Responder al mundo desde la radicalidad del Evangelio

La desaparición de la cristiandad ha dado paso a una sociedad postcristiana que exige a los católicos abandonar nostalgias y categorías del pasado. El reto no es adaptar la fe al mundo, sino recuperar una mirada verdaderamente cristiana para vivir y anunciar el Evangelio en la realidad actual.

1 de 10 月 de 2026·阅读时间: 2 分钟

Que la cristiandad, como ente sociocultural y político, ya no existe no es un descubrimiento para nadie. La realidad es que lleva más de doscientos años enterrada en la práctica aunque, en la mentalidad de muchos cristianos, continúa vigente. Son muchos -aunque no todos, gracias a Dios- los que siguen pensando en términos y categorías inexistentes.

No se trata del recurso facilón de “es que la Iglesia no se ha adaptado a los tiempos”, “hay que cambiar las cosas que ‘molestan’ de la Iglesia”, etc. No. Nos referimos a una mezcla explosiva que se asienta, casi de manera inconsciente, en el pensamiento de muchos católicos y que conjuga un sentimiento de “cristiano perseguido” junto con cierta añoranza de un pasado ¿seguro que mejor? y un desligue de la propia responsabilidad personal.

Como recordó el Papa León XIV en el inicio de sus catequesis sobre la Constitución Pastoral Gaudium et spes, “San Juan XXIII, ya en el discurso de inauguración del 11 de octubre de 1962, quiso mostrar su desacuerdo con los ‘profetas de calamidades’, que ‘aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia’”. Algo similar señalan los expertos de la Universidad de Mary en De la cristiandad a la misión apostólica, ante la nueva realidad de una sociedad postcristiana: “Una de las razones de este rápido desplome ha sido que el cambio que la visión global de la sociedad llevaba un tiempo experimentando pasó desapercibido y las instituciones de la Iglesia no se adaptaron a él, sino que continuaron lideradas con una actitud de ‘aquí no pasa nada’. Hasta que llegó un momento en que una visión cristiana tan erosionada fue incapaz de soportar el peso de la cultura: cayó la casa y fue grande su ruina”.

Efectivamente, no estamos en la época gloriosa de la cristiandad, probablemente porque la gloria de Dios, la real, pertenece a la esfera de la eternidad. En nuestra vida, como mucho, brilla como puede un atisbo de esa gloria, pero ese es nuestro “reino prometido”. Cuando los apóstoles preguntan a Jesús si va a restaurar el reino a Israel, Cristo no les señala una hora, sino que recibirán “la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra” (Hch 1, 8). El reino de Dios se conforma con la tarea de cada uno de nosotros, cada día.

Es especialmente interesante, en este punto de la historia social y de la historia de la Iglesia, la catequesis que el Papa León XIV está desarrollando sobre la Gaudium et spes, en la que nos recuerda que “la Iglesia está llamada a servir al ser humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo ‘la clave, el centro y el fin de toda la historia humana’” (León XIV, Catequesis en la Audiencia General, 2 de septiembre de 2026). No se trata de cambiar nombres a estructuras antiguas, de rebajar la doctrina o infantilizar la moral, sino de cambiar las estructuras mentales y hacerlas verdaderamente católicas para responder al mundo con la radicalidad de la Fe y del Evangelio.

阅读更多
《指南针》通讯 留下您的邮箱,即可每周收到我们精心挑选的、具有天主教视角的资讯。