Este día, con el rito penitencial de la imposición de las cenizas, marca el inicio del tiempo de Cuaresma, el camino hacia la Pascua. Es un tiempo de penitencia, purificación y conversión.
El día de hoy es conocido, de manera especial, como Miércoles de Ceniza, y el título de este día encaja perfectamente con el tiempo que comenzamos. La llamada a la renovación espiritual implica un cambio, un replanteamiento de nuestra vida, una reconsideración de las cosas. El rito de la imposición de las cenizas expresa bien esta llamada a la conversión, mediante una de las fórmulas que se utilizan: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”.
Miércoles y ceniza: dos palabras que evocan lo que sucede. El miércoles es un día que se sitúa en medio de la semana. Es un punto intermedio, un tiempo favorable para mirar atrás y mirar hacia adelante. Todos nuestros miércoles están marcados por las cenizas, pero, como expresó una vez un poeta: “cada uno de nuestros miércoles de ceniza anticipa tu victoria pascual sobre ese sabor seco de la muerte”.
La ceniza, con su color, es realmente algo grande. La ceniza es un tono de color gris. Es un color hermoso y con gran capacidad simbólica. El gris, aunque es un color distintivo, tiene algo de carácter intermedio. El diccionario nos dirá que es un color intermedio entre el negro y el blanco. Siempre parece estar al borde de algo, en el umbral de la evolución; verla es estar a punto de presenciar un cambio. Chesterton capta esta esencia de manera admirable al señalar que el gris existe para que “seamos recordados perpetuamente de la esperanza indefinida que hay incluso en la duda; y cuando haya tiempo gris en nuestras colinas o cabellos grises en nuestras cabezas, quizá todavía puedan recordarnos que hay mañana”.
Hoy, la Iglesia nos pone en estado de alerta ante el cambio, un momento oportuno para cambiar nuestras vidas. De esto trata precisamente el Miércoles de Ceniza. Las prácticas cuaresmales de la oración, el ayuno y la limosna, que leemos hoy en el Evangelio, están todas orientadas al cambio interior, y por eso se insiste en que se realicen en secreto. Como dice el Evangelio: “y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará”.
Las lecturas de hoy nos recuerdan que este es un tiempo favorable para la conversión, para volver al Señor. El profeta Joel nos transmite la invitación del Señor: “convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios”. Y la Iglesia dirige su súplica a toda la comunidad con las mismas palabras de san Pablo a los Corintios: “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios… ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación”.
Como expresa T. S. Eliot en su poema de conversión Miércoles de Ceniza, esperamos que este cambio sea auténtico:
Porque no espero retornar jamás / Porque no espero / Porque no espero retornar / Deseoso del don de éste y de la visión de aquel /
Ya no me esfuerzo más por esforzarme por cosas semejantes…



