Évangile

El encuentro definitivo. Domingo XXXII del Tiempo Ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XXXII del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 8 de noviembre de 2026.

Vitus Ntube-5 de novembre de 2026-Temps de lecture : 2 minutes

A medida que nos acercamos al final del año litúrgico, la Iglesia dirige nuestra atención hacia las “últimas realidades”: la muerte, el juicio, el cielo y el infierno. A lo largo del mes de noviembre —comenzando con las solemnidades de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos— se nos invita a dirigir nuestra mirada hacia la eternidad. Las lecturas de hoy prolongan y profundizan esta contemplación.

San Pablo escribe a los Tesalonicenses: “Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto".

Afrontar la realidad de la muerte requiere sabiduría, que sirve como hilo conductor de las lecturas de hoy. En la primera lectura descubrimos que la sabiduría es “radiante e inmarcesible” y que se deja encontrar fácilmente por quienes la buscan. La sabiduría es la perfección de la prudencia; nos libera de la ansiedad al ayudarnos a concentrarnos en aquello que verdaderamente importa. 

Esta sabiduría aparece representada de manera muy viva en la parábola evangélica de hoy: las diez vírgenes que esperan el encuentro con el esposo. La distinción fundamental entre las vírgenes prudentes y las necias está en su previsión y prudencia. Todas tenían sus lámparas, tenían acceso a los recursos necesarios y disponían de tiempo para comprar aceite. Las vírgenes necias no consiguieron adquirir suficiente aceite a su debido tiempo. Su necedad no consistió en la falta de medios ni de tiempo, sino en la procrastinación y la negligencia. Les faltó la sabiduría necesaria para prever y prepararse y, por eso, fueron calificadas de necias.

Estamos llamados a mirar y comprobar la “cantidad” de nuestro aceite y las maneras en que este puede disminuir. No cuidar nuestra vida espiritual, nuestra vida de oración y los pequeños detalles de la caridad significa dejar que nuestro aceite se consuma. Y la realidad es que no podemos pedir prestado el aceite —la vida interior— de los demás cuando llegue el momento en que la puerta quede cerrada.

Estas palabras sobrias —”se cerró la puerta”— expresan una realidad que todos tendremos que afrontar, y necesitamos ser suficientemente prudentes para estar preparados para ese encuentro. 

Toda nuestra vida se dirige hacia un único encuentro definitivo: el encuentro con Cristo. La verdadera sabiduría exige estar preparados para este encuentro que pasa por la muerte. Esto implica aprovechar nuestro tiempo en la tierra para cuidar nuestra vida espiritual y realizar las obras de misericordia, porque después de la muerte ya no será posible hacerlo.

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