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Los amigos mercaderes de santa Teresa de Jesús

Breve reseña sobre uno de los artículos incluido en el libro "Estudios históricos: Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz" de Teófanes Egido".

José Carlos Martín de la Hoz·10 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús, por fray Juan de la Miseria (Wikimedia Commons)

Una de las aportaciones de las obras de santa Teresa de Jesús (1515-1582) a la historia de la espiritualidad y a la historia de la moral cristiana es, indudablemente, el fondo antropológico que contienen, pues, frente al negativismo y pesimismo luterano —para el cual el hombre estaba condenado al infierno y al pecado, ya que su naturaleza se hallaba completamente corrompida por el pecado original—, Teresa de Jesús mostrará una visión optimista del hombre, llamado a la santidad de vida y, aún más, a la vida de contemplación en el vivir diario y en el quehacer ordinario.

La editorial de espiritualidad burgalesa Fonte ha decidido seleccionar 24 artículos (15 sobre santa Teresa y 9 sobre san Juan de la Cruz), publicados en revistas especializadas, como homenaje al autor de los mismos, el profesor Teófanes Egido (1936-2024), un ilustre catedrático que tanto hizo por dar a conocer dos figuras clave de la mística castellana del Siglo de Oro. Los coordinadores de la edición fueron los profesores Salvador Ros García y Luis J. Fernández Frontela.

Queremos detenernos en uno de esos artículos, titulado “Mis amigos mercaderes: gentes del común, colaboradores en las fundaciones de santa Teresa”, que nos servirá para entender la visión de la economía y de sus gentes que tenía la santa en el siglo XVI.

El autor se ceñirá a los años comprendidos entre 1562 y 1582, tiempo de las fundaciones de la santa por tierras, sobre todo, de Castilla, y utilizará como fuente principal el “Libro de las fundaciones”, remitiendo a la bibliografía específica para el resto de las cuestiones (253).

En primer lugar, la santa se referirá a la falta de libertad interior tanto de los miembros de la nobleza como de la hidalguía en general y de sus servidores, todos ellos esclavos del mundo, de las formas y de las costumbres, y entregados al “qué dirán” (254). A ellos dirigiría la oración de la santa, pues de la piedad y santidad de vida de la nobleza dependían muchos miles de personas y las buenas costumbres del pueblo (255-256).

Asimismo, Teófanes Egido se referirá al concepto de belleza que imperaba en la época y a la patraña de que, si las mujeres eran hermosas, no deberían entrar en clausura ni ser para el Señor, como si la belleza fuera un impedimento (257).

A continuación, tratará también de los pobres, especialmente de los llamados “pobres vergonzantes”, es decir, aquellos que habían sufrido un quebranto económico, se habían quedado en la calle y sentían vergüenza de que se conociera su condición (257).

Particular interés tiene la relación de la santa con el gremio de los constructores, albañiles y aparejadores, quienes muchas veces trabajaban fiados, confiando en el crédito y en la fama de milagrera que tenía la santa; no obstante, se muestran como hombres de buen corazón, preocupados por su familia y honrados a carta cabal (263).

Asimismo, se describirá el mundo del transporte —diligencias, carreteros, mozos de cuadras, bestias y modos de tracción— (267). Los encuentros con las gentes de ese gremio muestran tanto la incultura del pueblo como su buena fe. En cuanto al estado de las carreteras, ciertamente estaban muy atrasadas (269).

En el ámbito de la comunicación, santa Teresa descubrió la eficacia de los transportistas y de las postas a la hora de enviar cartas, pues eran de tanta diligencia o más que el servicio de correos, que ya funcionaba (271).

Centrándonos en los mercaderes, en primer lugar, Teófanes Egido resaltará que la Madre era una mujer que había vivido toda su vida en una ciudad importante, como Ávila, y no tanto en el campo; por eso, sus proyectos se centraron en grandes villas donde hubiera posibilidad de limosnas y protección para sus hijas (272).

También comenta Teófanes que la santa provenía de una familia de mercaderes, tanto por parte de su padre como de sus abuelos; por tanto, ese era el ambiente en el que se desenvolvía su familia y las familias con las que ella había de tratar.

Las limosnas que podían llegar de Indias la llevaron a entrar en contacto con el mundo de la Casa de Contratación de Sevilla y con el de la navegación, donde los contratos estaban a la orden del día y donde puede observarse la naturalidad con la que se realizaban los llamados préstamos en precario, que habían sustituido a los préstamos usurarios tras la expulsión de los judíos de España en 1492 (273). Estas cuestiones, dilucidadas por la Escuela de Salamanca, pueden estudiarse con más detenimiento en el libro de Bartolomé de Albornoz, publicado en Valencia en 1573.

Ciertamente, la otra gran fuente de limosnas provenía de los mercaderes de la lana que actuaban en las grandes ferias, tanto en Medina del Campo como en Burgos. Allí buscaba la santa mercaderes honrados, de buen corazón, preocupados por la salvación de su familia, de la nación y de su alma. Santa Teresa es testigo de algunos reveses económicos serios con motivo de la lana, y llega a comentar, según nos narra Teófanes: «Burgos no era lo que había sido» (273).

Precisamente, el profesor José Antonio Álvarez Vázquez escribió un interesante trabajo sobre este asunto en el volumen colectivo Teresa de Jesús y la economía del siglo XVI (Trotta, Madrid, 2000, pp. 182-184), en el que narra algunas de las peripecias económicas y hambrunas en la Castilla de la época (274).

Indudablemente, santa Teresa “no escatima alabanzas a los comportamientos de los mercaderes […]. No solo ensalza sus virtudes, sino que, además, no se anda con remilgos al proclamar su amistad con ellos, y el “amigo mío” es casi inevitable cuando aparece el mercader: ‘un mercader, amigo mío del mismo lugar, que nunca se ha querido casar ni entiende sino en hacer buenas obras con los presos de la cárcel y otras muchas obras buenas que hace’ (Fundaciones 15, 6)” (275).

No podemos terminar esta breve reseña sin traer a colación unos comentarios de la santa sobre los mercaderes que indican la finura de su alma y el buen corazón de aquellos hombres: “los mercaderes son sensibles, capaces de emocionarse y de llorar ante el espectáculo de la pobreza de virtud extrema que viven los frailes”.

Estudios históricos: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz

Autor: Teófanes Egido
Editorial: Monte Carmelo
Longitud de impresión: 708 páginas
Fecha de publicación: 2026
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