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Maite, mujer de un superviviente del accidente de Urda: «Sólo quería volver a decirle que le quería»

Mario viajaba en uno de los trenes que, el pasado miércoles 28 de febrero, chocaron a la altura de la localidad toledana de Urda, en uno terrible accidente que deja 69 muertos. Su mujer, Maite, cuenta en este testimonio la incertidumbre y el dolor, pero también la fe que les ha sostenido.

Redazione Omnes-30 de Ottobre de 2026-Tempo di lettura: 3 minuti
accidente urda

Estado de los trenes accidentados ©OSV News photo/Violeta Santos Moura, Reuters

El pasado miércoles, Mario Aguado salió de casa muy temprano para viajar a Sevilla por motivos profesionales. Su mujer, Maite, se quedó en Madrid con sus tres hijos pequeños. «No nos despedimos como yo habría querido», reconoce Maite.

El matrimonio ha regresado a España tras una misión evangelizadora especialmente difícil y atravesaba una etapa de incertidumbre. «Me despedí de él enfadada, sin decirle cuánto le quería», reconoce Maite. Horas después, mientras hacía unos recados, Maite leyó un mensaje en el grupo familiar: «Accidente de tren en Toledo». Inmediatamente pensó en Mario, que viajaba hacia Sevilla y no respondía a sus llamadas.

«Empecé a pensar que podía estar muerto, que le había dejado marcharse sin decirle cuánto le quería, que mis hijos crecerían sin su padre». La angustia se apoderó de ella hasta que recibió una llamada de su padre: Mario estaba vivo, aunque tenía una pierna gravemente herida.

Vivo, pero grave

Comenzaron entonces las horas más largas de su vida. Sin saber dónde estaba su marido ni a qué hospital sería trasladado, Maite esperaba desesperadamente noticias. Finalmente, una mujer que se encontraba en el lugar del accidente consiguió llamarla para tranquilizarla: Mario estaba siendo atendido, consciente de lo ocurrido, aunque muy medicado.

En medio de aquella incertidumbre, Maite encontró refugio en su fe. «Dios es su padre. Va a venir. Con pierna, sin pierna, da igual. Va a venir conmigo y con los niños», repetía mientras rezaba por él.

Pero lo que más profundamente la conmovió fue descubrir que, mientras ella intentaba localizar a Mario, él, herido y asustado, solo quería hacerle llegar un mensaje. No dejaba de pedir a quienes le auxiliaban: «Dile a Maite que la quiero, que la quiero. Dile a los niños que les quiero, que les cuide, que les quiero».

«Esto es algo que nunca voy a olvidar: que en este negro día, mientras yo buscaba desesperadamente a mi marido, él solo buscaba la manera de decirme que me quería. Y como él todavía no podía hacerlo, no paró hasta encontrar a alguien que me lo dijera».

Reencuentro en el hospital

Mario fue finalmente trasladado al Hospital Universitario de Toledo, donde tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de urgencia por sus graves lesiones. Cuando Maite consiguió llegar hasta él, lo encontró rodeado de cables, con heridas y todavía aturdido por la medicación.

Al verla, Mario abrió los ojos y exclamó: «¡Mi mujer!». «Le abracé y entonces, solo entonces, respiré», recuerda emocionada.

Mario lloraba, pedía perdón y agradecía continuamente la ayuda recibida. Repetía los nombres de las personas que le habían auxiliado, consciente de que habían sido fundamentales para salvarle. También confesó a Maite que durante horas había temido quedarse parapléjico o perder una pierna.

«Tenemos una nueva oportunidad. Dios es bueno»

Aquella experiencia ha marcado profundamente al matrimonio. Para Maite, ha supuesto comprender de una forma nueva la fragilidad de la vida y la importancia de expresar el amor incluso en los momentos difíciles.

«Aquel día entendí que hay palabras que no deben nunca, nunca, dejarse para después, y que para un matrimonio, decirse “te quiero” es siempre urgente, a cualquier hora, pues uno no sabe si cinco minutos después lo va a poder decir».

Profundamente creyentes, Maite y Mario han encontrado consuelo en su fe, en sus familias y en las oraciones de su comunidad cristiana de San Pedro, en Alcobendas. Su agradecimiento se extiende también a los equipos de emergencia, sanitarios y personas que ayudaron a Mario, sin olvidar el sufrimiento de las demás víctimas y sus familias.

«Tenemos, gracias a Dios, una nueva oportunidad, una vida entera por reconstruir, tres hijos pequeños que nos esperan y tantas cosas pendientes entre nosotros. Solo me quedan fuerzas para dar gracias a Dios por darnos esta nueva oportunidad de vivirlas. Por eso, y porque es bueno».

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