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Biografía
El “famoso Locke”, como lo llama Inmanuel Kant, fue el análogo a nuestro Jovellanos en Inglaterra, uno de los padres y más lúcidas mentes de la Ilustración. Educado en Oxford, tuvo una amplia cultura como médico, filósofo y político. Su Ensayo sobre el entendimiento humano fundó el empirismo inglés en filosofía y su teoría política del Estado estableció el estado de derecho sobre la monarquía absoluta. Su prestigio bastó para obrar en paz la Revolución Gloriosa de 1688, y fue inspiración en 1776 para los Founding Fathers de los Estados Unidos de América.
«Ensayo sobre el entendimiento humano», de John Locke
EXPOSICIÓN
Ideas simples
Contrariamente a un racionalismo cartesiano que, partiendo del pensamiento, admitía el innatismo de ideas, comienza Locke rechazando enérgicamente tal innatismo, ya que para él todo conocimiento parte de lo llegado por los sentidos, a lo que él llama “ideas”, en el sentido literal griego de “lo visto” o “lo conocido”. Las ideas simples son lo primaria o elementalmente “visto” o percibido por los sentidos, y pueden llegar por un solo sentido -el caso de un color o de un sonido- o por varios, como es el caso de la corporeidad, la cual percibimos por la vista y por el tacto; y puede tratarse de sentidos externos, como en los ejemplos mencionados, o internos, como es el caso de nuestra percepción del yo.
Estas percepciones simples o ideas simples, externas o internas, pueden presentarse bajo diversos “modos”, como por ejemplo las diversas posturas o el movimiento en un ser corpóreo, o las distintas percepciones del yo como yo que siente, yo que piensa, yo que duda. Así pues, estos modos simples vienen a ser lo clásicamente llamado accidentes. Y modo simples son también las diversas formas espaciales y la duración. Por último, una idea simple puede ser considerada en concreto, como un color blanco que veo, o en abstracto, como la blancura misma.
Ideas complejas: modos mixtos, sustancias y relaciones
Locke llama ideas complejas a las combinaciones de ideas simples, las cuales pueden ser modos mixtos o sustancias o relaciones. Por modos mixtos -o ideas complejas, en sentido estricto- entiende los complejos formados a voluntad juntando varios modos simples, como hacemos al definir un concepto, tanto de un ser real como ficticio.
Las sustancias sería un conjunto de ideas simples que se dan en un mismo ser que sub-está a todas ellas, y de la cual son cualidades. Cualidad primaria es la extensión la extensión, con sus modos de forma y movimiento. Las demás son secundarias pues todo sonido -y probablemente todo color, olor, sabor… se reducen a movimiento de partículas (hoy sabemos que el color son vibraciones del campo electromagnético). El oro, por ejemplo, sería una sustancia, y su brillo metálico y su fijación serían cualidades:
“Así, cuando hablando del oro decimos que es fijo, el conocimiento de tal verdad es sólo que la fijeza, o sea la potencia de permanecer en el fuego sin consumirse, es una idea que acompaña siempre y siempre va aneja a esa especie particular de amarillo, de pesantez, de fusibilidad, de maleabilidad y de solubilidad en agua regia, que componen la idea compleja significada por la palabra oro”.
Por último, llama también ideas complejas, en sentido amplio, a las relaciones entre ideas, ya que pueden ser entendidas como “ideas” o como “algo visto” en el sentido amplio del término “ver”: vemos relación entre dos ideas cuando somos capaces de yuxtaponerlas –dice Locke en un esfuerzo por explicarse- como abarcadas en un solo golpe de vista. Por la relación entre las ideas, el conocimiento o el recuerdo de una nos lleva a otra relacionada con ella (el buen estudiante de derecho capta la relación que guardan los artículos de una ley cuando la entiende con profundidad, muy distinto al mosaico inconexo e imposible de memorizar, que es una ley para el estudiante que no la ha entendido).
De las ideas simples dirá que las podemos conocer de modo claro y distinto -bien distinguibles unas de otras- y por tanto también conocemos de modo claro y distinto las ideas complejas en sentido estricto, puesto que conocemos todas las ideas simples que las forman (aunque puedan no ser reales, pues pueden ser la definición de un ser que no existe)
En cambio esas ideas complejas en sentido amplio que son las sustancias, no podemos conocerlas de modo claro y distinto, sino que son oscuras y confusas, porque no vemos al ser que sub-está en las impresiones que nos llegan juntas sino que solo vemos las impresiones mismas. Por tanto no tenemos verdadero conocimiento de las sustancias, sino solo de algunas de las ideas simples que las componen. Podemos con esas ideas simples enunciar un modo mixto – idea compleja en sentido estricto – como definición nominal de la sustancia, pero será siempre una aproximación quedando desconocida la sustancia misma.
Como no tenemos, pues, de las sustancias idea clara y distinta sino oscura y confusa, Locke las considera inútiles en filosofía, aunque él mismo no puede prescindir de ellas al usarlas en el sentido clásico de soporte de sus cualidades, tanto las que percibimos como las que permanecen ocultas a nuestra percepción. Y es que Locke conserva el sentido común inglés, y no puede admitir que sean cualidades de nada, han de ser cualidades de algo, y eso es para él la sustancia, aunque nuestro conocimiento de ellas sea oscuro y confuso.
Quid est veritas?
En el último capítulo examina Locke de qué verdad somos capaces, es decir, la adecuación de nuestras ideas con la realidad conocida, es decir, la verdad, ya que ésta es clásicamente la “adequatio inter intellectus et re”. Él distingue entre las proposiciones acerca de las ideas que enunciamos con intención de decir verdad, porque tenemos certeza de ellas, y las que enunciamos como meros juicios cuando sólo las vemos como probables.
Son verdad, o adecuadas a la realidad percibida, las ideas simples, ya que las percibimos de modo claro y distinto (Locke tiene sentido común y no piensa que algún geniecillo las haya puesto en nuestra mente), y lo son por tanto también los modos mixtos o combinaciones que hacemos de ellas, Por tanto, pueden ser verdaderos los enunciados que hacemos sobre ellas: sobre su identidad o diversidad; o sobre si cierta idea compleja se da en la realidad o es ficticia, como definiendo un ser imaginario.
Pero en lo que se refiere a las proposiciones acerca de las sustancias ¡de los seres! John Locke dice que nunca podremos podremos tener pretensión de verdad en lo que decimos acerca de ellas, sino que se tratará de meros juicios, con mayor o menor probabilidad, pero siempre sin certeza, ya que no sabemos lo que una sustancia es (esto se dice pronto, y parece que no tenga importancia, pero es sentencia de muerte para nuestro conocimiento del ser, si el lector lee bien).
Y en cuanto a la relación entre ideas, dice Locke que es posible verdadero conocimiento. En particular, podemos tener conocimiento de la relación de causalidad o de coexistencia necesaria que se puede dar entre ideas, es decir que podemos llegar a conocer que siempre que ciertas ideas simples coexistan, siempre que se dé cierta esencia nominal, deben darse también otras ideas, por derivarse necesariamente de tal esencia nominal.
“Pero únicamente en pocos casos se puede conocer la coexistencia de sus ideas… Por ejemplo, la fijeza del oro no tiene ninguna conexión necesaria, que nosotros podamos descubrir, con el color, el peso o con cualquier otra idea simple de las que forman nuestra idea compleja del oro”.
De hecho, este es el tipo de conocimiento que se da en la ciencia, ya que la ciencia solo trata de relaciones entre ideas, por lo que el lamento de Locke es debido a que la ciencia estaba en sus albores (poco podía imaginar que desde sólo una de las cualidades no visibles del oro, su número atómico, se podrían demostrar hoy como necesarias todas sus cualidades, incluida la fijeza).
Pero esto no es posible tratándose de “las substancias, donde se supone que una esencia real, distinta de la nominal, constituye, determina y limita la especie… como no podemos saber qué es, y qué no es, de esa especie… son pocas las proposiciones universales acerca de las substancias cuya verdad pueda ser conocida” (Locke habla de sustancia a veces con la noción clásica y a veces como idea compleja según su filosofía, pero siempre como algo incognoscible e inútil en filosofía).
Y así es como llega Locke finalmente, y de modo abrupto, a la moral, lo que fue el motivo de tan largo estudio. Para Locke, la moral trata de relaciones: la norma moral general puede ser derivada de las relaciones que deben guardar unas criaturas con su Creador, y ello aunque no existan criaturas ni exista creador; y además la moral especial trata de la relaciones existentes entre actos concretos y la norma moral general. Concluye así este hombre cabal , que supo hacer sus deberes, que es posible un conocimiento verdadero y objetivo acerca de la moral. Esto tendría más o menos valor, pero lo que había dejado en el camino era una teoría totalmente revolucionaria del conocimiento, donde las sustancias, es decir, el mismo ser, empezaba a estar de más.
CRÍTICA
Acertada descripción de nuestro conocimiento si se tratara solo del conocimiento científico, pero muy desacertada filosofía pretendiendo ser la descripción de todo el conocimiento humano.
Excelente filosofía de la ciencia
Y es que la ciencia empieza construyendo esencias nominales -lo que llama aquí Locke modos mixtos o ideas complejas- mediante definiciones que ponen en conjunto ideas simples. Siendo claro el correspondiente de esas ideas simples, claro es también qué seres correspondan a tales ideas complejas.
Y a continuación la ciencia estudia las relaciones entre las ideas complejas que ha construido -relaciones entre los objetos definidos en las teorías científicas-, y encuentra a veces relaciones necesarias, de modo que la coexistencia observada de tales ideas en un mismo ser, en la realidad, llega ser comprendida como una coexistencia necesaria.
Locke dice que el conocimiento de estas relaciones es posible para la ciencia, aunque, como ya hemos comentado, al escribir en 1690 , solo tres años después del arranque de la física en la obra de Newton Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, cree que pocas veces la ciencia lo consigue, poniendo como ejemplo negativo esas propiedades del oro que cree muy difícil que alguna vez la ciencia las encuentre en relación necesaria.
Ahora puede comprender el lector que los primeros conceptos científicos, en la prehistoria medieval de la física, naciesen precisamente en un ambiente nominalista (Oxford, primera mitad del siglo XIV). Y es que las ideas complejas de Locke, aquellas que conocemos claramente -como también sus relaciones- porque las construimos nosotros son exactamente los universales de los que habla Ockham en su Summa Logicae, los construidos por nosotros al definirlos (Ockham admite los universales, pero como mera construcción humana; no es pues “nominalista”, sino “conceptualista”).
Como hemos dicho, esto es lo que cabalmente sucede en ciencia. Fueron los Calculatores del Trinity College de Oxford quienes crearon mediante definición las primeras nociones físicas: movimiento uniforme, movimiento uniformemente acelerado, velocidad media, a las que más tarde seguirían otras como cantidad de movimiento, fuerza viva (energía cinética) etc., nociones que hicieron posible el nacimiento de la física en la obra de Newton, tras siglos de necesaria gestación.
Volviendo al ejemplo de Locke, el desarrollo futuro de esta ciencia permitiría definir el elemento oro por una sola cualidad -su número atómico- de la cual han podido deducirse, es decir, demostrarse en relación necesaria, todas aquellas cualidades de brillo, ductilidad, maleabilidad etc. observadas en el oro.
Sentencia a muerte de la metafísica
Ya que está diciendo, de todo el conocimiento humano, lo que sólo es válido para el conocimiento científico. Su descripción del conocimiento es, sí, una perfecta descripción de la teoría científica, pues, en efecto, ésta construye mediante definiciones ideas cuyas relaciones estudia. Pero el problema es el título del libro: pretende ser una descripción de todo el conocimiento humano. En este gesto filosófica está implícito el positivismo que aparecerá siglo y medio más tarde, para el que sólo el conocimiento científico, y no la filosofía, es conocimiento válido. Y no lo es la filosofía porque trata de nociones de las que no tenemos una idea clara y distinta, la principal de ellas – en la filosofía del ser, la metafísica- la idea de sustancia, precisamente aquella de la que ha dicho Locke que no tenemos idea clara y distinta.
El prestigioso Descartes había recetado un siglo antes, no filosofar con nociones de las que no tuviésemos idea clara y distinta. Para el Locke del Ensayo sobre el Entendimiento Humano, mejor nos iría en filosofía si prescindiésemos de la noción de sustancia: “Las nociones de substancia y de accidente son de poca utilidad para la filosofía… Si las palabras latinas inhaerentia y substantia fuesen traducidas llanamente … se mostraría qué utilidad tiene esa doctrina en la decisión de las cuestiones filosóficas”.
Hemos dicho que Locke no puede prescindir de las sustancias en su filosofía-algo contradictorio pues las considera inútiles- porque sin ellas las ideas simples con las que se inicia su filosofía serían meras impresiones sin nada que las causase: un brillo metálico o un sonido al golpearlo, pero nada que brille o suene. Pero un David Hume llegará a continuación que se atreverá a lo que Locke no se ha atrevido: desterrará de la filosofía la noción de sustancia, para quedarse con sólo las impresiones. Se habrá consumado así la pérdida del ser en filosofía. El error de aplicar a la filosofía las exigencias propias del método científico habrá sido la “crónica de una muerte anunciada” para la metafísica. Al final nos quedaremos con ciencia pero sin la sabiduría. Bravo, famoso Locke.
Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.



