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El testimonio del tío de Van Thuan, primer presidente de la República de Vietnam

En el aniversario de su asesinato, recordamos a Jean-Baptiste Ngo Dinh Diem, tío de Van Thuan, que, siendo el primer presidente de la República de Vietnam, intentó ordenar la ciudad de los hombres mediante la ley.

Santiago Leyra Curiá-2 de listopad de 2026-Czas czytania: 2 minuty
El tío de Van Thuan

Jean-Baptiste Ngo Dinh Diem

La relación entre la conciencia religiosa y la realidad política es, quizás, el termómetro más preciso para medir la tensión de una época.

En el turbulento escenario del sudeste asiático de mediados del siglo XX, la figura de Jean-Baptiste Ngo Dinh Diem (Huế, 3 de enero de 1901-Saigón, 2 de noviembre de 1963), primer presidente de la República de Vietnam difamado como dictador o ultraderechista por los comunistas, surge no solo como un actor geopolítico, sino como un caso de estudio sobre el intento de encarnar los valores del humanismo cristiano en un entorno de violencia fratricida. La excelente biografía sobre su sobrino, el Cardenal F.X Nguyen Van Thuan, escrita por Andre Nguyen Van Chau, recoge un importante testimonio al respecto.

El personalismo cristiano como proyecto político

Diem no fue un político de cálculo, sino de una profunda formación espiritual. Proveniente de una familia de mandarines católicos, su visión del mundo se cimentaba en la creencia de que el ser humano posee una dignidad intrínseca por su origen divino. Bajo esta premisa, impulsó el Partido Can Lao (Partido Laborista Personalista), basado en el Personalismo Cristiano. Inspirado en pensadores como Emmanuel Mounier, buscaba una «tercera vía» que rechazara tanto el individualismo liberal como el colectivismo marxista, colocando a la persona en el centro de la reconstrucción nacional.

Independencia y resistencia frente a potencias extranjeras

Uno de los rasgos más definitorios de Diem fue su feroz sentido de la independencia nacional, fundamentado en su ética cristiana. Se resistió con tenacidad a que su pueblo fuera utilizado como un peón en el tablero de las grandes potencias:

Frente a Francia, rechazó ser un títere del colonialismo decadente, exigiendo una independencia real y negándose a colaborar con gobiernos que no respetaran la soberanía vietnamita.

Frente a Estados Unidos, a pesar de depender de su ayuda económica, Diem se opuso sistemáticamente a la injerencia estadounidense en los asuntos internos de su país. Se resistió al envío masivo de tropas combatientes y a la manipulación de sus políticas sociales, lo que le valió la enemistad de la administración Kennedy. Para Diem, la dignidad de Vietnam no estaba a la venta, ni siquiera al precio de la protección militar.

La herencia espiritual

A pesar de las sombras de su gobierno y su trágico final en 1963, la semilla de su fe no fue estéril. Un ejemplo preclaro de esta herencia espiritual se encuentra en su sobrino, el Cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan.

Si Diem representó la lucha del católico en las estructuras de poder, Van Thuan representó la victoria del espíritu sobre la opresión. Tras pasar trece años en cárceles comunistas, el Cardenal se convirtió en un faro de luz con su «Decálogo de la Esperanza». Mientras su tío intentó ordenar la ciudad de los hombres mediante la ley, el sobrino enseñó que la verdadera política del cristiano es la del amor y el perdón. Su testimonio demuestra que, más allá de los aciertos o errores de una dinastía, la fe vivida hasta sus últimas consecuencias siempre encuentra un camino para restaurar la esperanza.

La trayectoria de Ngo Dinh Diem nos invita a considerar que la fe en la política debe ser una levadura que transforme la realidad. Su resistencia a ser manipulado por poderes extranjeros y su intento de aplicar el personalismo cristiano lo marcan como un hombre que, aunque superado por las circunstancias, nunca renunció a la idea de que la política debe servir a la dignidad del hombre bajo la mirada de Dios.

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