento en Vistalegre que llamaremos El Pendulazo, en referencia al péndulo que va desde mayo del 68 hasta mayo del 28.

¿Cómo fomentar la iniciativa cultural y la innovación ética?

– Javier Fernández: Creo que la respuesta a la innovación ética y la creación cultural está, en gran medida, en las humanidades y en la apertura a la trascendencia. El primer paso es ayudar a que las personas se cultiven interiormente. A parar. A mirar. A leer pero también a vivir el silencio. A escribir. A desarrollar su capacidad creativa. Hay un segundo paso que es aprender a salir de uno mismo, en un mundo marcado principalmente por el ego. Un profesor de TheNomba, Fabrice Hadjadj, un día diferenciaba el propósito (que sale de uno mismo) de la misión (que viene de fuera). Cuando te cultivas y sales de ti mismo, de tu ombligo, la innovación ética entonces viene sola, casi como consecuencia natural. Pero hay un tercer paso que me parece igual de importante: vincularse con otros. Las grandes transformaciones culturales y las innovaciones éticas rara vez nacen de un solo individuo; suelen surgir de comunidades de personas que comparten una misma inquietud y un mismo horizonte.

– Javier Roca: Hace poco leí un artículo reciente de Xavier Marcet en La Vanguardia, “Cuidar y exigirnos”, que me parece clave. Dice una cosa que debería estar en la pared de todo despacho: “Si no piensas, si no te concentras, eres superficial y gana la IA. Si solamente mimetizas, gana la IA. Si no entiendes que la vida está llena de contradicciones, de excepciones y de situaciones divergentes, gana la IA. Si no entiendes los contextos con mucha empatía, gana la IA.” Y resume el perfil que sobrevivirá a todo esto en un triángulo raro: experiencia de cliente, empatía e inteligencia artificial. Gente que piensa por cuenta propia. Que aguanta la contradicción sin romperse. Que distingue el grano de la paja. Lo curioso es que eso antes tenía un nombre: cultura general. Leer. Saber de historia, de filosofía, de lo que no sirve para nada hasta que sirve para todo. Pero eso lo fuimos borrando del mapa. Demasiado lento. Poco rentable. Mejor un máster exprés en lo que pida el mercado. Y ahora resulta que el mercado pide lo que borramos. La paradoja es brutal. Universidades recortando filosofía, economía o física mientras pagan millones a empresas tecnológicas por un chatbot. Estudiantes usando IA para escribir trabajos. Profesores usando IA para corregirlos. Y al final del circuito: títulos que pesan cada vez menos y cerebros que piensan cada vez menos. La cofundadora de Anthropic, la de Claude, estudió Literatura. Y dice que no se arrepiente. Tiene sentido: cuando todo el mundo sabe usar la herramienta, lo que marca la diferencia es tener algo que decir con ella.

Y luego está lo que ya apuntaba Javi: hace falta espacio y silencio (Natalia Ginzburg dixit). Para que algo serio nazca dentro de uno hace falta tiempo no productivo, tiempo que en apariencia se pierde. Hoy no nos lo permitimos. Vivimos con la sensación de que cada minuto sin producir es un minuto desperdiciado. Y luego nos preguntamos por qué nadie tiene ideas propias. Si quieres innovación ética, da espacio. Si quieres líderes con alma, deja que la gente se aburra un poco.

¿Qué les dicen a los jóvenes de hoy?

– Javier Fernández: Si tuviese que lanzar un mensaje, diría que hemos tenido la enorme suerte de vivir en la época que vivimos: una época llena de oportunidades para hacer el bien. Con mucha gente sedienta de verdad. Y con herramientas para hacerlo. Cualquier joven inquieto tiene una capacidad de transformación que no imagina. Lo único que hace falta es vivir de forma coherente con uno mismo, y buscar a otros con tus mismas inquietudes.

– Javier Roca: Hace unos meses leí un artículo en X de un chico que firma como Anarcarural que me dejó tocado. Describía a alguien de mi generación a las dos de la mañana, mirando el móvil, con una apuesta abierta que le ha arruinado un equipo serbio de segunda división y una memecoin a -70%. La cabeza dándole vueltas: el alquiler sube, el sueldo no. Tu jefe diciendo que los chavales no queremos dar un palo al agua. Un prejubilado en X comentando que lo suyo es cobrar la pensión y lo tuyo es problema tuyo. Y la pregunta que se hace ese chaval, que es la pregunta de toda una generación: ¿pero qué más tengo que hacer? Lo mejor del artículo es que no juzga. Simplemente describe y explica que apostar, en ese contexto, es racional. Que cuando ya sientes que estás perdiendo, prefieres una probabilidad pequeña de remontar a la certeza de seguir hundido. Yo no les diría a los jóvenes que dejen de apostar. No soy quién. Pero lo que está claro es que si seguimos intentándolo es porque hay algo vivo dentro. Un alma ardiente, como dice ese chico. Pero la salida dudo mucho que esté donde nos la están vendiendo. No está en el canal de Telegram a 20 pavos al mes. No está en la shitcoin. No está en el curso de dropshipping. Esos son atajos diseñados por gente que entendió antes que nosotros que la esperanza, en este sistema, se vende muy cara.

Quizá la rebeldía hoy es parar. Es leer. Es hacer amigos de verdad. Es atreverse a tener convicciones. Es no comprar el guion que te están vendiendo, ni el del jefe que te llama vago, ni el del gurú que te promete libertad financiera. Y, sobre todo, una cosa que me parece la más importante de todas: no estáis solos. La soledad de un joven hoy no es solo económica. También es lingüística. Estás solo porque en tu casa nadie lee lo que tú lees, ve lo que tú ves, escucha lo que tú escuchas. Hay mucha gente joven preguntándose lo mismo en silencio, pero cada uno encerrado en su propia pantalla. El problema, hasta ahora, era que había muy pocos sitios para encontrarnos.

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