El Papa León XIV ha definido esta mañana en Roma, en la Santa Misa de la solemnidad de Pentecostés, celebrada en la Basílica de San Pedro, la identidad del “Espíritu del Resucitado”. Es “el Espíritu de la paz”, al que pedimos que “nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor”.
En su Pascua, “Cristo reconcilia a Dios y a la humanidad, y el Espíritu Santo infunde la paz en los corazones y la difunde en el mundo”.
Además, “la santa ley de Dios se inscribe en nuestros corazones, grabada por el Espíritu con caracteres de amor en la carne de Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia”.
Y “esta ley es el código de la paz; es el doble mandamiento del amor, que el Espíritu nos recuerda en cada latido del corazón”.

Espíritu de misión, de verdad
En segundo lugar, ha dicho el Pontífice en l'omelia, “el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión: ‘Como el Padre me envió a mí’, dice el Señor, ‘yo también los envío a ustedes’. Somos así partícipes en la misión de Jesús; la de Aquel que sale de Dios y vuelve a Dios con el poder del Espíritu, que procede del Padre y del Hijo, con ellos es adorado y glorificado, único Dios.
El Espíritu Santo es la caridad viviente de Cristo, y mientras da a los apóstoles el poder de expresarse en la variedad de las lenguas, enseña a la humanidad la palabra de la salvación, ha señalado el Papa León.
Unidad para su Iglesia, que promueve el Espíritu
Esta misión, ha añadido el Sucesor de Pedro, “comienza afirmando la verdad de Dios y del hombre, porque el Espíritu del Resucitado es el ‘Espíritu de la verdad’ (Jn 14,17).
“El Señor mismo nos lo ha prometido, pidiendo unidad para su Iglesia, una unidad fundada en el amor de Dios, fuente de nuestro amor”, ha subrayado León XIV. “El Espíritu, que habló por medio de los profetas, promueve siempre la unidad en la verdad, porque suscita en nosotros comprensión, concordia y coherencia de vida”.
Al concluir, el Papa ha rezado para que el Espíritu “libere a la humanidad de la miseria, para “que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús. Esta es la gracia que infunde valentía a los apóstoles; que lo infunda también a nosotros, hoy y siempre, por intercesión de María, Madre de la Iglesia”.
Regina caeli: oración por la Iglesia en China, por Líbano, Oriente Medio
Nel Regina caeli, tras la alocución relativa a la solemnidad de Pentecostés, el Papa ha recordado que hoy, fiesta de María, Auxilio de los cristianos, es la jornada de oración por la Iglesia en China.
“En la memoria litúrgica de la Virgen María Auxiliadora, venerada por grandísima devoción en el santuario de Sheshan, en Shanghai, unimos nuestras oraciones a las de los católicos en China, como signo de nuestro afecto por ellos, y de su comunión por la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro.
Que la intercesión de la Reina del Cielo obtenga para la comunidad creyente en China “la gracia de la unidad y conceda a todos la fuerza para dar testimonio del Evangelio en las dificultades cotidianas, para ser semilla de esperanza y de paz. En particular, invoco la paz eterna para las víctimas del accidente ocurrido en días pasados en una mina en el norte de China”, ha rogado el Papa León XIV.
“A María Santísima, Auxilio de los cristianos, confiamos también, ha concluido, las comunidades cristianas de Tierra Santa, del Líbano y de todo Oriente Medio, que sufren a causa de la guerra”.
Invocar la ayuda del Espíritu Santo para que abra las tres puertas
Antes de rezar la oración mariana con los romanos y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Papa se ha referido a “las puertas que abre el Espíritu Santo”.
La primera puerta es la del mismo Dios, en el sentido en que nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo. Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, y el Espiri Santo nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria”.
La segunda puerta “es la del cenáculo, es decir de la Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian. El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir”, tal como recordaba el Papa Francisco.
Por último, “el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros”.
El Papa ha pedido que “en este día de Pentecostés, debemos invocar al Spirito Santo para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos”.




