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“No tengas miedo”: el mensaje del único marista en Siria

El hermano George Sabe lidera en Alepo una red de ayuda humanitaria y educativa que que ayuda a cristianos y musulmanes.

Javier García Herrería·11 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
no tengas miedo

El hermano George Sabe es hoy el único hermano marista destinado en Siria. Desde Alepo, coordina una amplia red de ayuda a cristianos y musulmanes a través de los Maristas Azules. 

George Tabeé nació en Alepo, Siria, y descubrió su vocación marista siendo alumno de un colegio de la congregación en su ciudad natal. Pertenece hoy a la provincia mediterránea de los Hermanos Maristas y su trayectoria le ha llevado por distintos países de Oriente Medio y África, incluyendo una etapa en Costa de Marfil. Estos días visita España para presentar la campaña de Manos Unidas, que apoya proyectos educativos, de desarrollo y de reconstrucción del tejido social en el país.

Habla árabe y francés como lenguas maternas y conserva un fluido español aprendido hace más de cincuenta años, cuando realizó su noviciado en España. “Aprendí el español allí y sigo practicándolo”, explica con sencillez a sus 74 años.

En 2012, al inicio de la guerra en Alepo, regresó definitivamente a Siria. Desde entonces vive y trabaja en una ciudad devastada por más de una década de conflicto.

La mano de Dios

Entre los recuerdos más duros de su misión, el hermano George relata el secuestro de un padre de familia en 2013. Él mismo negoció con el grupo armado y llevó el dinero para su liberación, enfrentándose directamente a hombres armados.

En esos momentos, recuerda que le “vinieron las palabras de Jesús: ‘No tengas miedo’”. Días después, el secuestrado fue liberado. “Ahí descubrimos que el Señor estaba presente, acompañando e iluminando nuestras decisiones”.

Una experiencia que, como tantas otras, sostiene su convicción de que incluso en la guerra es posible educar, acompañar y sembrar esperanza. 

Maristas Azules: una Iglesia al servicio de todos

Actualmente, el hermano George forma parte de la asociación Maristas Azules, nacida en 2012 como respuesta directa a la guerra y al desplazamiento masivo de población. El proyecto hunde sus raíces en una iniciativa anterior, “Oreja de Dios”, creada en 1986 para apoyar a los cristianos más pobres de Alepo.

Con el estallido del conflicto, la acción se amplió y se transformó. Hoy, los Maristas Azules desarrollan 14 proyectos activos, centrados en tres ejes fundamentales: educación, desarrollo humano —especialmente de la mujer— y atención a emergencias.

“Somos 160 voluntarios”, explica, “y creemos en una Iglesia local al servicio de la población local, cristiana y musulmana”.

El único marista en Siria

En la actualidad, George es el único hermano marista presente en Siria. “Se necesita hablar árabe y aceptar la realidad de la guerra”, afirma. Sin embargo, subraya que no está solo: una amplia red de laicos formados en la espiritualidad marista sostiene el trabajo diario.

La mayoría de los proyectos atienden conjuntamente a cristianos y musulmanes. Algunos programas educativos están dirigidos incluso al 100% a niños musulmanes, como expresión de una misión basada en el servicio y no en la pertenencia religiosa.

El apoyo de Manos Unidas ha sido clave para sostener y ampliar estos proyectos. La ONG apostó por entrar en Siria de la mano de los maristas, financiando iniciativas educativas, programas de desarrollo para mujeres y microproyectos económicos.

“La educación es esencial para educar en la paz, la no violencia y el respeto al diferente”, subraya el hermano George. En cuanto al desarrollo de la mujer, destaca su impacto transformador en una sociedad donde la identidad femenina suele definirse en relación con otros. “Creemos que la mujer tiene su propia identidad y capacidades”.

Los microproyectos, impulsados desde 2014, buscan preparar a la población para un futuro en paz, permitiendo que las familias puedan vivir dignamente de su propio trabajo.

Cristianos en Siria: respeto, pero heridas abiertas

Según George, los cristianos no son una comunidad perseguida por el régimen actual, que, pese a su carácter islamista, ha mostrado respeto hacia la vida cristiana. “Celebramos la Eucaristía, vivimos nuestra fe con normalidad”, afirma.

Los ataques que se producen ocasionalmente, explica, proceden de grupos vinculados al Estado Islámico, no de las autoridades. “Lo que sufren los cristianos es lo mismo que sufre toda la población siria”, resume.

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