Vaticano

El Papa urge a examinarnos sobre nuestra actitud con los pobres

“¿Somos signo de un Dios que es refugio para los pobres?”. Con esta pregunta, acompañada de otras incisivas, el Papa León XIV sitúa en el centro de la X Jornada Mundial de los Pobres, que tiene lugar el 15 de noviembre, una llamada a la conversión personal y comunitaria.

Francisco Otamendi·15 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Almuerzo Papa Pobres Noviembre 2025

León XIV habló a los invitados al almuerzo con los pobres, el 16 de noviembre de 2025, al que asistieron también miembros de organizaciones asistenciales (CNS photo/Lola Gomez).

En su mensaje para la próxima Jornada Mundial de los Pobres del 15 de noviembre, titulado ‘El Señor es el refugio del pobre’ (cf. Sal 14,6), el Pontífice invita a los cristianos a examinar seriamente su relación con quienes sufren la pobreza, la exclusión y el abandono.

Las preguntas que plantea en el cuarto apartado del Mensaje constituyen quizá uno de los núcleos más interpelantes del texto: “¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta? ¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura divina? ¿Nuestra caridad reactiva y sostiene en ellos el deseo de justicia y de rescate?”. 

Para León XIV, estas cuestiones no son meros ejercicios de reflexión, sino una exigencia de la fe que obliga a examinarnos hasta qué punto la Iglesia y cada cristiano se convierten realmente en refugio para los pobres.

Cinco apartados que parten del salmo. Ausencia de Dios e injusticia social

El mensaje, firmado y fechado el pasado 13 de junio de 2026, memoria de san Antonio de Padua, se articula en cinco grandes apartados. 

En el primero, el Papa León parte de las palabras del salmo: “El Señor es el refugio del pobre”. La referencia bíblica sirve para denunciar una realidad que considera muy actual: la injusticia social nacida de la corrupción, la arrogancia y la pérdida del sentido de Dios. 

Según el Pontífice, “los primeros en sufrir sus consecuencias son los pobres, que no por casualidad aumentan en muchas sociedades”. 

La ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento, explica el Pontífice.

“Así se exhibe una lógica desacralizadora de prevaricación y de descarte que margina y humilla. En esta condición se encuentran no sólo personas individuales, sino pueblos enteros.”.

El grito de los pobres es silenciado, y el ambiente digital aumenta la indiferencia

El segundo apartado se centra en el grito de los pobres. El Papa observa que hoy ese clamor corre el riesgo de ser silenciado mediante mecanismos cada vez más sofisticados. Incluso el ambiente digital, señala, puede contribuir a reforzar prejuicios y a extender una cortina de indiferencia sobre quienes sufren. 

Sin embargo, “el pobre sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial”, afirma. Precisamente porque vive con lo indispensable, descubre con mayor claridad lo que realmente importa y aprende a confiar en Dios como refugio seguro. León XIV subraya que muchas personas humilladas, solas o privadas de sentido encuentran en esa confianza una fuente de dignidad, esperanza y fortaleza para seguir adelante.

Los pobres, privados incluso de voz y rostro

En el tercer punto, el mensaje presenta a Jesucristo como realización concreta de la promesa divina. Dios no se limita a ofrecer protección desde la distancia, sino que se acerca a la humanidad en la encarnación de su Hijo. Jesús se convierte así en el verdadero refugio de los pobres porque comparte la condición humana hasta sus últimas consecuencias, incluida la cruz. 

El Papa recuerda que los pobres de hoy son con frecuencia personas “olvidadas y marginadas: despojadas de una palabra y de un rostro, además del pan”. Por ello pide que encuentren a Cristo especialmente en la Iglesia. WEn la Iglesia, su Cuerpo, es Jesús quien ofrece pan y amistad; trae luz y un horizonte de esperanza”. Frente a la acumulación egoísta de riqueza, propone compartir como expresión concreta del Reino de Dios 

El Papa León XIV celebra la Misa del Jubileo de los Pobres en la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 16 de noviembre de 2025 (Foto CNS/Lola Gómez). 

Preguntas para el examen dirigidas a los creyentes

El cuarto apartado constituye un núcleo central del documento. Si Cristo es refugio para los pobres, los cristianos están llamados a convertirse también ellos en refugio para quienes sufren. El Papa insiste en que la comunidad eclesial no puede permanecer encerrada en sí misma ni ignorar a quienes llaman a su puerta. Recordando una célebre reflexión de san Agustín sobre la parábola del rico y Lázaro, subraya que Dios conoce y pronuncia el nombre de los pobres, mientras que la riqueza puede conducir al olvido de lo esencial.

En este contexto introduce las preguntas dirigidas a la conciencia de los creyentes, citadas más arriba, una por una.

León XIV insiste en que la Iglesia debe superar cualquier división entre quien ayuda y quien recibe ayuda. Todos son pobres ante Dios y todos tienen algo que ofrecer. Cada persona es un don para los demás y portadora de una palabra única de Dios.

San Francisco de Asís: una anécdota ilustrativa

El quinto y último apartado está dedicado a san Francisco de Asís, de cuya muerte se cumple el octavo centenario. El Papa recuerda un episodio de la vida del santo: durante una peregrinación a Roma, Francisco se sintió profundamente conmovido por la situación de los mendigos. Para comprender verdaderamente su sufrimiento, intercambió sus ropas con uno de ellos y pasó el día pidiendo limosna entre los pobres. 

A través de este episodio, el Papa propone una enseñanza de gran actualidad: “es posible, también hoy, experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos”, escribe.

Conclusión: redescubrir el rostro concreto de tantos hombres y mujeres 

El mensaje concluye con una invitación a que esta X Jornada Mundial de los Pobres ayude a “redescubrir el rostro concreto de tantos hombres y mujeres que buscan refugio en Dios y desean sentirse acogidos en las comunidades”. 

“Mantengamos viva la obediencia a la Palabra de Dios, que suscita la conversión del corazón. Que la Virgen María, que en la carne crucificada del Hijo contempló el amor de Dios que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías (cf. Lc 1,53), interceda por nosotros”, termina el Papa.

El autorFrancisco Otamendi

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