Cultura

El miedo en Occidente: Leer hoy a Jean Delumeau

Acaban de cumplirse seis años del fallecimiento del ilustre historiador francés católico Jean Delumeau (1923-2020). Su libro El miedo en Occidente (1978) ayuda a entender el mundo de hoy en el que el miedo no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado notablemente.

Marta Pereda y Jaime Nubiola·21 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

En 1978 Jean Delumeau publicó en francés su imponente libro El miedo en Occidente, que sería traducido al castellano en Taurus once años después (1989) con un subtítulo que acota con más precisión su tema Siglos XIV-XVIII: Una ciudad sitiada. La edición española de 2019 incluye un luminoso prólogo de Amelia Valcárcel: “Delumeau quiso escribir una nueva historia de nuestro mundo en la que las claves pudieran buscarse fuera de los registros corrientes. No en la economía o en la geopolítica, sino en los sentimientos. Y eligió uno especialmente notable, el miedo” (p. xi). Merece la pena detenerse aquí para considerar qué porcentaje de miedo tienen nuestras decisiones personales y colectivas y cuánto de ese miedo es razonable. A la luz de la historia y de los avances, podríamos quizás establecer cuántos actos, acertados o no, ocurrieron motivados por un miedo del todo infundado.

En realidad —añadía Valcárcel— el mundo ha dejado de ser apocalíptico hace bien poco, si es que ha dejado de serlo y esta nuestra larga paz no consiste en una suspensión temporal” (p. xii). Quizás esa suspensión temporal finalizó con la pandemia o con las guerras de Ucrania y Palestina, en cualquier caso, la larga paz ya no existe actualmente y el mundo comienza a aparecer de nuevo como apocalíptico.

Categorías de temores

Jean Delumeau habla de diferentes tipos de miedo: externos, internos, psicológicos, espirituales… y de cómo se utilizan con fines políticos. Aunque su libro se ciñe al espacio que media entre los siglos XIV a XVIII, la mayoría de los miedos que Delumeau identifica siguen vigentes: desde el miedo a la enfermedad -las pestes medievales y modernas se trocaron en la amenaza de pandemia- hasta el miedo a los conservantes que quizá envenenan la comida, a los disruptores endocrinos que infestan las cremas que nos echamos para tratar de ralentizar los efectos del sol o de la edad, pasando por el ostracismo social al que podemos vernos sometidos al hacer un comentario desafortunado en las redes sociales. Incluso la brujería, que podríamos equiparar al edadismo que nos rodea… A fin de cuentas, la bruja media es una mujer vieja; o bien a cualquier tipo de incidente que acabe en una caza de brujas. Si bien la inquisición moderna va más por el daño social y psicológico que por la tortura física, aunque no siempre. Y, por supuesto, el permanente miedo a la guerra, incluido el holocausto nuclear.

En resumen, desde la época medieval no hemos evolucionado mucho en Occidente en cuanto al miedo. Evidentemente, es una emoción humana de la que no parece que vayamos a deshacernos. Compartir y socializar el miedo parece a veces contraproducente, sin embargo, ¿debería de ser un tabú?

El prisma de las emociones

Estudiar historia desde las emociones -o desde cualquier otro enfoque que no sea político o económico- nos hace acercarnos a los otros seres humanos que han vivido antes que nosotros. La política y la economía exigen una aproximación más solemne, de traje y corbata, mientras que las emociones, los sentimientos, las relaciones entre las personas no necesitan un vestuario especial, ni un conocimiento de términos específicos y complicados; todas las personas tenemos sentimientos y emociones, y actuamos desde ellos la mayoría de las veces. Nuestras decisiones no son políticas, ni económicas, en gran medida son emocionales. Y las emociones, aunque los matices sean muchos, son más o menos seis: alegría, asco, ira, miedo, sorpresa, tristeza, dependiendo, por supuesto, de a quién se le pregunte el abanico puede ampliarse. ¿Quién no las ha sentido no solo una vez, sino una vez cada diez minutos? Sin embargo, la historia tradicionalmente no se estudia desde ahí; no nos estudiamos a nosotros mismos desde las emociones. Por eso es fascinante adentrarse en el libro de Delumeau.

Si hiciéramos nuestra propia estadística personal enumerando las ocasiones en las que el miedo a algo concreto acabó clausurando, por ejemplo, una amistad, o bien identificando cuánto tiempo, que es nuestro capital histórico, hemos perdido a causa del miedo. ¿Habrá merecido la pena? A fin de cuentas, la revisión de Delumeau, a más de un siglo de su nacimiento, debería hacernos crecer individualmente, con el peso leve pero irrefutable que tiene nuestra vida en la historia colectiva de Occidente, y en concreto, en el miedo en Occidente, que, lejos de detenerse, aumenta.

Sin embargo, el título de la obra y el tema no deben despistarnos. Como señala Valcárcel al final del prólogo: “Su tesis principal, a menudo oculta por la enorme cantidad de datos con los que la sustenta, es que Europa es sobre todo cristianismo y que esta religión, sus contenidos, nunca han sido tan aceptados, conocidos o dominantes como podríamos suponer. Que solamente ahora se están revelando y haciendo colectivos. Que sin ellos no podemos entender qué somos y qué nos caracteriza. Es un libro, digamos, de enorme autoanálisis histórico. Imprescindible para comprender lo que nos cabe esperar hoy.”(p. xv). ¿Sabemos distinguir con claridad qué es cristianismo y qué es la historia política que lo ha acompañado? ¿Podemos separar el mensaje del sobre en el que ha sido envuelto? Sin duda, se trata de una tarea decisiva para los cristianos en el siglo XXI.

El autorMarta Pereda y Jaime Nubiola

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