El arquitecto misionero francés Romain de Chateauvieux está de actualidad, porque los pobres están en el foco de atención de la Iglesia. Siempre lo han estado, pero la impresión es que ahora, más.
Su mujer, la brasileña Reina, nació y creció en una favela, en una familia muy pobre de San Salvador de Bahía. Ella se convirtió tras ser visitada por misioneros de su parroquia, que llevaba un sacerdote francés, muy misionero, explica Romain de Chateauvieux.
San Juan Pablo II visitó esa misma parroquia en un viaje apostólico, porque tenía el deseo de ir a los lugares más pobres del país. Y uno de ellos fue la favela de Reina. En esta conversación, Romain cuenta a Omnes la historia de su discernimiento vocacional, de la vocación de su mujer y la suya. Una familia con cinco hijos completamente implicada en Misericordia, una misión fundada un mes antes de la elección del Papa Francisco en 2013, que les recibió en Roma.
Hablamos del núcleo del carisma fundacional de Misericordia, sus proyectos en las periferias de grandes capitales: “Son cristocéntricos. Cristo está en el centro de todo lo que se hace. El vínculo estrecho entre la adoración y la presencia de Jesús en los pobres es común en los distintos proyectos de Misericordia”.
¿Cómo explican ustedes Misericordia, qué define su carisma?
—Misericordia se define como una obra de Iglesia al servicio de la evangelización y del servicio de los pobres en las periferias de las grandes ciudades del mundo. Nuestra misión y vocación es ser el corazón de Jesús que late día y noche por los más pobres. A esa tarea de compasión al servicio de los pobres y evangelización, anuncio del Evangelio, van sumándose mayormente laicos –jóvenes solteros, matrimonios, familias–, que vienen por seis meses, un año, dos o más, como misioneros y viven esa vida radical al servicio de la Iglesia y de los pobres.
También existe la manera de poder involucrarse como voluntario. Son personas que tienen su vida en el mundo, y que vienen de manera puntual una vez a la semana para participar y apoyar algún proyecto de Misericordia. Hay asimismo la posibilidad de trabajar en Misericordia con algún contrato. En total, hoy día hay como 30 personas de seis nacionalidades distintas que trabajan en los distintos países donde está Misericordia.
¿Dónde conoció a Reina, su mujer? Háblenos de su conversión, y de la suya…
—Reina vivió su conversión de adolescente leyendo la Palabra de Dios en una Biblia que encontró en su casa después de una visita de los misioneros de la parroquia. Al leer la Pasión descubrió que era muy amada por el Señor, y tuvo un llamado a corresponder a ese amor. Así que se acercó a la parroquia. Recibió el sacramento del Bautismo, la primera Comunión, la Confirmación, y pidió ser acogida en esta pequeña comunidad misionera que había armado un sacerdote francés al servicio de la parroquia y de la favela. Y estuvo viviendo ahí seis años.
Al visitar a ese amigo sacerdote francés, yo viví también esa conversión en el contacto de los más pobres. Fue un Viernes Santo, después de haber actuado de Jesús en el Vía Crucis. Visitando a una persona muy humilde, pude tener ese contacto con el Señor vivo en los pobres y escuché una pequeña frase que decía: “Romain, la felicidad que buscas al servicio de los más pobres, la encontrarás”. Y allí recibí ese llamado a dedicar mi vida a servir al Señor en los pobres, por amor a Él y por amor a la Iglesia.
Usted tuvo que discernir si tenía vocación matrimonial. ¿Cómo fundaron Misericordia?
—Reina y yo nos conocimos en esta pequeña comunidad misionera, vivimos varios meses juntos, una amistad muy bonita, una fraternidad muy del alma. Después, yo volví a Francia. Y estando allí en el discernimiento de mi vocación, fue muy claro el llamado a la vocación matrimonial, y un llamado muy claro con Reina. Así que después de graduarme como arquitecto, volví a Brasil, pudimos abrir el corazón, discernir juntos, y nos casamos en esta misma parroquia donde el Papa había venido a visitar a los pobres.
Fuimos enviados de misión por la Conferencia Episcopal Francesa por dos años a Estados Unidos, y habíamos pedido al Señor esos tres regalos de matrimonio: la oración, la sencillez de vida y la vida misionera. Con esos tres regalos nos fuimos de misión a Estados Unidos en un gueto poblado por clandestinos y migrantes de todo el continente.
Y ahí, durante dos años, armamos un trabajo misionero muy bonito que se concretó en un centro misionero que después se convirtió en una parroquia. Luego, al contacto de tanta gente de todo el continente, sentimos un llamado a una misión itinerante, al llamado de nuestros vecinos que nos pedían ir a su barrio, a sus ciudades.
Fuimos enviados por el Consejo Episcopal de Latinoamérica a los dieciséis países del continente durante tres años, para hacer esa misión de compasión, servir a los pobres, y de evangelización. Ir a los lugares más retirados, más excluidos, donde la Iglesia no llegaba de manera tan potente.
Posteriormente, al terminar ese recorrido misionero, sentimos un llamado a abrir esta experiencia a más personas, fuera de nuestro círculo familiar, Romain, Reina y los niños. Había gente que pedía experimentar la misión así, y entonces fundamos Misericordia un mes antes de la elección del Papa Francisco, con esa intuición de las obras de misericordia tanto corporales como espirituales, que se encontraban en el servicio a los pobres, la evangelización en el Corazón de Jesús, en la misericordia, y ahí se fundó Misericordia.
¿Qué subyace en cada proyecto social de Misericordia en el corazón de barrios de grandes ciudades, como Santiago de Chile, Paris, Nantes, Buenos Aires o Nueva York?
—Lo que tienen en común los distintos proyectos es el ADN de Misericordia: son proyectos cristocéntricos. Realmente, Cristo está en el centro de todo lo que se hace, se vive, y eso especialmente a través de una vida de oración muy eucarística, a través de la celebración de la Santa Misa, la Adoración eucarística. Para nosotros, la Adoración es realmente contemplar a Jesús presente en la Eucaristía, para seguir contemplándolo, como decía Madre Teresa, en los cuerpos fatigados de nuestros pobres.
Ese vínculo estrecho entre la Adoración y la presencia de Jesús en los pobres es muy céntrico y muy común en los distintos proyectos de Misericordia en el mundo. Y también el hecho que sean proyectos cristocéntricos, es decir, funcionan alrededor de la capilla de la Adoración, de la presencia del Señor en la Eucaristía.
Son proyectos sociales de innovación y de excelencia que trabajan en los barrios como un imán, que atraen a los vecinos porque son proyectos que responden muy de cerca a sus necesidades. Los vecinos acuden a nuestros proyectos y dentro de los proyectos, de manera transversal, está el contenido de evangelización, que permite que los vecinos descubran el gran amor del Señor, integren la vida de la Iglesia especialmente a través de los sacramentos, y puedan después volverse misioneros ellos mismos. Esto es muy transversal en los distintos proyectos de Misericordia en el mundo.
En realidad, es un anuncio del Evangelio… Habláis de cinco pasos.
—Como decía, es compasión y evangelización. Y la evangelización es el anuncio del Evangelio, que se hace mucho desde la amistad. Nosotros decimos que son como cinco pasos.
1) Vivir con la gente; venir a vivir, un poco la misma dinámica que la Encarnación. Jesús vino a habitar con nosotros. Emmanuel, Dios con nosotros.
2) El segundo; escuchar, escuchar los dolores, lo que hay en el corazón de nuestros vecinos.
3) El tercero; después de haber vivido con y escuchar, es entender. Cuando la vida de nuestros vecinos entra en nuestra razón, se entiende mejor el por qué de sus heridas, las dificultades, el pecado que puede haber en la droga, la delincuencia, la prostitución. Esto se entiende después de haber vivido, de haber escuchado.
4) El cuarto es que una vez entendido con la cabeza, eso baja al corazón y eso es dejarse herir, el amor de compasión, dejarse herir por él, por el dolor, por la cruz del otro.
5) El quinto paso es, desde esa herida, poder amar y anunciar. Es ese amor que brota del corazón herido de Cristo traspasado por la lanza. Entonces nuestro amor quiere brotar también de un corazón herido, traspasado por el dolor, el sufrimiento de nuestros vecinos.
Entonces, la evangelización va impregnada por ese proceso de compasión, la evangelización desde la amistad en el largo plazo, con mucha alegría, con mucha mucha prudencia y respeto, como amigos, como hermanos, compartimos el mayor tesoro que tenemos, que es el tesoro de la fe. Lo que tengo más preciado, más valioso, lo quiero compartir, porque te quiero y confío en ti, entonces no es proselitismo, es compartir un tesoro que el otro es libre o no de recibir y de acoger.
¿Puede comentar cómo le han influido las enseñanzas del Papa Francisco?
—El Papa Francisco ha sido para nosotros, bueno, para toda la Iglesia, una gran inspiración. Nos ha confirmado que lo que había en el corazón a través de Misericordia, esas intuiciones de anunciar el Evangelio, servir a los pobres, se iban confirmando con el Papa Francisco, con sus exhortaciones, sus encíclicas. Era como si el Espíritu Santo soplara en la misma dirección. Hemos gozado mucho con sus enseñanzas, especialmente hacia la misión, para los jóvenes, que están muy presente en Misericordia, también el servicio de los pobres, la presencia de Jesús ahí.
Y quizás también el deseo de una Iglesia pobre para los pobres, una Iglesia en salida, son muchas cosas que vivimos en Misericordia, y que han sido confirmadas por las palabras del Papa, del Vicario de Cristo en la tierra. Ha sido muy bonito.
También tuvimos, el privilegio de poder estar con él en Roma, estuvimos con nuestros hijos. Fue un encuentro muy bonito. El Papa dijo: “Me siento muy feliz de saber que las periferias de la Iglesia, a través de Misericordia, están muy bien cuidadas”. Se ha producido una comunión de alma muy grande con el Santo Padre. Y su última encíclica sobre el Corazón de Jesús ha sido para nosotros una luz muy grande, también una confirmación porque Misericordia se centra en el Corazón de Jesús, de donde brota la misericordia, y esa vocación nuestra de querer ser el corazón de Jesús para los pobres. Ha sido un regalazo del Espíritu Santo a través de la boca y de las enseñanzas del Papa Francisco.
El Papa León XIV publicó Dilexi te.
—En efecto, ha llegado la gran sorpresa, que es quizá la continuidad del Papa Francisco, unida a la visión del Papa León XIV. Para nosotros ha sido un gran gozo, que vamos gustando en la oración, esa centralidad del amor a los pobres en la Iglesia, en la vivencia de nuestra fe, un lugar también de nueva fecundidad en la historia de la Iglesia. Desde ahí, desde esa Iglesia pobre para los pobres, surgen grandes santos en la historia de la Iglesia. Para nosotros es una exhortación muy grande a la santidad, estando cerca de los pobres.
Algo que nos ha marcado mucho es ese protagonismo de los pobres en la construcción de la Iglesia de hoy, de mañana. Los pobres, dice el Papa León XIV, tienen una inteligencia específica e indispensable en la construcción del Reino de Dios desde las periferias. Para nosotros también es muy importante dar su pleno lugar a los pobres en la Iglesia y no solamente como sujetos sino como protagonistas.
El Papa habla de una discriminación muy fuerte que sufren los pobres, que es una discriminación de atención espiritual, y para nosotros eso es clave. En Misericordia, las obras de caridad son el medio para llegar a nuestro fin, que es el anuncio del Evangelio, el regalo de la fe, compartir ese tesoro de saberse amado desde siempre por el Señor desde toda eternidad. Misericordia es una exhortación muy potente a seguir siendo esa plenitud de la Iglesia en las periferias, para poder regalar a los pobres la belleza, la plenitud de la liturgia, de la evangelización, de la formación, del magisterio para los pobres.



