¿Cómo hacer que leer guste?

Recuperar el gusto por la lectura pasa por dejar de verla como una obligación y descubrir el placer de perderse entre las palabras, sin importar qué libro elijamos.

13 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty
leer

Dicen que cada vez leemos menos y los datos parecen confirmarlo. Según los últimos informes sobre hábitos de lectura en España, casi la mitad de los jóvenes reconoce tener dificultades para mantener la atención en un texto largo. No pasan de leer notificaciones, mensajes, titulares o fragmentos rápidos. 

¿Qué podemos hacer frente a esta situación? Seguro que los expertos le han dado muchas vueltas. Se hacen programas para fomentar la lectura en los colegios, actividades en la semana del libro, clubes de lectura, debates sobre obras clásicas. Sin embargo, nadie parece acertar del todo en esta cuestión. No es nada fácil y sé de lo que hablo.

Tengo que reconocer que yo misma, que he escrito varios libros y he leído miles de ellos desde mi infancia, no he conseguido que mis hijos sean buenos lectores. Estuve más cerca con el pequeño, pues cuando era niño le encantaba que leyéramos juntos y nos riéramos de los mismos chistes. Así tomó impulso y leyó muchas cosas, pero el impulso solo le llegó a la adolescencia, pues apenas pudo competir con las pantallas.

El placer de leer

Quizá nadie sabe dónde está exactamente el secreto, la clave escondida, la tecla que hay que pulsar para que a la gente le guste la lectura. Lo único que me parece claro es que el único motivo para leer es disfrutar leyendo. Todo lo demás no servirá de nada. No servirán las lecturas obligatorias del colegio, pues los alumnos seguirán acudiendo a los resúmenes que tan fácilmente les proporciona la inteligencia artificial. No servirán los retos de ganar puntos por cada libro, no servirán los clubes de lectura en los que se ofrece merienda como aliciente, ni pagar a los hijos por leer, como contó que hacía un periodista del New York Times. Hemos de tener claro que solo se puede leer por leer.

El filósofo norteamericano Charles S. Peirce decía que la belleza es aquello admirable en sí mismo y sin ningún motivo ulterior, y hay actividades con las que sucede igual. Esto es, hay actividades que solo pueden realizarse por sí mismas, porque nos gustan y nos producen una satisfacción, sin ningún motivo ulterior, por ejemplo, jugar. Ningún niño lo hace por otro motivo. O beber por beber, porque nos gusta el vino, o escuchar una canción en bucle. Leer es otra de esas actividades.

La lectura tiene muchos beneficios que los expertos analizan, como los tiene el juego. Desarrolla muchas capacidades. Nos llevará a tener cultura, espíritu crítico y a correr aventuras imaginarias. Nos hará conocer la verdad y contemplar la belleza. Pero si no lees por leer, porque te satisface, nunca leerás.

El primer paso

Los que somos lectores, e incluso adictos a la lectura, sabemos bien que no podemos vivir sin leer, igual que el fumador empedernido no puede renunciar al tabaco. Por eso, lo único que quizá funcione es que alguien tome un libro y compruebe que leer le produce cierto placer, que le ha gustado dejar de pensar durante un rato en lo que le rodea y meterse en un mundo diferente, del pasado o del futuro, lleno de fantasía o de un realismo aplastante.

Lo único que puede funcionar es que alguien tome el libro, pero también la revista o el cómic (por algo se empieza) y disfrute. Da igual si se trata de novela romántica, histórica, policiaca o de ciencia ficción. No importa si el libro es de un autor con premio Nobel o de uno de tercera categoría, si es superficial o profundo. Da lo mismo si es en papel o en pantalla y así salvamos árboles. Lo de menos es el soporte. Lo importante son las palabras y los mundos a los que nos llevan.

Que cada uno tome lo que sea que le llame la atención. Que lea cada uno lo suyo —a mí personalmente no me gusta que me lean en alto, pues es como quitarme parte del placer—  y deje que las palabras escritas le roben un ratito, se le cuelen por dentro y disfrute. Solo entonces tendremos un lector. Por eso me parece que en los colegios se equivocan en esto. Una lectura obligatoria (las sigue habiendo) servirá para otras cosas, pero no para hacer lectores. Dejar quince minutos al final de una clase para que cada uno saque el libro que quiera, el que piense que puede gustarle y lo lea, eso tampoco es infalible, pero tiene alguna posibilidad más. 

Caer preso de las palabras

Para nosotros fueron Tintín, Mafalda, Verne, Salgari, Dickens, Stevenson, Enyd Blyton, Gerard Durrell, Agatha Christie. Para los jóvenes de hoy en día serán otros. Encontrarán consuelo, diversión. Encontrarán amor, desgracias, compañía. Se les pasarán los viajes volando. Descubrirán quizá el placer de las lecturas furtivas, ese que sentíamos a la luz de la linterna en nuestra infancia, o cuando te aferras al libro sabiendo que deberías estar haciendo otras cosas. La lectura, como la droga, hay que probarla, y puede engancharte. Solo probándola puede que alguien caiga y desarrolle esa necesidad, que quiera más de ese placer, de ser descubridor, trotamundos, de llenarse la cabeza de pájaros o de sufrir las despedidas cuando se acaba la historia.

Lee lo que sea, porque como decía Flannery O’Connor quien “solo lee libros edificantes está siguiendo un camino seguro, pero un camino sin esperanza porque le falta coraje”. Lee lo que sea que te guste y cae preso de las palabras. Así se empieza. Leer por leer.

Biuletyn informacyjny La Brújula Zostaw nam swój e-mail i otrzymuj co tydzień najnowsze wiadomości z katolickim punktem widzenia.