Ameryka Łacińska

El Papa en Casavalle: una tierra de dolor pero viva en la fe

El encuentro con realidades vulnerables en una de las zonas más deprimidas de Uruguay, Casavalle, ha sido uno de los momentos álgidos de esta jornada del papa en Uruguay.

Redakcja Omnes-7 de listopad de 2026-Czas czytania: 4 minuty
papa casavalle

Foto: El Papa en Casavalle ©Vatican Media

Tras la Misa, el Papa se ha dirigido al encuentro con la realidad social de Casavalle en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Una comunidad «donde la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia manifiestan la fragmentación de nuestra sociedad uruguaya», como ha explicado el Cardenal Sturla al Papa, señalando sin embargo cómo, al mismo tiempo, es una «tierra de amor, de entrega cristiana.

No en vano, Casavalle, ubicado en la zona norte periférica de Montevideo (Municipio D), representa una de las áreas con mayores niveles de vulnerabilidad social, fragmentación urbana y rezago económico de Uruguay.

El Cardenal ha destacado cómo «en pocas cuadras a la redonda, la Iglesia Católica refleja de un modo patente el amor de Dios. Las viviendas que se están construyendo y que usted recién visitó, el merendero de la cancha del Rosario, la escuela de Fundación SOPHIA, los salesianos con su escuela de oficios Don Bosco y la obra Tacurú, los focolares y su obra Nueva Vida, las Misioneras de la Caridad y su cuidado a los ancianos, las obras del Opus Dei de Los Pinos y el CADI y Los Rosales, las Hnas Vicentinas, las Hijas de la Natividad y su escuela Banneux, la obra del padre Cacho, los dehonianos en la Gruta de Lourdes en su parroquia, las Casas de la Palabra, el Liceo Jubilar…».

El párroco, Pablo Coimbra, ha recibido al Pontífice mostrando su alegría por la visita del Santo Padre a una comunidad vulnerable en el la que «las heridas abiertas de nuestro pueblo se manifiesta la belleza de la cruz».

Una belleza manifestada en duras realidades en las que la fe ha supuesto una ayuda esencial: «padres que, optando por la vida, dedican años al cuidado de un hijo cuadripléjico; la belleza de una familia que permanece unida aún cuando no tiene qué poner sobre la mesa; la belleza de jóvenes que en un rancho que se llueve, se esfuerzan por estudiar; la belleza de aquellos que mantienen la fe a pesar del mayor dolor humano, la muerte de un hijo por violencia; la belleza de quienes, aún viviendo las penurias más difíciles, siguen amándose. No es la belleza efímera del mundo. Se trata de una belleza profunda, capaz de dar sentido al más terrible sufrimiento».

La presencia de la Iglesia, viva, se ha manifestado en los testimonios de Angélica, Katerhine y Alan. La figura del Padre Cacho centró las palabras de Angélica, que señaló ante el Papa cómo este sacerdote «nos enseñó a trabajar juntos, a reconocer nuestra dignidad y defenderla, a confiar en Dios y en nosotros, a construir comunidad… Transformamos un barrio, pero, sobre todo, transformamos nuestro corazón. Nos enseñó que Cristo se sienta a nuestra mesa, habla nuestro idioma, viaja en el carrito del clasificador. Con su entrega, cariño y compromiso devolvió la dignidad a quienes la sociedad había vuelto invisibles».

Una vida marcada por la violencia y el abuso. Esta ha sido el testimonio de Katherine que llegó a la Iglesia «a través del Movimiento Tacurú» donde se acercó buscando un trabajo y «. Me acerqué buscando trabajo y «encontré una familia que me acercó a Dios». Un encuentro al que llegó «rota, y con paciencia y amor me ayudaron a pegarme pedacito por pedacito».

Por su parte, Alan, de 32 años, pudo estudiar una tecnicatura gracias a Liceo Juan Pablo II, donde encontró confianza y «fuerza para “cachetear el destino” y creer en un futuro diferente». Este joven padre ha querido presentar al Papa a su hijo Bruno, nacido muy prematuramente y al que dieron pocas esperanzas de vida.

«En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido»

Antes de agradecer los testimonios, el Papa ha improvisado unas palabras ante las cientos de personas reunidas en Casavalle. León XIV ha señalado que «una bendición grande viene cuando estamos reunidos en comunidad, cuando aprendemos a trabajar juntos, a colaborar en un proyecto común y a decir que la vida es importante, que nuestra fe nos sostiene. Y que queremos ser fieles a Jesús, nuestro mejor amigo».

El Papa ha agradecido los testimonios y, en su intervención, ha querido recordar la parábola del Buen Samaritano. Una historia que «podemos ver muchas veces replicada también  hoy en los numerosos casos de inseguridad y de violencia que lamentablemente amenazan la paz de  nuestros barrios, e incluso la vida de nuestros seres queridos, y a los que tantas veces la sociedad».

León XIV ha destacado que «necesitamos seguir apostando por la cercanía caritativa del buen samaritano: (…) No podemos  pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no  volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los  medios para alimentar a sus hijos. No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que  sufre, que está sola y es vulnerable».

El Papa ha hecho mención al desarrollo y estabilidad uruguaya señalando que «un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería  renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles. Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida».

Por todo ello ha vuelto a hacer una llamada a la unidad: «la Iglesia, la comunidad civil y el Estado. Necesitamos despertar  de nuestras inercias y abogar por el bien común. En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios  asuntos».

Encuentro con el mundo de la educación y Vigilia

Tras este encuentro, la agenda del Papa marca dos encuentros especialmente esperados en Uruguay: El encuentro con el mundo de la educación  en la Universidad Católica de Uruguay y la Vigilia de oración en el Estadio Centenario en la que se prevé la asistencias de centenares de miles de personas.

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