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Vale la pena morir por el matrimonio: Beatificación de 5 españoles martirizados en 1597 en La Florida

La beatificación de cinco franciscanos españoles en Georgia recuerda su defensa de la dignidad humana y su labor evangelizadora entre los indígenas Guale, a quienes acercaron el Evangelio desde el respeto y la caridad.

Fernando Mignone-3 de listopad de 2026-Czas czytania: 8 minuty
Floryda

La pintura oficial se exhibe durante la misa de beatificación de los cinco mártires de Georgia el 31 de octubre de 2026 en el Centro de Convenciones de Savannah, en Hutchinson Island, Savannah, Georgia.©OSV News/George Martell

El 31 de octubre el Cardenal Leo beatificó en Savannah, Georgia, USA, a cinco franciscanos españoles, muertos en una rebelión de septiembre de 1597, por defender la dignidad de la mujer y del matrimonio. 

De ahora en adelante el 22 de septiembre se puede celebrar la fiesta de estos cinco misioneros. Con ocasión de la primera beatificación jamás realizada en el Sur estadounidense, el legado papal Frank Leo afirmó que el Beato Pedro de Corpa y sus compañeros defendieron la dignidad de la persona humana.  

El montrealense Frank Leo, ahora arzobispo de Toronto, de 55 años, viajó al estado de Georgia – que cuenta con 11,5 millones de habitantes; 1,3 millones de católicos (el 8 %); y 400 sacerdotes repartidos en dos diócesis. Concelebró con 32 obispos y más de 200 sacerdotes.

En su homilía señaló que los cinco beatos nos recuerdan a todos la llamada a la santidad, mártires o no. Añadió que el compromiso de estos misioneros a evangelizar a través del diálogo y la caridad nos interpela hoy. 

“La polarización no es de Dios,” dijo, en un país muy dividido políticamente, a los 250 años de su fundación. Pero en un país que la ceremonia en el Savannah Convention Center, mostró su universalidad y la de la Iglesia: 12.000 personas (muchos más querían asistir, y miles y miles vieron la beatificación por streaming) de diversas razas en una unidad polifónica (con orquesta de cámara y coro de 18 voces acompañando). 

Interpolando el castellano y el inglés, el legado papal concluyó: “Hay cosas por las que hoy vale la pena vivir y morir.” Se veía una imagen de la Virgen de Guadalupe a la izquierda del altar y una de los desposorios de María y José a la derecha. Este evento ocurre durante un jubileo guadalupano (se cumplen 50 años de la dedicación de la nueva Basílica de Guadalupe) y durante el jubileo franciscano (se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís). Nuestros franciscanos dieron buen ejemplo de inculturación del Evangelio, de pacifismo y de feminismo cristiano.

El Papa León XIV mencionó la beatificación en su Ángelus en la Solemnidad de Todos los Santos en Roma. La multitud de los santos “abarca los más variados orígenes, culturas y situaciones de vida: la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos. Este es el mensaje lleno de esperanza de la fiesta de hoy… Ayer, en Savannah, Georgia … fueron beatificados Pedro de Corpa y cuatro compañeros, religiosos de la Orden de los Frailes Menores, asesinados por odio a la fe en 1597. Originarios de España, respondieron con generosidad a la llamada del Señor para evangelizar a las poblaciones de América, llegando incluso a dar la vida. Invoquemos la intercesión de estos mártires en favor de todos los misioneros del Evangelio.”

Evangelizar desde el respeto a la cultura

Ha habido católicos en Florida desde que fuera fundada en 1565 la ciudad de San Agustín (la primera misa fue celebrada ahí el 8-09-1565). Dos siglos más tarde, en 1763, los franciscanos se van, porque los ingleses obtienen el territorio, que revertirá a España en 1783; mas España cederá ese territorio a Estados Unidos en 1821. (Mientras que los misioneros católicos franceses, frailes franciscanos recoletos, llegaron a Québec, en la Nouvelle France, recién en 1615.)

En una entrevista días antes con Nasz Gość Niedzielny, el cardenal de Toronto dijo que para ganar almas para Cristo, debemos hoy imitar al Beato Pedro de Corpa y compañeros, no con comportamientos agresivos sino conviviendo con el prójimo con amor, como ellos lo hicieron con los indígenas Guale de la costa atlántica. El legado papal añadió que en la cultura digital, en las subculturas de los jóvenes, y en las de los inmigrantes, lo bello, bueno y verdadero debe ser rescatado, porque reflejan a Dios. Pero afirmó que no todo es bueno, bello y verdadero en las culturas – por ejemplo la poligamia. 

Cinco franciscanos, una misma fidelidad

El primer misionero en morir fue el Beato Pedro de Corpa. Otros cuatro misioneros fueron asesinados por indígenas no cristianos reclutados por el príncipe guale Juanillo, cristiano, a quien se le había pedido no tomar una segunda esposa. Son los Beatos Blas Rodríguez, Miguel de Añón, Antonio Badajoz y Francisco de Veráscola. Estos franciscanos habían empezado a evangelizar a los Guale diez años antes.

El 28 de octubre en Toronto, el legado pontificio me contó que él viajaba del 29 de octubre al 3 de noviembre a Georgia, con su maestro de ceremonias, Father Arthur Lee, invitados a participar en muchos eventos, como una Misa con media docena de obispos en la Isla de Santa Catalina. Ahí fueron asesinados, en la fiesta de los Estigmas de S. Francisco (el 17-09-1597), los Beatos Antonio y Miguel. Asistieron, entre otros peregrinos, descendientes colaterales del vasco Beato Francisco de Veráscola. Doce generaciones por el lado colateral separan a estos españoles de su insigne pariente. En esa isla se hallaron las sepulturas vacías donde fueron enterrados los Beatos Miguel y Antonio. Pero no hay restos de ellos – no se conocen reliquias de ninguno de los cinco, aunque se sigue buscando.  En la ceremonia de beatificación, después de que el legado pronunciara la fórmula de beatificación firmada por León XIV el 30 de septiembre de 2026, y un obispo y un sacerdote la leyeran en inglés y en castellano, se descubrió una tela bellísima de los cinco mártires, pero no se pudo venerar ninguna reliquia.

Durante la celebración, el obispo de Savannah, Stephen Parkes, emotivamente agradeció al Papa la beatificación. Afirmó que desde hace cuatro décadas se trabajaba para esto, y que va a dar muchísimos frutos evangelizadores.

Son hombres con personalidades modernas, el pasar de 429 años no los enmohece, parecen salir de las pantallas de nuestros teléfonos móviles. Bastantes textos atestiguan esto. 

Luis de Oré

El franciscano Luis de Oré, peruano criollo que visitó Florida dos veces, escribió hacia 1619 Los mártires de Florida. Por este libro se conocen muchos detalles de nuestros beatos. Y se sabe de ellos, además, por el poema épico La Florida, de un fraile andaluz, contemporáneo de los beatos, Alonso de Escobedo. Escrita en los primeros años 1600, la obra consta de 37 cantos. El texto completo fue publicado en 2015 por la Academia norteamericana de la lengua española (ANLE). Canta Escobedo:

Es costa La Florida peligrosa 

cercada de montañas y pantanos. 

La gente que la ocupa es belicosa, 

enemiga rabiosa de cristianos, 

de suerte que si alguno salir osa 

por el monte sin miedo de paganos, 

si acaso vuelve vivo trae el pecho 

lleno de flechas, harto a su despecho.

Él mismo escribe al principio del CANTO 12: (149.) Contiene este canto el martirio de cuatro religiosos de la orden de mi Padre San Francisco, que recibieron en la Florida. El … Padre Veráscola, vizcaíno, y el Padre Añón, aragonés, y el Padre Corpa y el Padre Fray Antonio, castellanos. Por alguna razón desconocida, no menciona al Beato Blas Rodríguez. Posiblemente Escobedo dejó La Florida antes de 1597 y habría conocido a esos cuatro pero no a Blas.

Beato Pedro de Corpa

Nace en Villabilla, Alcalá, hacia 1560. Llega a La Florida en 1587. Muere en Tolomato el 14-09-1597. Este pueblo, que ya no existe, era como la capital de los Guale, y fray Pedro actuaba como el superior de los otros cinco franciscanos de la zona (uno se salvó). Hablaba bien el guale y tuvo mucho éxito en convertir a los indígenas. Escobedo cuenta que este beato era modelo de las virtudes de pobreza, castidad y obediencia, y ejemplo de oración y penitencia para los indios occidentales, que intentaba convertir. Añade nuestro poeta:

(158.) Regó con su preciosa sangre el suelo 

nuestro divino Corpa franciscano; 

y a Cristo le dio el alma, Dios del cielo, 

que dio la suya por el hombre humano, 

el cual Señor subió del primer vuelo 

con su divina, franca y sancta mano 

el alma deste fraile de Castilla, 

nacido en el lugar de Villalvilla. (sic)

En 1597 la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz cayó en domingo, y el Beato Pedro estaba preparándose para decir Misa cuando fue acabado con “macanas” (garrotes) en su propia cabaña.

Beato Blas Rodríguez 

Nace en los 1550 en Cuacos de Yuste, Cáceres. En los 1580 se hace franciscano y es ordenado en los 1580. Enviado al Nuevo Mundo en 1590, residió en el pueblo de Tupiquí, cerca de Tolomato. Los que mataron al Beato Pedro fueron a por el Beato Blas, que sucumbió el 16-09-1597. Le permitieron decir Misa de difuntos por el Beato Pedro, y distribuir sus bienes a su grey, antes de martirizarlo – en su homilía les dijo a sus “hijos” que para él no era difícil morir; que aunque ellos no la causaran, la muerte de ese cuerpo era inevitable. Pero lo que lo apenaba era que el diablo los había persuadido de ofender de esa manera a su Dios y Creador, y que no hubieran aceptado las enseñanzas del camino a la vida eterna y la felicidad (ver Luis de Oré, Los mártires de Florida). 

Beatos Miguel de Añón y Antonio de Badajoz

Posiblemente el mayor en edad de nuestros Beatos y muy respetado, nacido en Añón de Moncayo en la década de los cuarenta, el Beato Miguel entró en la orden hacia 1570. Viajó a Puerto Rico y luego a Florida en 1595 con el Beato Francisco. Fue enviado a la Isla de Santa Catalina. Fue muerto el 17-09-1597 por un no cristiano con un hacha de guerra (tomahawk). Oré lo describe así: Mui noble en sangre, de solar conocido, de mui grande espíritu y de mui buena gracia y voz, amado y querido de todos cuantos le trataban; tenía condición para todos, y así era señor de las voluntades de todos, así religiosos como seglares… mui querido de los indios.

Fray Antonio es el único de los frailes beatificados no ordenado sacerdote, y destaca por su sencillez. Buen conocedor de la lengua guale, interpreta para el Padre Miguel. Fallece con él, en la isla, en la fiesta de los Estigmas de S. Francisco; el Evangelio propio de esa fiesta contiene la frase de Mateo 16,25: “El que pierda su vida por mí la encontrará.” 

Los rebeldes habían pedido al cacique de la isla que matara a los dos misioneros. Pero el cacique de Santa Catalina, en vez de acceder, advierte al fray Antonio que deben huir, y les promete canoas y protección, mas Antonio no quiere creer que los indígenas puedan matarlos. ¡Y no dice nada al Fray Miguel! Vuelve a insistir el cacique, en vano. Poco tiempo después, llegan los rebeldes. 

Se les acuerda cuatro horas, tiempo para que el presbítero celebre la Misa y los dos se preparen a morir orando. Al abalanzarse sobre los dos frailes, matan primero al fray lego, que había pasado diez años en La Florida. Entonces, la turba violenta pareció perder el valor, pues dudaron en atacar al venerable sacerdote. Sin embargo, un indio no bautizado se adelantó y comenzó a golpearle con un hacha de guerra, dejándolo inconsciente. Aunque un grupo de fieles se adelantó para defenderlo, otro indio pagano le asestó un golpe final. A los pocos días, este se arrepintió y se ahorcó, a lo Judas, de un árbol con la cuerda de su propio arco. En palabras del poeta Escobedo:

(159.) Fray Antonio, cual digo en otra parte, 

fue de la clara estirpe castellana, 

que siguiendo de Cristo el estandarte 

entró en la sancta orden franciscana. 

Peleó contra los vicios cual Dios Marte 

desde su juventud verde y temprana, 

con deseo de dar por Dios el alma 

para ganar de mártir lauro y palma. 

Beato Francisco de Veráscola 

(138) Veráscola, famoso vizcaíno, 

natural del lugar de Gordejuela, 

por ser varón doctísimo y benigno 

en ocupar su puesto se desvela. 

A pie andaba casi de contino, 

y Jesús coronado le revela, 

le de su sangre con alegre gesto, 

pues él le dio la suya en la cruz puesto. 

(141) …y a Veráscola, fraile señalado, 

que acompañe al varón esclarecido 

para que ande siempre al diestro lado 

porque por su valor era temido, 

pues solo con su fuerza era bastante 

a rendir la del más feroz gigante. 

Apodado “el gigante de Cantabria”, este vasco era alto y fuerte, y lo admiraban los indios guale. Participaba con jóvenes indígenas en pruebas deportivas, incluso un deporte semejante al fútbol. 

...Solo este vizcaino nuestro amigo, 

ganó de muchos indios la vitoria, 

luchando contra ellos pecho a pecho, 

y tirando la barra largo trecho.

Era un religioso mortificado y sacrificado. Se le había asignado el pueblo de Asao, más al sur que los lugares de los otros frailes. De los cinco beatos, fue el único al que se le había asignado como tarea el comenzar una nueva misión. Ordenado en 1590, llegó a La Florida en 1595, dos años antes de morir. Fue el último de nuestros cincos en morir, y el más joven. Había ido a la colonia de San Agustín a recoger víveres; y al desembarcar de la canoa en la orilla, lo matan con hacha. Él piensa que lo vienen a saludar. No tiene ni tiempo de quitarse el sombrero. Habiendo estado afuera, desconoce que hay una rebelión. Traía consigo vino y formas para la Eucaristía, y material de construcción, para la nueva iglesia. Oré afirma que dos indios lo agarraron y lo tuvieron fuertemente mientras otros llegaron y le dieron golpes de hacha. Lo enterraron pero su tumba nunca fue hallada.

Desde hace medio siglo en su pueblo natal hay un festival que lo recuerda. La iglesia parroquial de San Juan de Molinar donde fue bautizado el mismo día de su nacimiento (como Francisco de Veráscola Sáez de Castañiza, 12-02-1564) sigue en pie. 

Vale la pena apuntar que los Guale pidieron a los franciscanos que volvieran, después de la rebelión. Y otros misioneros se trasladaron ahí otra vez. Durante unos 80 años más prosiguió la labor evangelizadora y cívica, hasta que los ingleses de las colonias meridionales los empujaron a trasladarse, hispanos, mestizos e indígenas, hacia el sur, hacia San Agustín.

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