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Cris Cons: “¿Existe algo más poderoso que una mujer que educa a sus hijos?

Cris Cons, experta en educación afectivo-sexual, asegura que los adolescentes están deseando una visión distinta de las relaciones sexuales a la que está de moda.

Jose Maria Navalpotro·12 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 13 minutos
Cris Cons

Cris Cons

Hace falta mucho valor hoy para enfrentarse a los postulados del feminismo radical. La simple discrepancia causa miedo. Rechazar el feminismo en el ámbito de trabajo, y no digamos en la política, es problemático. Sin embargo, es necesaria una reflexión sobre el feminismo y la feminidad. Cris Cons es una joven esposa y madre, y pedagoga, experta en educación afectivo-sexual, con el programa “Love Revolution”, dirigido a jóvenes y familias.

Vive en Santiago de Compostela con su familia. En 2018 fue uno de los dos españoles que participaron en el Pre-Sínodo de los Obispos en Roma, dedicado a los jóvenes. Desde entonces ha ofrecido cientos de conferencias y sesiones de formación en la afectividad. Pero no siempre fue así. Acaba de publicar en Palabra un libro con el desafiante título de “Una mujer como Dios manda”.

“Mujer no nace, mujer se hace”, decía Simone de Beauvoir, y lo refleja en el libro. Eso es signo de toda una mentalidad. ¿Es así?

– Yo creo que esa frase ha funcionado porque interesa. El error es evidente. Nacemos hombres y mujeres, y es la mayor de las evidencias. Y no es hasta esta época cultural cuando de repente esta realidad se pone en cuestión.

Hay personas que actúan desde la ingenuidad, con el deseo de tener la máxima libertad y poder decidir en todo y confunden la libertad con capacidad de decisión. Entonces, cualquier realidad que sienta que le oprime, incluso la propia naturaleza, la vive como opresión. Es un deseo profundo de poder decidir y ser lo que uno decida, como si no estuviese determinado. Cultural y filosóficamente quizás este es el origen y ahí está el error.

En el caso de Simone de Beauvoir, ella en realidad sí que experimentó el machismo como tal, es decir que la tendrían menos en cuenta en sus opiniones por ser mujer. En “El segundo sexo” viene a sostener que como somos discriminadas vamos a hacer que no exista la diferencia hombre y mujer y entonces se termina la discriminación. Pero eso es una barbaridad. Que haya discriminación no es culpa de que exista una diferencia.

La diferencia entre hombre y mujer es un motivo de celebración. Si hay discriminación habrá que lograr dar educación sobre todo, para que no se produzca. 

El pensamiento de Simone parte de aquí. Pero luego se ven muchos intereses. Todo el apoyo que está teniendo esta ideología de género, que el sexo es un constructo social, y no es significativo. Lo importante es el género y cómo se siente uno. 

Pero lo cierto es que los estudios de género están siendo subvencionados por las mismas personas: fundaciones como los Rockefeller, y también por universidades, como Berkeley. Desde los ámbitos de cultura y poder se está financiando y fomentando este tipo de pensamiento.

Yo creo que en esto lo mejor es ir a la normalidad y ver lo que es evidente a ojos de todos.

¿Lo principal es ser realista y partir de la biología? Estos planteamientos niegan la realidad y la biología. 

– Sí, o la manipulan. Dicen que el sexo no es algo fijo y que hay personas que nacen con genes de uno u otro tipo. Pero es que incluso cuando hay personas que nacen con estas alteraciones (un porcentaje ínfimo de la población), hay un cierto predominio. Se puede ver que es una alteración genética. En estos casos, la medicina tradicionalmente solía dejar al niño crecer y ver cómo se desarrollaba, qué preferencias tenía. Luego, identificar su propia naturaleza. Más bien la dominancia, porque son unas pequeñas alteraciones que hay que descubrir. En el propio niño de forma natural se ven diferencias, pero también en el carácter, en la forma de ser. Desde que es bebé hay diferencias sexuales cerebralmente; los cerebros de hombre y mujer son diferentes.

Hay investigaciones en el momento mismo del nacimiento. Por ejemplo Baron-Cohen, profesor de Cambridge, estudiando el autismo descubrió que había diferencias según el sexo en el momento del nacimiento. Por ejemplo, colocaba dos imágenes delante de un bebé: una de un rostro humano, y otra de un móvil mecánico, un cochecito o algo así. Casi todas las niñas se fijaban en la cara y casi todos los niños, en el coche. 

La mayor parte de diferencias de este tipo que se aprecian en los niños tienen lugar entre los 0 y los 3 años, que es un momento en el que ellos todavía no han identificado y no entienden las diferencias sexuales. No tienen estereotipos de género hasta los 3 años. 

Personalmente puedo decir que me llamó mucho la atención cuando llevamos a mi hijo a la guardería. Nos decían que tienen cuidado en no coger más niños que niñas porque se les iba de las manos si tenían más niños, porque ellos son intensísimos. 

Cuando nació nuestra segunda bebé, e íbamos a buscar a nuestro otro hijo con el bebé, todas las niñas venían corriendo a saludar al bebé y en cambio los niños seguían jugando solos. La profesora nos decía: “qué raro que esto solo lo hagan las niñas”. Bueno, es que somos diferentes. 

Las diferencias están ahí y son geniales. Son motivo de celebración. 

¿Cree que hay un problema al entender la igualdad, al confundir igualdad jurídica con la biológica?

– Absolutamente. A nivel social y político, tiene que haber igualdad. De hecho, es algo que a día de hoy, tampoco existe de verdad, pero no en nuestra contra.

Pero a nivel biológico, psicológico, espiritual, no somos iguales hombres y mujeres. Y está bien. Menos mal que existe la complementariedad. 

Personalmente, no siempre ha pensado así, ¿verdad? Ha tenido su propia evolución.

– Sí. De hecho, la de chapas feministas mías que se comió mi marido cuando éramos novios y estábamos en la universidad. Del feminismo de ahora, politizado.

No sé qué fue. La vida, la madurez. El mundo te va haciendo despertar. 

Creo que esto se está viendo a nivel social. Por un lado, el feminismo está politizado y está siendo instrumentalizado. Pero en el momento en el que tú eres una persona que buscas la verdad, esto te acaba saltando a la cara. Llega un punto en el que dices “es que somos diferentes”, y ser diferente es algo bueno y ya está. 

Defiende un feminismo, no sé si llamarlo clásico, porque, como explica en el libro, en principio, el movimiento feminista lo que defendía era la dignidad de la mujer.

– Yo personalmente no me pondría la etiqueta de feminista, porque a día de hoy lleva unas connotaciones concretas. Aunque hay gente que lo hace desde un feminismo cristiano o con planteamientos afines al cristianismo y me parece bien. Pero, sí que defiendo a la mujer. Como educadora afectivo-sexual, veo un machismo muy real.

¿Dónde?

– Por ejemplo, en una pornografía que enseña a violar y en libros que enseñan a ser violadas y que romantizan la violación. Esto es un mundo que es absolutamente desconocido para la mayor parte de adultos. El consumo de pornografía es una barbaridad. Casi el 90 % de la pornografía que hay en Internet es de violencia contra la mujer y violencia muy grotesca. 

Hay videojuegos que van de esto, como GTA, que juegan todos los chavales. Accedes a prostitución y después matas a la prostituta, te quedas el dinero… Esto no es normal.

Muchos libros que leen los adolescentes son absolutamente tóxicos. Enseñan a introducirse en relaciones de maltrato, de violencia y de abuso. En concreto, ahora hay un género que se llama el “dark romance”, donde literalmente se romantizan las violaciones y el maltrato y la tortura.

Me lo cuentan los propios chavales que lo están leyendo. Es un machismo muy flagrante que tiene lugar en nuestra sociedad y parece que a nadie le importa. 

Yo lucho contra esto. Intento mostrar las consecuencias de estos males, y que somos seres humanos con un valor infinito, y la dignidad, el respeto de las personas, de la mujer. 

No veo que haya una crítica real a todo esto, al contrario. Intentan generar una pornografía feminista o intentan incluso desde las esferas feministas “mainstream”, politizadas, normalizar, por ejemplo, las relaciones sexuales de menores. Y normal no es. Si no tienes el cerebro desarrollado hasta los 20 años no puedes tomar una decisión sexual seria, o sea, de tener una relación sexual de forma libre porque no tienes el cerebro desarrollado para entender las consecuencias a largo plazo. 

Y en este capítulo de machismos, ¿incluye el aborto?

– Es una barbaridad, como tantas cosas de desprotección de la mujer. El otro día escuché a un hombre en el programa “Sexto Continente” decir que él se dedicaba a proteger a mujeres que iban a abortar, a hablar con ellas y les preguntaba qué necesitaban para no abortar. Fenomenal. Ojalá hiciésemos esa pregunta antes.

La cuestión es si nos importa la mujer o lo que queremos es ahorrarnos un esfuerzo y un dinero, porque si a esas mujeres les diésemos los recursos que necesitan, cuántas no abortarían.

Cuando le hablan de empoderamiento de la mujer, ¿qué piensa? 

– Depende de quién use el concepto. 

Creo que las mujeres sí debemos ser conscientes del poder que tenemos. Y de hecho me parece que, a día de hoy, socialmente, sí nos han retirado mucho de ese poder. Por ejemplo, el extraernos completamente del hogar, como se ha hecho culturalmente (ojo, me parece genial que las mujeres trabajen fuera de casa, yo lo hago).

Pero, en realidad, ¿existe algo más poderoso que una mujer que educa a sus hijos? ¿No entiendes el influjo, la potencia y el impacto de levantar seres humanos? Solo de los 0 a los 3 años, al educar al niño le estás poniendo las bases de quién va a ser como persona. 

Una mujer en el hogar me parece de las cosas más absolutamente poderosas que existen, porque esa mujer está sacando adelante a sus hijos y está poniendo la base de quiénes van a ser algún día, de cómo van a pensar. No existe nada más poderoso que una madre. 

Pienso hasta qué punto, vendiéndonos el tema del empoderamiento, lo que hemos hecho es desgastarnos absolutamente, porque tenemos que ser perfectas en todo: en el hogar, como madres, como esposas, como profesionales… y eso es absolutamente imposible. Nos dedicamos a estar ocho horas fuera de casa, vivimos de forma exhaustiva, y después nos tenemos que volver con mucha culpa por no haber estado con nuestros hijos.

Ahora se habla mucho del tiempo de calidad en vez de la cantidad. Pero yo, ahora que soy madre, me doy cuenta de que el tiempo de calidad, cuando uno está agotado, no es posible. ¿Qué tiempo de calidad? Si yo estoy agotada, a la primera me sale un grito, pero cuando estoy descansada, soy la madre más tierna y buena y maravillosa del mundo.

A lo mejor hay que repensar las cosas y volver a empoderarse, que no significa que no tengamos que trabajar y tengamos que volver a estar todo el día en casa. Hay mujeres a quienes les flipa la carrera profesional, y que están a tope y viven así. Genial. Pero creo que sería muy empoderante a día de hoy que nos abran la posibilidad de poder reducir horas, por ejemplo, de trabajo, o quitárnoslo por completo durante un tiempo de nuestra vida sin culpa no solo personal sino profesional y social.

Sería genial poder hacer los ajustes para entender que en los primeros años de vida, una madre tiene que estar muy presente. Hoy se ve como algo secundario, y es algo que es lo más poderoso que tenemos. Y creo que es intencional el hecho de que nos hayan hecho sentir que empoderarnos es asumir responsabilidades profesionales dejando las maternales.

Da cursos de formación afectivo sexual. No sé si viene algunas veces la frustración, porque el ambiente no acompaña. ¿Qué puede hacer cuando se dirige a adolescentes en cuestiones de afectividad? 

– En mi caso hay cero frustración porque los adolescentes están muy bien hechos y están deseando escuchar una propuesta diferente. Ojalá la gente pudiese ver y escuchar lo que yo veo y escucho, porque los chavales están quemadísimos, están hasta las narices. Tú piensa que están viendo pornografía desde los 8, 9 o 10 años, están asqueados, les han ido transmitiendo que son objetos, que tienen que tener sexo.

No entendemos la violencia que hay que hacerse a uno mismo para decir que sí a las propuestas del mundo. Te sientes como un objeto. Sufres porque te sientes usado y te sientes tratado como una cosa. Y estamos muy bien hechos. Entonces, los sentimientos los tenemos muy bien.

Salvo que acabemos tan mal que acabemos haciendo una disociación, los sentimientos nos van avisando. Cuando yo me lío con alguien, me acuesto con alguien, sin querer a esa persona, mis sentimientos reaccionan y me siento mal y me siento utilizado y me siento triste, vacío y solo. Y necesito algo más, pero no sé qué es eso más.

Entonces, cuando yo hablo en un aula y hago una propuesta diferente, lo que veo son caras que brillan y están ilusionadas. Se plantean: “¿Qué me estás contando? O sea, que no me tengo que dejar usar, no me tengo que andar desnudando por ahí”.

Alucinarías con la cantidad de jóvenes que han venido a decirme que quieren dejar de tener sexo con el novio, quieren empezar a vivir de otra forma. Muchísimos. O me escriben: “Estábamos teniendo sexo y hemos decidido dejar de tenerlo. Y ahora queremos esperar hasta el matrimonio a tener relaciones sexuales, porque hemos entendido el valor que tiene el sexo. Llevamos un año ya sin tener relaciones sexuales porque te escuchamos en no sé qué charla”. Dime tú, en una charla de una hora, ¿cómo es posible tomar esta decisión? Yo no hablo tan bien. A mí me encantaría hablar así de bien como para convencer a alguien de esto. Pero no se trata de eso. Se trata de que estamos desesperados. 

Yo misma lo he vivido. Por eso sé qué es estar desesperada por descubrir algo más y creer que no existe. Y cuando de repente lo descubres dices “yo necesito esto”.

Porque no viene de un ambiente donde siempre se haya vivido eso, ¿no? Ha experimentado lo que habla, no se le puede calificar de mojigata.

– No, no. Yo viví lo otro. Es una mierda. Es asqueroso estar en el otro lado.

Te sientes tan mal y además crees que eres el único que se siente así porque todas tus influencias te dicen que eso es la bomba y que estás empoderada y que tienes que vivir así porque eso es lo que te da poder y control sobre los demás y no sé qué. 

Te expones a situaciones de abuso sexual porque estás con tíos a quienes no les importas nada. Un día, en una charla, un universitario me decía: “Oye, ¿no es más placentero tener sexo con una chica a la que no quieres? Porque así puedes hacer lo que quieras con ella y no te sientes culpable”.

Esta es la mentalidad que vivimos a día de hoy, porque es lo que nos ha enseñado la pornografía a nuestras generaciones. 

Es muy cruel estar del otro lado. Por eso es tan fácil cuando descubres que hay algo nuevo, no te digo asumirlo, pero al menos desearlo, desear algo diferente. El problema suele estar en sentir si soy digno o no soy digno de vivir algo así.

En mi caso, la diferencia es que yo me encontré con Jesús y sí me sentí digna de vivir algo así porque de repente me sentí amada por Él. Y Él me dijo que yo era preciosa a sus ojos, de gran valor, y que Él me amaba y había dado su vida por mí. Eso empezó a cambiar mi forma de percibirme a mí misma. 

Eso, ¿cuándo fue? 

– Con 13 años me encontré con Jesús, pero en realidad empecé a vivir bien las cosas del tema sexual en la universidad, como con 20-21 años, porque sí que me convertí y fui a tope con todo lo que era de la fe, pero nunca había tenido formación en temas de afectividad, no sabía nada.

Entonces cuando con 17 años conocí a un chico que me encantó y empecé a besarme con él, empecé a tener un noviazgo normal en el mundo. Fue en la universidad cuando conocí un matrimonio feliz y pensé que me gustaría que el mío fuese así. Investigué qué tenía que hacer y empecé a ver noviazgos en mi entorno que descubrí que no tenían relaciones sexuales. Eso para mí era algo absolutamente desconocido y empecé a alucinar. Más aún, cuando entendí este mundo de la afectividad y sexualidad desde la perspectiva de la antropología personalista pensé: “yo quiero esto”. Ahí cambié también mi noviazgo. Le dije a mi novio que no iba a tener más sexo con él, y le pareció bien, y nos casamos cinco años después. 

Ya se ve que no viene de una burbuja… 

– Ojalá viniese de una burbuja y me pudiese haber ahorrado todas las heridas que tuve, pero no, las viví y ahora puedo hablar con conocimiento de causa. Es verdad que lo que he vivido me ayuda mucho para hablar con autoridad.

Con todo lo que refleja, parece una conclusión evidente que la moral sexual de la Iglesia está basada en cuestiones puramente antropológicas, no son imposiciones sin sentido. ¿Es así?

– Sí, completamente. Vivir así es brutal. Te da libertad, ordenas todo, todo tiene sentido.

De hecho, como comento en el libro, hay quien ve en esto una de las razones de la expansión del cristianismo. Autores que desde una visión no cristiana, externa, sostienen que la moral sexual favoreció la expansión de la fe cristiana. Antes era normal la poligamia, el aborto, el desenfreno. ¿Cómo vivían los romanos? De repente aparece algo que pone orden aquí. Y es que el orden da mucha paz y libertad.

De repente, las parejas son monógamas, y no solo eso, sino para toda la vida; esa idea preciosa de hombre, protege a su mujer; ama a tu mujer como Cristo amó a la Iglesia y se entregó dando su vida por ella. Yo quiero un hombre así, capaz de dar su vida por mí como Cristo dio la vida por su Iglesia.

Esto es otro rollo. Porque el sexo está pensado para el matrimonio, para el para siempre. Incluso las consecuencias hormonales de cuando se tiene una relación sexual (la oxitocina, la vasopresina), que lo que provoca es una vinculación afectiva, el apego. El sexo está muy bien hecho, la persona está muy bien hecha, y está muy bien escuchar al Creador para hacer nuestro diseño, pero desde luego que da felicidad. Se lo puedes preguntar a cualquier persona que lo esté viviendo bien, si da felicidad o no. 

Con la multiplicación de fracasos matrimoniales, ¿la clave está en una correcta educación afectiva o sexual? 

– Pienso que sí. Fíjate, desde la Iglesia es muy “heavy” que para preparar a alguien al matrimonio le demos un cursillo que a lo mejor dura tres días. Hay que ver cómo estamos custodiando a los matrimonios, que es lo más importante. 

Un matrimonio feliz lo cambia todo. Porque esos hijos serán felices, esas comunidades se nutrirán de ello, todos nos nutrimos de un matrimonio feliz. Y no hay una imagen más perfecta de quién es Dios que un matrimonio feliz.

Dios en la Biblia constantemente usa la alegoría del matrimonio -es la más utilizada-, para hablar de cuánto nos ama y de cómo somos amados. Entonces, hay que custodiar y proteger los matrimonios felices. Y eso empieza cuidando a los chavales, desde la infancia, con un acompañamiento afectivo-sexual, de trabajar su autoestima, sus relaciones, sus amistades. En la adolescencia, responder a sus preguntas, a sus inquietudes, darles una capacitación y una formación. Cuando ya empiezan a buscar novio, pues acompañar esa soltería, acompañar esos noviazgos y acompañar, por supuesto, la preparación al matrimonio, que no son tres charlas. En tres días no me puedes preparar para el resto de mi vida. 

De repente te casas y dices ¿Y ahora qué? Si lo encuentro yo, que estoy formadísima en el tema, a veces desafiante, en algunas situaciones, me pregunto cómo hace la gente que no tiene esa formación. Lo que me extraña es que no haya más divorcios. Es que ha habido un absoluto abandono de lo que es el matrimonio.

Hay que preguntarse, desde cada comunidad cristiana, si estamos haciendo un adecuado acompañamiento, capacitación y formación de los matrimonios y de educación afectiva o sexual a lo largo de la vida.

Una última cuestión, puntual, que me ha llamado la atención. Sostiene que “las mujeres no deberían tener relaciones de amistad con quien no tengamos una relación de pareja”. ¿No ha habido gente que se haya echado las manos a la cabeza? 

– Cuando lo escribí pensé en la que me iba a liar poniendo esto… Pero es que cuando tú estás en un matrimonio lo entiendes. Es muy sensato, porque las áreas de mi corazón íntimas para el sexo opuesto tienen que estar llenas para mi esposo.

Obviamente, tenemos amigos y amigas de ambos sexos, pero la amistad íntima a quien recurro… Creo que la mujer necesita la experiencia de acogida de otra mujer en la amistad, que eso es fundamental. 

Ojo con tener una amistad íntima con otro hombre cuando estoy casada o cuando lo estoy intentando, o estoy en otra vocación, porque puede ser un riesgo, porque estamos muy bien hechos y estamos hechos para la complementariedad y es muy fácil enamorarse.

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