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Breve historia del Miércoles de Ceniza 

El Miércoles que marca el inicio de la Cuaresma, está marcado por el rito de imposición de las cenizas.

Redacción Omnes·18 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Miércoles de Ceniza es uno de los días claves del calendario litúrgico en la Iglesia católica. En algunas diócesis, es el día que más fieles acuden a Misa. 

El inicio de la Cuaresma pone a los fieles en un camino de conversión y entrega que, a pesar de lo que pueda parecer, mira a la Resurrección y la Pascua, el nuevo nacimiento y no sólo a la Pasión de Cristo. 

Desde los inicios de la primitiva Iglesia, el ejemplo de Cristo, orante y viviendo de manera mortificada en el desierto antes de iniciar su predicación pública, estuvo presente en la vida de fe de las primeras comunidades de diferentes formas. 

Cenizas y penitencia

La penitencia, pública o privada, ha sido siempre una manera de recordar al hombre su fragilidad, su condición de criatura redimida, por tanto esperanzada. La presencia de la ceniza, con evidentes connotaciones bíblicas, también veterotestamentarias, como en las historias de arrepentimiento de David, el rey de Nínive, o el pueblo judío en el primer libro de los Macabeos, estuvo presente desde siempre, como símbolo de esta penitencia y arrepentimiento. 

El tiempo de Cuaresma se consolidó litúrgicamente en la Iglesia a lo largo del siglo VI. En los últimos años de San Gregorio Magno se inició la costumbre del ayuno cuaresmal el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma.

En aquellos tiempos, la costumbre de la penitencia pública era usual: los penitentes se presentaban ante sacerdotes designados, confesaban sus pecados y, si eran graves y públicos recibían, como penitencia un cilicio rociado con ceniza. Su penitencia duraba toda la Cuaresma, a veces en lugares de oración como monasterios o ermitas.

En la alta Edad Media también nació la statio o procesión penitencial que se realiza en Roma y que consiste en una procesión presidida por el Papa, Obispo de Roma, y que va desde la parroquia de San Anselmo a la de Santa Sabina, situadas ambas en el Aventino a una distancia de unos 200 metros, cada Miércoles de Ceniza. 

Con la desaparición de la penitencia pública, surgió la costumbre de que, tanto clero y religiosos, como los fieles, recibieran la imposición de la ceniza el miércoles antes del inicio de la Cuaresma. En 1901, el Concilio de Benevento ratificó esta práctica y la costumbre de imponer la ceniza se extendió por todo el orbe católico. 

La especificación «de las cenizas» está relacionada con el rito litúrgico que caracteriza la misa de ese día: el celebrante coloca una pequeña cantidad de ceniza bendita en la frente o en la cabeza de los fieles.

Según la costumbre, las cenizas que se utilizan para el rito se obtienen de la quema de las ramas de olivo que fueron bendecidas y utilizadas en la procesión de palmas el Domingo de Ramos del año anterior. 

Reforma del Vaticano II

Hasta la reforma litúrgica que se realizó en el Concilio Vaticano II, la imposición de cenizas también podía realizarse el domingo siguiente, siempre que esas cenizas hubieran sido bendecidas el Miércoles de Ceniza.

Además, se redujeron y actualizaron las oraciones de bendición de la ceniza, pasando de cuatro fórmulas antiguas a dos opciones principales en el nuevo misal y se reforzó el sentido de la ceniza como inicio de la cuaresma como tiempo de conversión y preparación pascual. 

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