Antonio Ulloa (12 de enero de 1716 – 5 de julio de 1795), nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa. Dos hermanas suyas fueron monjas y otro hermano fraile agustino. En cuanto a él, estudio en el Colegio de Santo Tomás, de los Padres Dominicos.
Muy joven ingresó en la armada española, y con solo dieciocho años fue nombrado teniente de navío. A esa edad emprendió junto a Jorge Juan la célebre expedición organizada por la Academia de Ciencias de París para medir el arco del meridiano en el ecuador, en lo que entonces era el virreinato del Perú. Tras completar las mediciones principales, Ulloa permaneció en Sudamérica durante más de una década, recopilando valiosos datos astronómicos, geográficos y naturales. Allí se convirtió en el primero en documentar científicamente el platino, metal que posteriormente introdujo en Europa, y parece que también fue el primero en observar las auroras australes.
Su prestigio como científico creció rápidamente: fue admitido en academias de ciencias de Londres, París, Berlín, Estocolmo y Bolonia. De regreso a España desempeñó cargos destacados en la Armada y en la administración científica, organizando el primer Gabinete de Historia Natural y de Metalurgia, germen del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales. También impulsó la modernización de la imprenta y la elaboración de mapas y cartas náuticas de gran precisión, fundamentales para la navegación española.
Ulloa siempre mostró una clara identidad como católico. Fue caballero de las órdenes de Santiago y Calatrava, y supo interpretar los hallazgos naturales en armonía con la fe. Así, por ejemplo, los fósiles marinos hallados en la cordillera de los Andes los entendió como parte de un proceso gradual de la historia natural compatible con la Biblia, en la misma línea que otros ilustrados católicos como el padre José Torrubia. La figura de Ulloa, clave dentro de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, representa la síntesis de marino, científico e ilustrado católico: un hombre que sirvió a su patria y contribuyó al progreso de la ciencia sin abandonar nunca su fe, convencido de que ambas búsquedas, la del conocimiento humano y la de Dios, se complementan mutuamente.
Universidad Pública de Navarra y SCS-España / Científico del CSIC.





