El modo de confesar del sacerdote influye profundamente en el penitente. Más allá de la dimensión sacramental objetiva (el sacramento actúa ‘ex opere operato’, es decir, es eficaz por la acción misma de Cristo), “la manera de acoger, escuchar y acompañar por parte del sacerdote al penitente, puede abrir o cerrar el corazón del fiel a la experiencia del perdón de Dios”, señala el estudio, titulado ‘Guía práctica para confesores’, disponible gratuitamente online.
Parece importante, en consecuencia, ofrecer algunas claves pastorales y psicológicas –sintetizadas en estas 9, pero podrían ser menos, o más–, que puedan ayudar al confesor a facilitar el encuentro con el penitente que desea el perdón de Dios en el sacramento de la Reconciliación.
Diez equipos de investigación con entrevistas a sacerdotes
El trabajo de investigación se sitúa en el marco de un proyecto internacional de la Fundación John Templeton, liderado por Francis Fincham (Florida State University), y busca entender la dimensión psicológica de la experiencia del perdón divino.
El proyecto coordina a diez equipos de investigación independientes, decenas de investigadores de distintas universidades (Harvard, Baylor University, Navarra) y de distintos continentes (Sudamérica, Australia, Italia, EEUU y España).
Uno de estos diez equipos se ha centrado en la experiencia del perdón en católicos a través de la confesión, con psicólogos, filósofos y teólogos como Martiño Rodríguez-González, María Calatrava o José María Pardo, que han liderado el estudio desde la Universidad de Navarra, María Pilar Martínez (Universidad Pontificia Comillas), Juan de Dios Larrú (Universidad Eclesiástica San Dámaso) y Joan D.A. Juanola (Universidad CEU-Abat Oliba).
En la investigación han entrevistado a veinticinco sacerdotes con una amplia y diversa experiencia pastoral, procedentes de distintos países y cercanos a diferentes realidades eclesiales.
Se sintetizan a continuación algunas de estas claves psicológicas y pastorales del confesor para facilitar la experiencia de Dios en el Sacramento de la Reconciliación.
1. Experiencia del confesor como penitente
El sacerdote no se presenta en el confesonario únicamente como sacerdote (ministro de Dios), sino también como hombre. Su propia experiencia de debilidad y reconciliación influye en cómo acompaña a los demás. Muchos confesores coinciden en que el hecho de confesarse ellos mismos les ayuda a ser mejores ministros de la misericordia.
Según los sacerdotes, señala la guía, confesarse con regularidad les permite descubrir qué actitudes ayudan verdaderamente al penitente y cuáles pueden dificultar la experiencia de la misericordia. Descubren el valor de una acogida incondicional, de una actitud positiva y animante, y de un trato que permita presentarse ante Dios sin necesidad de disimular el mal cometido.
Algunos entrevistados aseguran que tanto la confesión frecuente como el acompañamiento espiritual contribuyen a fortalecer la propia vocación sacerdotal.
2. Espacio sagrado, custodia del anonimato
El sacramento de la Reconciliación requiere del confesor una conciencia clara de que se encuentra en un espacio sagrado. Muchos sacerdotes describen esta actitud interior con la imagen bíblica: “Descálzate, el terreno que pisas es sagrado”.
Uno de los aspectos esenciales de este respeto es la custodia del anonimato, añaden los expertos. Cuando la confesión tiene lugar en el confesionario tras la rejilla, el confesor no debe tratar de identificar al penitente, y, si lo reconoce por la voz, evitar hacer referencias a la identificación.
En palabras de un entrevistado: “Cuando la persona se confiesa a través del confesonario, no ayuda que se sienta reconocida. El confesonario garantiza habitualmente el anonimato, y es importante que eso se respete”.
En este sentido, algunos confesores recomiendan favorecer la confesión tras rejilla en general y, especialmente, si el penitente tiene preocupación por la privacidad.
3. Sigilo sacramental
En este mismo apartado se sitúa “la garantía del sigilo sacramental. La confianza en que el confesor guardará silencio absoluto es condición indispensable para que muchas personas se atrevan a confesar sus pecados, en particular cuando el sacerdote es alguien cercano. Respetar este aspecto constituye, en sí mismo, un modo de facilitar la apertura y la experiencia del perdón”, explica la guía.
Aunque el estudio no lo menciona, en estos años algunos parlamentos o estados han aprobado leyes que requieren a sacerdotes vulnerar el secreto de confesión en casos de abusos a menores.
Sin embargo, la Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede ha mantenido que el “secreto inviolable de la Confesión proviene directamente del derecho divino revelado y está arraigado en la naturaleza misma del Sacramento, hasta el punto de no admitir ninguna excepción en la esfera eclesial, ni menos aún, en el ámbito civil”.
4. Disponibilidad y tiempo
Junto al aprecio profundo hacia el ministerio, otro aspecto decisivo para favorecer la experiencia del perdón es la disponibilidad del confesor y el tiempo que dedica al penitente. La vivencia del perdón en la confesión, subraya el estudio, se ve favorecida cuando el sacerdote se muestra realmente accesible y disponible.
La primera expresión de esta actitud es el cumplimiento de los horarios de confesión. Según los sacerdotes entrevistados, esto transmite confianza y anima a acercarse al sacramento.
“Yo siempre digo: luz verde, eficacia probada. Un sacerdote que está siempre ahí con la lucecita verde, eso a la gente le da seguridad. Y yo lo he comprobado muchas veces, que mucha gente empieza a confesarse incluso con frecuencia contigo porque sabe que siempre estás ahí”.
Por otra parte, el penitente necesita percibir que el sacerdote le escucha con atención plena, sin distracciones ni prisas. Como expresaba un entrevistado: “Yo puedo tener mucha prisa, pero me la aguanto. Estoy ahí, y sin que se note, no miro el reloj. El penitente debe sentir: Estoy aquí para ti, te escucho con toda mi atención”
5. Acogida cálida
La disponibilidad y el tiempo del confesor preparan el terreno para la acogida cálida e incondicional. En efecto, cuando el penitente se siente recibido con cercanía y respeto, puede abrir su corazón con confianza y disponerse a experimentar el perdón de Dios, exponen los entrevistados.
“Esta actitud de acogida comienza incluso antes de entrar al confesionario”, indican. “El sacerdote que fuera de él se muestra cercano, amable, sonriente y disponible ya despierta en el penitente una confianza inicial que facilita la apertura en el momento de la confesión”.
De manera particular, una palabra amable, un gesto de cordialidad o un saludo atento en el inicio de la confesión pueden crear un clima de serenidad que predisponga positivamente al penitente.
6. Escucha atenta y activa
Estos recursos ayudan a situar el encuentro en la presencia de Dios y a transmitir que es Cristo mismo quien acoge y perdona, añade la guía.
Favorecer un ambiente de acogida implica, sobre todo, “una escucha atenta y activa”. Escuchar más que preguntar, hablar lo necesario y evitar distracciones son actitudes que hacen que el penitente se sienta reconocido en su sinceridad.
Algunos confesores señalan que el contacto visual puede ser un apoyo para generar cercanía, aunque otros consideran que la rejilla protege la intimidad y facilita que el penitente se abra; discernir qué es lo más adecuado dependerá de cada situación.
El sentido del humor para distender el ambiente, o la referencia a la alegría de Dios cuando perdona pueden ser excelentes recursos. Actitudes de frialdad, rigidez, excesiva distancia o preguntas innecesarias, “pueden hacer que el penitente viva la confesión como un interrogatorio, en lugar de como un encuentro de gracia”, alertan.
Notas de Psicología
Los expertos psicólogos, en el marco de “transmitir acogida mediante la escucha empática”, destacan los siguientes consejos: “Escuchar sin interrumpir, Validar la experiencia, Parafrasear, y Evitar etiquetar y culpabilizar”, conceptos que se desarrollan en la guía.
7. Serenidad del confesor
La serenidad del confesor “es clave para que el penitente pueda vivir la confesión con confianza”. No basta con aparentar calma: “se trata de transmitir una paz interior que ayude a la persona a sentirse segura y acompañada”. Su tono de voz, gestos y actitud tienen un impacto en la serenidad de la confesión.
Para poder ofrecer esta serenidad, los entrevistados indican que “el confesor necesita apoyarse en su vida de oración”. Muchos sacerdotes destacan la importancia de invocar al Espíritu Santo antes y durante la confesión, pidiendo luces para saber orientar a cada persona: “Dame luces, Señor, que sepa ayudar a esta persona”.
Esta actitud orante ayuda a mantener la calma y a recordar que es Cristo quien actúa en el sacramento. Recordar la misericordia de Dios -“No hay nada que puedas presentar a Dios que Él no pueda perdonar”-, puede calmar la ansiedad y facilitar la apertura de la persona.
8. Poner el foco en Dios y en su misericordia
“La transmisión de la misericordia de Dios al penitente constituye la esencia misma del sacramento de la reconciliación”. El confesor tiene un papel decisivo en mostrar que Dios acoge al penitente con amor incondicional, favoreciendo que la persona experimente el perdón sin sentirse juzgada ni culpable de manera paralizante.
Para lograr esto, según los sacerdotes consultados, resulta útil “poner el foco en Dios y en su misericordia más que en los pecados del penitente”. Puede ser de ayuda emplear ejemplos de la Escritura, como los encuentros de Jesús con pecadores, que muestran la sobreabundancia del amor divino.
También es importante hacer hincapié en la actualización de la amistad con Cristo tras la confesión: Dios le perdona y le acoge tal como es.
Proponer penitencias pequeñas puede reforzar esta experiencia de misericordia, evitando que la persona se sienta desanimada o abrumada, señalan la guía.
Transmitir la misericordia no significa relativizar el pecado ni minimizar su gravedad. La misericordia se vive como una fuerza que acoge, fortalece y anima al penitente, ayudándole a reconocer el perdón de Dios y a reconciliarse consigo mismo de manera plena, explica la guía.
9. Explicaciones y consejos
En ciertas situaciones, las palabras del confesor pueden complementar la experiencia del perdón, ofreciendo claridad y orientación al penitente. Aunque no son el elemento central de la confesión, las explicaciones y consejos pueden
resultar útiles, especialmente cuando el penitente tiene poca formación religiosa o necesita comprender mejor la bondad y misericordia de Dios.
El uso de pasajes evangélicos, imágenes y símbolos puede ayudar a comunicar de forma concreta la misericordia divina.
Notas de Psicología
La observación que se realiza desde la empatía y el acompañamiento es “Invitar a la reflexión sin juzgar/reprochar”. Esto incrementa la probabilidad de que el penitente se exprese con confianza y asuma responsabilidad sobre sus actos, señalan los expertos.
En contraste, cuando la orientación se formula desde el juicio o el reproche, la persona tiende a sentirse atacada o humillada, lo que conduce al cierre interior.
La psicología muestra que, frente a críticas duras en estados de vulnerabilidad, la reacción más común es defensiva o de huida. Estas reacciones no favorecen el aprendizaje ni la reconciliación, sino que refuerzan sentimientos de vergüenza y resistencia.
Reconocer la dificultad y abrir un espacio de reflexión facilita que el penitente descubra caminos de cambio desde su propia experiencia, desarrollan los expertos en la guía, con algunos ejemplos.




