Durante más de tres décadas, José Manuel Almuzara ha sido una de las figuras clave en la difusión de la figura espiritual de Antoni Gaudí. Arquitecto de formación, es presidente de la Asociación pro beatificación del arquitecto catalán desde el 10 de junio de 1992. Acaba de publicar el libro Gaudí, el arquitecto del alma, donde reúne testimonios y experiencias de personas que, a través de la obra de Gaudí, han experimentado una profunda transformación interior.
La causa dio un paso decisivo cuando el Papa Francisco firmó el14 de abril de 2025 el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Gaudí, lo que lo convierte en “venerable”. Almuzara, que ha dedicado décadas a promover su devoción y el valor artístico de su obra, habla de los episodios más concretos de su vida espiritual y su práctica religiosa diaria.
Ha estado más de 30 años promoviendo la causa de beatificación de Gaudí. ¿Cómo comenzó todo?
ーHace unos cincuenta años yo estaba estudiando arquitectura en Barcelona y conocí a dos discípulos directos de Gaudí que trabajaban en la Basílica de la Sagrada Familia. Tenían alrededor de 85 años y dirigían las obras. Me invitaron a su taller y ahí empezó todo.
Primero me atrajo la arquitectura, luego el hombre y finalmente el cristiano. Con el tiempo vimos que Gaudí no solo impactaba por su obra, sino que movía a las personas interiormente, incluso a la conversión.
Así que cinco laicos —dos arquitectos, un ingeniero, un escultor y un jubilado— fundamos en 1992 la asociación para promover su beatificación. Al principio muchos nos dijeron que aquello era una locura, pero aquí estamos ahora.
La Iglesia pide fama de santidad y devoción universal para una causa. ¿Qué ejemplos concretos ha visto usted?
ーMuchísimos. Recibimos cartas de todo el mundo. Recuerdo una muy especial de un directivo de la Cámara de Comercio de Pusan, en Corea del Sur. Era budista practicante. El gobierno le dio una semana para viajar a Barcelona y preparar una exposición sobre Gaudí. Después de esa semana escribió una carta preciosa. Decía: “La arquitectura de Gaudí hace que la gente descubra el hálito divino que palpita en ella”. Y añadía algo aún más sorprendente: que había vuelto a Corea con el deseo de ser católico. Y así fue: acabó bautizándose.
Otro caso fue el de un arquitecto italiano, Sandro Rondena. Tenía un cáncer considerado incurable. Su familia fue a rezar a la tumba de Gaudí en la Sagrada Familia. Tiempo después se curó y regresó a Barcelona con cincuenta amigos para dar gracias. Los médicos estudiaron el caso y lo consideraron extraordinario, si bien debía esperar cinco años, con el tiempo la enfermedad reapareció y murió años después. Pero aquel episodio dejó una huella muy profunda.
En su libro habla mucho de la vida espiritual de Gaudí. ¿Cómo era en la práctica?
ーGaudí tenía una vida religiosa muy intensa. Rezaba el rosario, iba a Misa diaria, comulgaba con frecuencia, leía el Evangelio, participaba en procesiones. Pero hay aspectos menos conocidos. Por ejemplo, en la Sagrada Familia se sumaba a las jornadas de desagravio para pedir perdón a Dios por las blasfemias que se oían en la sociedad. No era algo simbólico: participaba personalmente en esas jornadas de oración.
También tenía gran devoción a la Virgen. Sí, es muy interesante. En el Parque Güell diseñó unos viaductos con unas esferas de piedra. Si las cuentas, hay exactamente 150. ¿Por qué? Porque son los 150 misterios del rosario tradicional. Gaudí paseaba por el parque y rezaba el rosario contando esas esferas. Es decir, su arquitectura también era una herramienta para rezar.
¿Cómo era un día normal en la vida espiritual de Gaudí?
ーCuando vivía en el Parque Güell bajaba caminando a Misa a la iglesia de San Juan de Gràcia. Después desayunaba y se dirigía a la cripta de la Sagrada Familia. Allí rezaba de rodillas ante el sagrario. Y algo muy curioso: nunca usaba reclinatorio. Ponía un pañuelo en el suelo y se arrodillaba sobre él para rezar. Por la tarde acudía a las vísperas en el Oratorio de San Felipe Neri, donde además tenía dirección espiritual con el oratoriano Agustí Mas.
Uno de los episodios más sorprendentes de su vida es un ayuno extremo. Ocurrió en la Cuaresma de 1894. Gaudí estaba profundamente impresionado por el ejemplo de Cristo en el desierto y decidió imitarlo. Quiso hacer cuarenta días de ayuno y penitencia. Un discípulo suyo, el dibujante Ricard Opisso, se alarmó porque el estado de Gaudí era peligroso. Fue entonces cuando acudió al obispo de Vic, Josep Torras i Bages, para que interviniera. El obispo tuvo que convencerlo de que moderara la penitencia.
Benedicto XVI dijo que Gaudí “predicaba con su arquitectura”. ¿Comparte esa idea?
ーTotalmente. Gaudí no predicaba con palabras, ni discursos, sino con piedras, trazos, símbolos. Toda su arquitectura habla de Dios. Por ejemplo, en la cripta de la Sagrada Familia colocó en la clave de la bóveda el “sí” de María. Y si trazas una línea vertical desde ese punto llegas a la estrella que corona la torre de la Virgen. Es como un mensaje: si tienes a María en el corazón, puedes dar luz al mundo.
¿Qué significa para usted la próxima visita de León XIV a la Sagrada Familia?
ーVa ser un acontecimiento muy emocionante. Cuando visitaron la Sagrada Familia San Juan Pablo II y Benedicto XVI, ninguno bajó a rezar ante la tumba de Gaudí. Pero hay indicios de que el actual pontífice, León XIV, sí podría hacerlo. Ver al Papa rezando ante la tumba del venerable Gaudí para mí sería lo más impresionante, emocionante.
Todavía queda mucho trabajo escultórico en algunas capillas de la Sagrada Familia, ¿cuándo cree que estará terminada?
(Almuzara sonríe y recuerda la respuesta que el propio Gaudí daba siempre). ー “Mi cliente no tiene prisa”. Una frase que resume la espiritualidad de un arquitecto que concebía su obra no solo como un proyecto artístico, sino como una auténtica catequesis de piedra.


Gaudí, el arquitecto del alma




