El timo del amor

En estos 40 días de preparación para la Pascua, reflexionamos sobre el “timo del amor”: cómo los engaños emocionales y la superficialidad del amor romántico nos alejan del amor verdadero, ese que Dios nos enseña a vivir con entrega y fidelidad.

1 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
timo del amor

Cada vez se oyen más casos de personas estafadas con el «timo del amor», un fraude que aprovecha la vulnerabilidad de gente de toda clase, nivel cultural y condición social. Y es que, ¿quién no quiere ser amado de forma incondicional?

Los embaucadores engatusan a sus víctimas con promesas de amor eterno y, llegado el momento en que la telaraña de halagos tiene bien sujeta sentimentalmente a su víctima, argumentan problemas sobrevenidos y urgentes que piden una rápida respuesta, lo que despierta la acción solidaria y poco razonada del incauto que llega a transferir sumas de dinero desorbitadas tras las cuales el otrora amante abnegado desaparece sin dejar rastro. 

El amor romántico y sus engaños

La antropología cristiana nos ofrece algo de luz para evitar caer en este tipo de trampas. En primer lugar, porque nos previene contra la mayor de las engañifas en la que la sociedad de hoy nos obliga a creer: la del amor romántico.

Un amor idealizado, no real, que lo reduce a un deseo, a una sensación placentera, a una chispa, vaciándolo de todo su contenido porque, sin sacrificio por el amado, no se llega a amar de verdad. La trola tiene tintes de pensamiento mágico y muchos creen a pies juntillas en una predestinación, en la existencia de una media naranja cósmica que los espera en algún lugar del universo y acumulan fracaso tras fracaso detrás de los ciento volando que se mueven por las aplicaciones de citas.

Eros y ágape: dimensiones del amor humano según la fe

Benedicto XVI explicaba en «Deus Caritas est» la diferencia entre el «eros», la natural atracción que busca al otro y desea unirse de forma en un primer momento egoísta y posesiva, y el «ágape», que tiene una dimensión de entrega, de donación gratuita, que requiere voluntad e implica sacrificio y servicio.

El amor romántico se queda en la superficialidad del eros, privando a millones de parejas de la sublimidad del amor tal y como Dios lo había pensado para el hombre y la mujer. Un amor que es fiel (para toda la vida) y que aleja del egoísmo promoviendo el servicio mutuo y la apertura a los demás a través de la acogida de los hijos fruto de ese amor. Hoy, esos valores se consideran obsoletos, lo cual es muy lógico porque nadie quiere sufrir, y amar a un esposo o una esposa y a unos hijos requiere sufrimiento, sí. Y, como dicen los mayores: «¡hoy ya nadie aguanta ná!». 

Dios como medida del amor verdadero

En segundo lugar, la fe nos ilumina en cuanto a objetivar nuestro deseo de ser amados. Quien ha conocido a Dios sabe que ningún amor humano puede superarlo y que al amor no se le encuentra saltando de amante en amante, porque ninguno nos llenará nunca. El amor humano es un simple reflejo, una mediación, del verdadero amor, que es Dios. El amor de una madre, el amor de un esposo o esposa, el amor de unos hijos, son maravillosos, pero imperfectos, porque como explicó muy bien San Agustín, «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón anda inquieto hasta que no descanse en ti». La carencia afectiva forma parte del ser humano, por eso hay que orientarla, desde chiquititos, para evitar caer en tantos sucedáneos como se nos ofrecen para calmar esa sed, como el amor romántico que nos ocupa o las adicciones.

Reflexión cuaresmal: no jugar con el amor de Dios

La fe nos ayuda a no caer en el timo del amor, pero también a vernos tantas veces como viles timadores. Porque también nosotros, y este tiempo de Cuaresma es propicio para reflexionar sobre ello, jugamos con el amor de Dios buscando nuestro beneficio. 

Le prometemos amor eterno, lo colmamos de oraciones y alabanzas, le juramos fidelidad y, cuando la necesidad nos aprieta, le urgimos a que responda con generosidad. ¿Y qué pasa cuando, después de tanto pedirle, de tanto llorarle, se apiada de nosotros y nos concede lo que ansiamos? Pues que cogemos las de Villadiego y, si te he visto, no me acuerdo, hasta otra ocasión en que nos veamos apurados. La diferencia con las víctimas del timo es que Él no tiene nada de ingenuo, nos ama a pesar de nuestros pecados.

Está muy mal eso de jugar con el amor incondicional de alguien, sobre todo cuando ese Alguien sería capaz hasta de dar la vida por uno. Por eso, en estos 40 días de preparación para la Pascua, nos puede ayudar el hecho de reconocer que esos «timadores del amor» no se esconden solo tras perfiles falsos en la deep web, sino que podemos ser tranquilamente usted y yo cada vez que negamos la presencia de Jesús en cada uno de nuestros hermanos necesitados, y cada vez que lo dejamos solo en el camino de la Cruz, ese signo universal del Amor verdadero, el que no nos timaría nunca. 

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Leer más
Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica