La «compasión» de la guillotina

El mensaje como sociedad que transmitimos con la eutanasia es que no estamos dispuestos a gastarnos, ni lo mínimo, en cuidar al débil.

26 de marzec de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Foto: Imagen cread por IA

Hace unos años, España pisó el acelerador de la muerte, con la aprobación de la Ley de eutanazja. Hoy, contemplamos como en una especie de serie de terror, el morbo mediático y social ante la aplicación de la «muerte asistida», o mejor, la liquidación compasiva, de una chica cuyos gritos de auxilio han sido, sistemáticamente, desoídos por la sociedad.

Por eso, traemos a colación, actualizada, esta reflexión sobre los límites de una sociedad cuya «compasión» ha dado luz a una guillotina inyectable que evidencia, sin embargo, la crueldad deshumanizada, el horror de la violencia institucionalizada y la negación del amor desinteresado a quien más lo necesita.

La apuesta desmedida por la muerte es uno de esos síntomas de nuestro camino destructivo como sociedad. No deja de ser paradójico que se quieran presentar como progresistas leyes en las que subyacen las mismas ideas y razones utilizadas por el gobierno nacionalsocialista de la Alemania de los años 30 del pasado siglo.

Porque no, Hitler no comenzó matando judíos y gitanos, empezó aplicando la muerte “por compasión” a un niño con minusvalía a inicios de 1939. A partir de ahí, se puso en marcha un programa que aplicase estos criterios a casos similares, poco después se amplió a enfermos mentales y luego…, pues ya sabemos todos la historia.

Con la eutanazja, lo que estamos diciendo a otras personas es: “lo mejor es que te mueras”.

Sí, tú… por viejo, por depresiva, por estar impedido, por tener tal o cual síndrome… “Lo mejor es que te mueras…, porque yo no voy a cuidarte”.

Más aún, la aprobación de esta ley, junto al escaso apoyo existente en España al desarrollo y universalización del acceso a los cuidados paliativos, conlleva un mensaje adicional: “Lo mejor es que te mueras…, porque yo no voy a cuidarte y no pienso ayudar a que otros lo hagan”.

Dzięki Bogu są ci inni, pracownicy służby zdrowia, liczni i bardzo dobrzy, którzy poświęcają swoje życie na opiekę nad tymi, których ta ustawa chce zabić, bo uznała, że życie w taki czy inny sposób jest nie do zniesienia. 

Życie, gdy są środki, a nie okrucieństwo, gdy są możliwości, a przede wszystkim, gdy jest miłość, zasługuje na to, by je przeżyć.

Pracownicy służby zdrowia, krewni i osoby znajdujące się w sytuacjach nie do końca idyllicznych zgodnie podkreślają, że osoba śmiertelnie chora nie prosi o śmierć: prosi o wyeliminowanie cierpienia, a nie życia.

La eutanasia no busca acabar con el problema, elimina a quien padece el problema, creando además una situación de retroceso médico limitando o evitando la búsqueda de nuevas soluciones a las dolencias planteadas.

Sí, efectivamente, hay vidas con mayor o menor dignidad y muertes realmente indignas, como las de quienes se quedan en el fondo del mar intentando llegar a una vida mejor. Lo que no existen son personas indignas.

Nuestro deber como sociedad es ayudarles es a vivir. Lo tenemos muy claro, por ejemplo, en la prevención del suicidio. Inducir la muerte, y más aún, querer obligar a los médicos a que certifiquen una muerte provocada como “natural”, hiere gravemente la médula espinal de una sociedad humana cuya característica habría de ser la de la atención, cuidado y promoción de los más débiles. Aunque sea más cómodo poner una inyección letal e irme de copas, que pasar una noche sosteniendo la mano de una persona casi inconsciente.

Sin embargo, ¿qué habría de ser lo propio del hombre, de la mujer? No creo equivocarme en la segunda opción, porque, en palabras del Dr. Martínez Sellés, “una sociedad que mata, aunque sea con una sonrisa, ha dejado de ser humana”.

AutorMaria José Atienza

Dyrektor Omnes. Absolwentka komunikacji z ponad 15-letnim doświadczeniem w komunikacji kościelnej. Współpracowała z takimi mediami jak COPE i RNE.

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