Hace unas semanas, en @aladetres_, Fabrice Hadjadj, el filósofo y escritor francés recién trasladado a Madrid para dirigir el proyecto Incarnatus Est, concedió su primera entrevista en español al joven Lluis Gracia. Si la escuchas, te darás cuenta que Hadjadj está ya preparado para ser sabio en español.
La pregunta por el sexo
Termina la presentación y una pregunta empuja, sin tapujos, queriendo ser la primera: «¿El sexo es pecado?». La pregunta por el sexo abre la entrevista a solas mientras todas las demás esperan. Las preguntas por el amor, el compromiso, la intimidad, por la familia y los hijos, por el transhumanismo y la digitalización, por el sentido de la vida, la muerte y la esperanza… se van formulando, una tras otra, encadenadas a la pregunta por el sexo (o por el pecado). En cierto modo, la teología del sexo es cabeza de cordada en la teología del cuerpo y la teología del cuerpo lidera la teología del hombre.
El misterio de la carne en el fondo del misterio cristiano
Nuestro entrevistado, Fabrice Hadjadj, respetuoso con la inquietud religiosa del que pregunta, a la cuestión por la pecaminosidad del sexo responde en cristiano: «No, nuestra religión es una religión de la carne».
Tendemos a pensar que el cristianismo es una espiritualidad. «Sí, pero no —matiza Hadjadj—, porque el cristianismo es la espiritualidad de la Encarnación (“El Verbo se hizo carne”) (…) En un mundo de desencarnación, de realidades espiritualizadas, es muy importante la carne: el misterio de la carne está en el fondo del misterio cristiano». No tengo un cuerpo, soy mi cuerpo.
La imagen de Dios en los cuerpos visibles
En este punto, Hadjadj da la vuelta completa al calcetín de la cuestión y contempla la realidad del sexo no desde la religión sino desde la antropología. Desde esta perspectiva, el filósofo hace de teólogo porque la suya es una antropología teológica, una antropología bíblica que suena a Juan Pablo II en su Teología de Cuerpo.
Refiriéndose al Génesis (Gn 1, 27), Hadjadj afirma: «Dios creó al hombre a su imagen y los creó, no varón y mujer, los creó macho y hembra (determinaciones animales). La imagen de Dios aparece en el sexo: los creó macho y hembra».
El hombre es la única criatura que ha sido creada a imagen de Dios. Lo nuclear de la imagen divina en el hombre está en su sexualidad. La sexualidad articula su esencia filial, «donal», comunional y fecunda. La dinámica de la diferencia sexual hace posible la verdad del amor. El Génesis señala la diferencia sexual en el hombre, no así en los animales.
Y el cuerpo lo expresa y lo manifiesta. «El cuerpo, y solo el cuerpo, es capaz de hacer visible lo invisible: lo espiritual y lo divino» (son palabras de Juan Pablo II en la audiencia general, 20 de febrero de 1980). El lenguaje del cuerpo hace visible la imagen de Dios invisible: o lo hacen los cuerpos o no hay imagen.
Visión del cuerpo cristiano vs. visión cristiana del cuerpo
Ciertamente, Fabrice, metido hasta las trancas en el paraíso, mirando cara a cara a Adán y a Eva, contemplando al hombre desde el misterio de su creación, universaliza la respuesta por el sexo. De este modo, la visión del cuerpo cristiano —del cuerpo de todo bautizado— alcanza al cuerpo de todo varón y de toda mujer —cristianos o no— y se convierte en la visión cristiana del cuerpo, de todo cuerpo. La visión cristiana del cuerpo y del sexo es la visión humana del cuerpo y del sexo.
No hay más que traer al caso «la cara que tenemos en el orgasmo, en el abrazo sexual —nos ilustra Fabrice. Esta no es una cara oficial; podría parecernos, incluso, una cara humillante porque es la cara de un cuerpo entregado a otro cuerpo, de una persona entregada a otra persona. El sexo es una exposición, es una vulnerabilidad, es un lugar de fragilidad, no de poder: es una vulnerabilidad del hombre que va a exponerse en un ambiente íntimo, que puede perder su potencia; y también es una vulnerabilidad de la mujer que puede salir embarazada de esa relación», o puede ser usada. Nuestros rostros nos hablan de un significado universal del sexo y del cuerpo.
El sexo es lugar de intimidad, de entrega y búsqueda del corazón
En este marco manifestativo, nuestros cuerpos no esconden sus fuerzas: «el sexo es lugar de placer» —afirma Fabrice—. Y solo para el hombre y la mujer (para todo hombre y para toda mujer, no para los animales), en la profundidad de sus sexos, el sexo es lugar de intimidad, de vulnerabilidad, de entrega, de donación, de dar vida: «el sexo es una realidad de intimidad, de entrega de tu corazón, de búsqueda del otro corazón», apunta Hadjadj.
Y en otro momento nos recuerda: «El sexo es una relación y es una relación carnal». Si no hay relación —si no existe la orilla que da forma a la entrega de uno mismo y a la búsqueda del otro, a la intimidad— la relación sexual no es relación, es solo sexo, es solo placer.
Y continúa: «Tu sexo habla. Tu sexo dice: “Estoy aquí para encontrar a una mujer que será siempre incomprensible —primer misterio—, y estoy aquí para dar a luz una nueva generación —segundo misterio—” (…) Y uno no quiere dar la vida, pero mi sexo me dice: “Tienes que hacerlo”. Mi sexo va como por delante de mi razón y me dice: “¡Adelante, da la vida!” (…) Porque el sentido de la vida —dirá en otro momento de la entrevista nuestro filósofo— no es una cuestión de duración (de prolongar la vida); el sentido de la vida es una cuestión de donación, de dar la vida y de dar a luz (y a cruz) una nueva vida».
Reformular la pregunta por el sexo
Ante esta visión integral del sexo, la pregunta por el pecado del sexo se delata como una pregunta reduccionista; como una pregunta que parte de un sexo fragmentado, de una concepción del sexo que se queda con el placer y tira todo lo demás.
En este caso, la pregunta por el sexo podría ser: ¿el sexo por el placer es pecado? Una pregunta que no necesita respuesta porque se responde ella sola.
Aun así, la primera fórmula se repite de generación en generación. «¿El sexo es pecado?» es una pregunta con eco, con un eco que no acaba. Verdaderamente, las generaciones se suceden y los cuerpos de los hombres y las mujeres siguen hablando el mismo lenguaje. Los jóvenes formulan (a gritos) las preguntas que les dictan sus cuerpos.
Los significados del cuerpo y el lenguaje del cuerpo
Y las personas llevan puestas las respuestas, solo tienen que contemplar sus cuerpos: las respuestas han sido inscritas en los significados de sus cuerpos.
Los significados del cuerpo nos cuentan que la vida nos ha sido dada (significado filial), que la vivimos para entregarla (significado esponsal) y para dar la vida a otros (significado fecundo).
Estos significados, dóciles a una gramática —la gramática carnal del don—, construyen el lenguaje de nuestros cuerpos. El lenguaje del cuerpo es un lenguaje que se habla en los cuerpos y que, a través de ellos, nos habla de Dios.
El sexo hace teología
«Dentro de un abrazo hondo hay que meditar lo que dice tu sexo, y la respuesta no puede ser otra que una respuesta de esperanza teologal, una respuesta teológica. Este es el misterio: mi sexo hace teología», dice Hadjadj en esta entrevista. Nuestros cuerpos son teológicos. «La primera señal (refiriéndose al deseo sexual) es una asignatura de teología (…), es una señal de esperanza que da la vida a otro, que reanuda la historia de la humanidad. Bajo tu pantalón está la capacidad de reanudar toda la historia de la humanidad (…) Lo más metafísico en lo más físico», afirma Hadjadj.
El sexo en el plan de Dios para el amor humano
Con todo, Fabrice nos sitúa la cuestión sobre el sexo en la perspectiva de una «antropología adecuada», la antropología de la Teología del Cuerpo. En esta perspectiva: el interlocutor es divino; el espacio es el paraíso; el tiempo es el sexto día de la creación; la pareja es la primera pareja, la del primer hombre y la primera mujer (y en ella, toda pareja).
En estas coordenadas, el sexo es «muy bueno»; es parte del plan de Dios para el amor humano. Respetarlo es lograr que «el tren del amor» no descarrile de «las vías del matrimonio y del parto».
En este camino de felicidad, los matrimonios respiran la atmósfera del paraíso —la misma que dos cuerpos retuvieron, para nuestra herencia, antes de tener que abandonarlo. Y el sexo es un gozo.
Farmacéutica. Experta en Educación Afectivo Sexual.




