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Maternidad subrogada: ¿Tener un hijo a cualquier precio?

La gestación subrogada plantea una pregunta incómoda pero decisiva: ¿puede una sociedad que se funda en la dignidad humana convertir el cuerpo y la vida en medios para satisfacer deseos ajenos?

Santiago Leyra Curiá·4 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
maternidad subrogada

©michelle mirabell

El concepto de dignidad humana es fundamental en la civilización occidental, una lograda síntesis del pensamiento griego, el derecho romano y la ética judeocristiana.

El filósofo de Königsberg, Immanuel Kant, recordó que el hombre no tiene valor, sino dignidad, puesto que cualquier valor se puede medir y calcular en comparación con otros: la dignidad, en cambio, es aquella propiedad por la cual un ser queda excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo la medida del cálculo.

Cualquier ser humano —digno por el mero hecho de serlo— nunca puede ser cosificado o utilizado como instrumento al servicio de fines ajenos a él. Todo miembro de la especie humana, por su dignidad ontológica, no solo es un fin en sí para sí mismo, sino un fin en sí mismo de manera objetiva y, por tanto, también para todos los demás.

¿Servicio reproductivo o instrumentalización humana?

En ocasiones, las disquisiciones teóricas no se entienden bien cuando se confrontan con la realidad social más inmediata: personas, parientes o amigos, que acuden a la gestación subrogada para tener un hijo. Superando los sentimientos encontrados, los escuetos mensajes de las redes sociales o las posiciones de partido, conviene reflexionar serenamente sobre este fenómeno de nuestros días para evaluar la maternidad subrogada en su relación con la dignidad de la gestante y del ser humano gestado.

En 2017, el Comité de Bioética de España afrontó, con rigor y acierto, este delicado asunto. En su fundamentado informe, el comité de expertos sostenía que “algunos entienden, también dentro de este Comité, que toda forma de maternidad subrogada es una forma de trata de mujeres pues supone instrumentalizar a la mujer para procurar un hijo a otra persona”.

Cuerpos necesarios, personas prescindibles

Lo cierto es que, si contrastamos el papel de la gestante (por dinero o de forma altruista) con lo que se pretende, es obvio que está siendo utilizada como instrumento al servicio de fines ajenos: por esto “la gestación subrogada supone —sigue diciendo el comité— un verdadero ejercicio de alienación para satisfacer el deseo de otra persona”.

Y el informe mismo añade: “Unos consideran que la mujer que presta su cuerpo para gestar el niño de otro consiente en que un tercero la reduzca a la condición de mero instrumento. Es obvio que todos consentimos cierta instrumentalización cuando prestamos nuestros servicios a cambio de una retribución. Pero, salvo que las condiciones de ese intercambio sean abusivas, no consideramos que el prestador de servicios sea un puro instrumento en manos de quien le paga”.

En muchos casos se ha puesto de manifiesto el carácter solamente instrumental de la gestante, frecuentemente mujeres pobres que recurren a esta práctica para subsistir, en condiciones parecidas a las granjas de producción animal.

Europa toma la palabra

Y considerando la naturaleza, al menos dudosa, de la maternidad subrogada en lo referente a la dignidad de la gestante y la de la criatura gestada, los organismos internacionales con una visión más amplia han manifestado su preocupación por esta práctica. Por ejemplo, el Parlamento Europeo en un informe de 2015 rechazó “la práctica de la gestación por sustitución, que es contraria a la dignidad humana de la mujer, ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como una materia prima”.

Años después, con motivo de la guerra de Ucrania (que por cierto es un país clave en la industria internacional de la maternidad subrogada), el Parlamento Europeo dictó una Resolución el 5 de mayo de 2022 que “condena la práctica de la gestación por sustitución, que puede exponer a las mujeres de todo el mundo a la explotación, en particular a las que son más pobres y se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como en el contexto de la guerra; pide a la Unión y a sus Estados miembros que presten especial atención a la protección de las madres de alquiler durante el embarazo, el parto y el puerperio, y que respeten todos sus derechos, así como los de los recién nacidos”.

Legalizar no apaga el fuego

Quizá por esto existe un cierto consenso europeo en el que bastantes países (como Alemania, Austria, Bulgaria, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Polonia o Suecia) prohíben la maternidad subrogada en sus territorios.

Esta prohibición les ha enfrentado en varias ocasiones con una dramática situación jurídica, al en encontrarse dentro de sus fronteras con ciudadanos que salieron de sus países y regresan al territorio nacional con un bebé obtenido mediante esta práctica ilegal: el derecho nacional (así como la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos) ha tenido que dar una respuesta de urgencia a este hecho consumado para proteger jurídicamente a un menor de edad que no tienen ninguna responsabilidad en el hecho de encontrarse —gracias a un contrato de gestación que, evidentemente, no firmó— en una especie de limbo jurídico.

Contra la conclusión intuitiva de que la legalización de la maternidad subrogada (por lo menos la altruista y voluntaria) pondría fin a estos dramas personales, el informe del Comité español ya citado advierte que “hay que tener en cuenta que la legalización de la maternidad subrogada en un país automáticamente trae consigo un incremento de la demanda, porque personas que no contemplaban en su horizonte esta posibilidad, empiezan a tomarla en consideración en el momento en que se oferta. A nadie se le escapa que la gestación subrogada de carácter altruista es imposible que cubra una demanda que previsiblemente crecería con su legalización”. Demanda que, además (con los precios a la vista) siempre tendrá la tentación de acudir al “mercado de contrabando”.

No todo deseo crea un derecho

Precisamente por esto tiene más sentido aún defender la “cancelación” de la maternidad subrogada, como ya se logró hace muchos años la abolición de la esclavitud: por eso un grupo de expertos de todo el mundo firmamos en su día la Declaración de Casablanca, en la que solicitamos a los Estados del mundo “la prohibición de la maternidad subrogada en todas sus modalidades y tipos, sea o no remunerada, y la aplicación de medidas para combatir dicha práctica”.

Muchos adultos están supeditando el derecho a sus sentimientos. Como dijo el profesor de la Universidad de California Robert López en un célebre testimonio en el año 2016, con estos posibles cambios legales “el niño cambia a los ojos de la ley. Pasa de ser una persona que posee derechos a ser un objeto de los derechos de otras personas. Los niños tienen derechos; no existen para satisfacer a los adultos (…). Nadie tiene derecho a otra persona. ¿Es el dolor del niño el precio que pagamos para satisfacerlas exigencias de los adultos?”.

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