Casi metidos en la fiesta de Todos los Santos, vienen a la memoria dos historias de jóvenes fallecidas con 16-17 años de un cáncer de hueso, agresivos en los dos casos. Dos historias con notable paralelismo.
Se trata de Chiara ‘Luce’ Badano y Montse Grases. A ellas el Señor les tenía reservada una manera más lenta de unirse a su cruz: un cáncer óseo en ambos casos, que llevaron de modo admirable.
Diagnoza
Włoski Chiara Badano (1971-1990), primera focolarina en ser beatificada, apodada ‘Luce’ por la fundadora Chiara Lubich, sintió durante un partido de tenis un fuerte dolor en el hombro izquierdo, que la obligó a soltar la raqueta. Una tomografía computarizada realizada en el Hospital Santa Corona de Pietra Ligure reveló un osteosarcoma grave con metástasis generalizadas.
A Montse Grases (1942-1959), joven numeraria del Opus Dei, catalana declarada venerable por el Papa Francisco en 2016, y propuesta como testimonio para los jóvenes por el Sínodo de los Obispos, también le gustaban los deportes, el tenis, los bailes populares. En diciembre de 1957 empezó a sentir molestias en la pierna izquierda. Seis meses más tarde se descubrió que la causa era un cáncer (sarcoma de Ewing) en el fémur.
Chiara: familia, piedad, los desfavorecidos
Los padres de Chiara Badano la habían esperado durante once años. Su nacimiento fue recibido como una gracia de la Virgen María, a quien su padre invocaba en el Santuario de las Roccas.
Creció rodeada de mucho amor. Era sana, amaba la naturaleza y jugar, y “desde muy pequeña destacó por su amor a Jesús y a la Virgen María. Sentía una especial predilección por los más desfavorecidos, a quienes colmaba de atenciones y pequeños favores, a menudo sacrificando momentos de ocio”, ha revelado el Dicasterio para las Causas de los Santos sobre la joven italiana, que fue declarada beata por el Papa Benedicto XVI en 2010, y a quien se refirió con hermosas palabras.
El día de su Primera Comunión, recibió el Libro de los Evangelios como regalo. Para ella, era “un libro magnífico”. “Así como me resulta fácil aprender el alfabeto, ¡así debe ser fácil vivir el Evangelio!”.
A los 9 años -han leído bien-, se unió al Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich como GEN (Nueva Generación), involucrando también a sus padres. A partir de entonces, su vida giró en torno al crecimiento: intentaba “poner siempre a Dios primero” y decirle siempre “sí”.
Montse: tratar a Dios con confianza, atención a los pobres
Montse Grases fue la segunda de los nueve hijos de Manuel Grases y Manolita García. Después de cursar el bachillerato, que alternó con los estudios de piano, ingresó en la Escuela Profesional para la Mujer de la Diputación de Barcelona.
Sus padres le enseñaron a tratar a Dios con confianza. “En el hogar de los Grases asimiló algunos de los rasgos distintivos de su carácter: la alegría, la sencillez, el olvido de sí y la preocupación por el bien material y espiritual de los demás”, explica la Obra.
“Con unas cuantas compañeras de su escuela, visitaba zonas pobres de la ciudad de Barcelona y daba catequesis a niños, a los que en ocasiones llevaba juguetes o caramelos”, añaden sus biógrafos.
Buscar la santidad en la vida cotidiana
En 1954 conoció el Opus Dei. Sus padres formaban parte de la Obra desde hacía algunos años y la ayudaron a consolidar su vida espiritual y a luchar por vivir mejor las virtudes cristianas. Su madre la animó a frecuentar un centro del Opus Dei, Llar, que ofrecía formación cristiana y humana a chicas jóvenes.
Poco a poco, percibió que Dios la llamaba a este camino de la Iglesia y, el 24 de diciembre de 1957 —tras meditar, orar y pedir consejo—, solicitó ser admitida en el Opus Dei. A partir de entonces, se esforzó con constancia “para buscar la santidad en su vida cotidiana; en su lucha ascética puso en primer plano la contemplación de la vida de Jesús, la piedad eucarística, la devoción a la Virgen, una profunda humildad y el empeño por servir a los demás”.
“Montse Grases era una amiga que tenía muchos amigos. También era una querida amiga de Jesucristo. Por eso, él se sentía a gusto con ella”, ha escrito José Carlos Martin de la Hoz el año pasado.
W enfermedad. Chiara acepta la voluntad de Dios
El 7 de febrero de 1989, Chiara Luce Badano ingresó en el Hospital Molinette de Turín, donde le practicaron su primera operación. Al despertar, exclamó: “¡Si tú lo quieres, Jesús, yo también lo quiero!”.
A pesar de la operación y el tratamiento, la enfermedad persistió. Chiara dijo a la Virgen María: “Madre Celestial… te pido el milagro de la curación; si no es su voluntad, te pido la fuerza para no rendirme jamás”.
A pesar del dolor, su rostro irradiaba alegría. No le temía a la muerte, que llegó al amanecer del 7 de octubre de 1990, tras una noche muy dolorosa.
A su madre, que estaba a su lado acariciándole la frente con gran esfuerzo, le susurró: “Mamá, sé feliz, porque yo también lo soy. Adiós”.
Aceptación del dolor con serenidad y fortaleza
Unas décadas antes, en septiembre de 1957, la joven Montse comenzó a tener dolores por el (sarcoma de Ewing) en el fémur, que aceptó con serenidad y con fortaleza. Mientras estuvo enferma, manifestó siempre una alegría contagiosa y una capacidad de hacer amigos que tenía origen en su amor por las almas, señalan.
Acercó a Dios a muchas de sus amigas y compañeras de clase que iban a visitarla. Encontró a Jesús y a la Virgen en el dolor. Los que estuvieron cerca de ella fueron testigos de su progresiva unión con Dios y del modo en que Montse transformaba el sufrimiento en oración y en apostolado: en santidad. Una de sus amigas afirma que, cuando la veía rezar, palpaba su proximidad con Cristo.
Fallece Montse con fama de santidad
Montse Grases murió el 26 de marzo de 1959, Jueves Santo, poco antes de cumplir los 18 años. Fue sepultada en el cementerio del Sudoeste de Barcelona. Numerosas personas manifestaron que su vida había sido heroica y ejemplar. Desde entonces, esta fama de santidad ha ido aumentando progresivamente, no solo en España sino en los cinco continentes.
Como se dijo al principio, el Papa Francisco declaró a Montse venerable sierva de Dios en 2016, y son abundantes, según la Postulación, los favores y gracias atribuidos a su intercesión: muchos provienen de jóvenes que solicitan ayuda a Montse en sus necesidades.
“Montse nos enseña una lección de amor a Jesucristo en la vida cotidiana, de forma sutil, pero a través de un proceso completo de identificación”, escribe José Carlos Martín de la Hoz. “Como recordó Francisco en ‘Gaudete et Exultate’ el 18 de marzo de 2018: “La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con el poder de la gracia” (n.º 34)”.
Benedicto XVI: “una gracia de Dios, con la colaboración de Chiara misma”
La joven Chiara Badano fue beatificada por el papa Benedicto XVI, el 25 de septiembre de 2010, en el santuario de Nuestra Señora del Divino Amor en Roma.
“19 años llenos de vida, de amor, de fe. Dos años, los últimos, llenos también de dolor, pero siempre en el amor y en la luz, una luz que iluminaba a su alrededor y que llegaba desde dentro: desde su corazón lleno de Dios. ¿Cómo es posible todo esto? ¿Cómo puede una chica de 18 años vivir un sufrimiento así, humanamente sin esperanza, difundiendo amor, serenidad, paz y fe?”, se preguntaba Benedicto XVI.
“Claramente es una gracia de Dios; pero esta gracia fue preparada y acompañada también por medio de ayuda humana: la colaboración de Chiara misma, sin duda, pero también la de sus padres y amigos. […]”, subrayó el Papa.
Video para rezar a Dios por intercesión de Montse
Se añade aquí abajo un video para rezar a Dios por la intercesión de Montse Grases.





