En anteriores artículos de esta sección me he referido a la experiencia norteamericana que tiene un punto culminante en la Carta Pastoral de los Obispos de 1992 titulada La Corresponsabilidad: Respuesta de los Discípulos. Siempre que hablo de estas buenas prácticas me encuentro con ceños fruncidos y reticencia porque “ya sabemos que la cultura y las desgravaciones de las donaciones en aquel país son muy diferentes a las de Europa, de Hispanoamérica y del resto del mundo”. Tienen toda la razón esos “objetores” y por eso haré un intento de señalar aquellas prácticas que pueden ser transplantables independientemente de esa cultura y de su régimen fiscal.
Creación de un grupo de fieles. Ya me detuve en la importancia de este pequeño grupo que impulse e inspire la corresponsabilidad en toda la parroquia. Su misión es básica porque esta espiritualidad, esta forma de ser discípulos agradecidos, no es fácil que surja sin el empeño y la dedicación de algunos fieles que ofrecen su tiempo y sus cualidades para guiar a la parroquia.
Formación para los fieles y para los miembros del grupo de corresponsabilidad. Una vez formado ese grupo de fieles, conviene cuidar especialmente su formación. Hay numerosos materiales en la red, y algunas parroquias que llevan muchos años trabajando pueden ser una buena guía para recomendar textos y materiales que sirvan para conocer mejor todo lo que fundamenta la corresponsabilidad, sus raíces bíblicas, su fundamento teológico y su fecundidad pastoral.
Homilías que abordan y profundizan en la corresponsabilidad. La corresponsabilidad no puede estar asociada en la imaginación de los fieles a los momentos en que se solicita su colaboración económica. Eso constituiría un verdadero lastre para su entrega y su compromiso. Por eso, sería muy bueno que durante todo el año las homilías hicieran referencia a la corresponsabilidad y al agradecimiento a Dios por los dones y bendiciones que hemos recibido de su generosidad.
Testimonios de laicos sobre lo que la corresponsabilidad ha supuesto en sus vidas. Está demostrado que una de las cosas que más ayudan a las comunidades parroquiales es escuchar de primera mano a algunos laicos el impacto que ha supuesto la corresponsabilidad en su vida corriente. En concreto, cómo esta espiritualidad les ha ayudado a reconocer los dones y talentos que han recibido de Dios y cómo han aprendido a ponerlos al servicio de la misión de la Iglesia con alegría y gratitud.
Plan de Corresponsabilidad anual. Para evitar que la corresponsabilidad sea una cuestión asociada a las campañas anuales o a determinadas necesidades económicas urgentes, es muy útil contar con toda una serie de actividades a lo largo del año que ayuden a los fieles a descubrir los dones que han recibido y les inspiren para convertirse en discípulos agradecidos.
Informe anual de corresponsabilidad. A los fieles les resulta muy alentador comprobar cómo otros fieles ya están poniendo sus cualidades, su tiempo y su oración al servicio de la parroquia. Ese informe o memoria es una fuente de inspiración sobre posibilidades para involucrarse en la vida de la parroquia, más allá de sus muros, de las necesidades económicas y de sus actividades oficiales.
Rendición de cuentas y transparencia. Todos los expertos coinciden en que la rendición de cuentas y la transparencia, no solo relativas a las cuestiones económicas, son dos piezas claves para inspirar a los fieles y lograr que adopten un estilo de vida corresponsable. Los modos para lograrlo son muy variados: creación de foros abiertos para sugerir y comentar el presupuesto y el balance de la parroquia, informes en el boletín de la parroquia, desglose de datos en la web de la parroquia, informes personalizados enviados por correo y comunicación de resultados en las Misas del domingo. Cuando se combinan varios de estos canales de rendición de cuentas, su eficacia se multiplica exponencialmente.
Estas buenas prácticas están ya funcionando en comunidades parroquiales fuera de Estados Unidos. Es cierto que allí cuentan con una tradición muy consolidada y con una forma de vivir la corresponsabilidad muy desenfocada de lo económico. Pienso que ese es el principal reto que tenemos las parroquias para adaptar este estilo de vida que tantos frutos ha dado en servicio de la evangelización. Crear comunidades agradecidas no debería ser un privilegio local de ninguna Iglesia. Las experiencias que se están consolidando en otros países como Filipinas o España auguran un futuro de compromiso alegre y agradecido de los fieles que redescubren su papel insustituible en la edificación del Reino.
Profesor de Derecho patrimonial canónico, Universidad de Navarra



