Destacados investigadores y expertos internacionales en Inteligencia Artificial se reunieron este viernes 30 de octubre en el Vaticano para dialogar sobre el futuro de esta tecnología, sus riesgos emergentes y la responsabilidad de la comunidad científica y de las instituciones públicas en su desarrollo al servicio del bien común.
El encuentro, titulado El futuro de la IA: un diálogo entre el Vaticano y el mundo científico sobre los avances y las aplicaciones de las tecnologías inteligentes, fue organizado conjuntamente por la Pontificia Academia para la Vida y el Future of Life Institute y se celebró en la Casina Pío IV.
Entre los participantes se encontraban Stuart Russell, profesor de Informática de la Universidad de California en Berkeley y presidente de la Asociación Internacional para una IA Segura y Ética; Max Tegmark, físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y presidente del Future of Life Institute; y otros investigadores y especialistas en gobernanza de la inteligencia artificial.
Durante la jornada, los participantes mantuvieron un diálogo con la Comisión Vaticana sobre Inteligencia Artificial, creada por León XIV en mayo de 2026 para coordinar la respuesta de las instituciones vaticanas ante las implicaciones de esta tecnología para la humanidad y la Iglesia.
El control humano de la Inteligencia Artificial
Uno de los principales asuntos abordados fue cómo preservar un control humano significativo a medida que los sistemas de Inteligencia Artificial adquieren mayor autonomía. También se trataron cuestiones como la seguridad y fiabilidad de estos sistemas, la identificación de responsabilidades humanas y la necesidad de traducir los principios éticos en mecanismos efectivos de protección, verificación y gobernanza.
Los expertos reflexionaron asimismo sobre las consecuencias de la IA avanzada para el trabajo, la libertad, la concentración del poder tecnológico, las desigualdades globales y la dignidad humana.
Durante el encuentro, los participantes fueron recibidos en audiencia por el papa León XIV en el Palacio Apostólico. La reunión se enmarca en el enfoque que el Pontífice ha expuesto en su encíclica Wspaniała ludzkość, donde destaca la importancia del diálogo entre la Iglesia y la comunidad científica.
En concreto, el documento señala: «Al abordar numerosas cuestiones específicas, la Iglesia no pretende ofrecer “una opinión definitiva”, sino que reconoce la importancia de escuchar la investigación científica y de fomentar un debate serio y honesto entre los expertos, acogiendo al mismo tiempo la diversidad de opiniones» (Wspaniała ludzkość, 23).
«Mantener a la persona humana al mando»
El cardenal Michael Czerny, en representación de la Comisión Vaticana sobre Inteligencia Artificial, explicó que el objetivo es «escuchar a todos los que trabajan en este ámbito —en la investigación, la empresa y las políticas públicas— y reflexionar juntos sobre cómo puede la Iglesia cumplir mejor su misión pastoral y profética».
Esta misión, añadió, consiste en dar testimonio de la dignidad de la persona humana y promover el bien común, procurando que «las personas y comunidades vulnerables no se queden atrás».
Por su parte, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el arzobispo Renzo Pegoraro, destacó que el valor del encuentro reside en poner en diálogo perspectivas diferentes. «Los científicos, las instituciones y la Iglesia se acercan a la Inteligencia Artificial desde puntos de vista diferentes, pero compartimos una pregunta fundamental: ¿cómo podemos orientar su desarrollo para que siga estando verdaderamente al servicio de la persona humana y del bien común?», afirmó.
También intervino el sacerdote Paolo Benanti, de la Universidad LUISS y la Fundación RenAIssance, quien subrayó la necesidad de pasar de los principios éticos a medidas concretas: «Lo que hoy han pedido quienes construyen y estudian estos sistemas es algo más difícil: normas vinculantes, instituciones capaces de verificar y una persona que responda por cada decisión en la que intervenga una máquina».
Benanti recordó que la Inteligencia Artificial es una tecnología creada por el ser humano y, por tanto, susceptible de ser gobernada. «La pregunta ahora es para qué sirve la Inteligencia Artificial y quién responde por ella», señaló. A su juicio, la tarea consiste en convertir los principios de Wspaniała ludzkość en instituciones capaces de «mantener a la persona humana al mando de las herramientas que creamos».
Los riesgos de una IA sobrehumana
Entre las intervenciones recogidas en el documento difundido a los medios destaca la de Stuart Russell, quien advirtió de los riesgos de la trayectoria que siguen algunos desarrolladores de inteligencia artificial. «Los principales desarrolladores de IA están siguiendo una trayectoria destinada a producir máquinas sobrehumanas; reconocen que, si lo consiguen, existe una alta probabilidad de que todos los seres humanos mueran», afirmó.
Russell pidió abandonar ese camino y apostar por sistemas que permanezcan bajo control y promuevan los intereses humanos.
Max Tegmark, por su parte, señaló que algunos directivos de empresas de inteligencia artificial han pronosticado que «la IA estará al mando, no los seres humanos». Ante este escenario, consideró que «con un sólido liderazgo moral, el Vaticano puede contribuir a orientar el desarrollo de la IA hacia un camino mejor, centrado en el ser humano».
El encuentro forma parte del compromiso de la Santa Sede con las implicaciones éticas y humanas de la inteligencia artificial, que incluye también la iniciativa Rome Call for AI Ethics y el trabajo de la Comisión Vaticana sobre Inteligencia Artificial.





