Céline Tendobi (52 años), cariñosamente conocida como Baby Tendobi, es hoy uno de los grandes referentes en la defensa de la salud materno-infantil en la República Democrática del Congo.
Su historia no es solo la de una médico brillante, sino la de una mujer que decidió nadar a contracorriente en un país donde el talento suele emigrar y la salud es un lujo que pocos pueden costear.
Esta mujer, que acaba de cumplir un cuarto de siglo salvando vidas, subraya que “mis padres eran buenos cristianos, y nos educaron en esos valores; nos explicaban que teníamos que estudiar a conciencia para poder ayudar en el futuro a la gente de nuestro país, viviendo siempre la caridad cristiana, algo difícil en el Congo donde casi todo el mundo es muy desconfiado”.
Tras finalizar sus estudios de Medicina en la Universidad de Kinshasa, Céline tuvo claro que quería dedicarse en cuerpo y alma a salvar vidas. Su destino fue el Hospital Monkole, situado en Mont-Ngafula, un barrio periférico de Kinshasa donde la precariedad es lo habitual.
En esta zona, muchas familias sobreviven con apenas 2 o 3 euros al día, en un contexto nacional donde la RDC ocupa los últimos puestos en el Índice de Desarrollo Humano y posee una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo (más de 400 muertes por cada 100.000 nacidos vivos).
Vocación de servicio
La vocación de la doctora Tendobi fue precoz y observadora. Estudió en el centro Mamá Mobutu y el Complejo Escolar Cardinal Malula, pero su verdadera escuela fue la realidad de su país: “Desde pequeña sabía que tenía que ser médico porque me llamaba mucho la atención ver a los médicos -sobre todo a las mujeres- tratar a los pacientes con cariño. Yo quería hacer lo mismo”, recuerda en una entrevista para el pódcast Voces del Congo, un espacio que acerca la realidad de esta zona africana a los oyentes.
Para ella, la medicina nunca fue una transacción, sino una entrega: “Era como una pasión, como ofrecer lo que tengo dentro a otras personas. Hay muchas mujeres que han seguido el mismo camino. Antes no había muchas mujeres médico, había más enfermeras, pero eso está cambiando”.
Dos mundos
Buscando la excelencia para servir mejor, Céline obtuvo una beca para especializarse en la Clínica Universidad de Navarra, en España. El choque cultural y profesional fue inmenso. “Enseguida te das cuenta de que la situación no es la misma. En España había carreteras de buena calidad, los medios de transporte funcionaban a la perfección… En la CUN había todo tipo de aparatos. Para mí era como un paraíso”, explica.
Este contraste es doloroso si se compara con la realidad de Kinshasa, una megalópolis de 20 millones de habitantes sumida en un caos circulatorio brutal, donde recorrer pocos kilómetros puede llevar tres horas debido a la falta de infraestructuras.
Fuga de cerebros
Sin embargo, frente al fenómeno de la “fuga de cerebros” —donde cientos de médicos congoleños emigran cada año a Francia, Bélgica o Canadá buscando salarios competitivos—, Céline mantuvo su promesa.
“Yo quería ir a España para conseguir esta formación y volver a mi país para devolver lo que aprendí. Nunca me planteé abandonar mi tierra. Sabía que estaba en España en una misión para luego volver y tratar a las mujeres de mi país”, afirma con rotundidad.
Hoy, como Directora del departamento de Ginecología del Hospital Monkole, su jornada empieza antes que la de nadie. A las 7:30 a.m. ya está reunida con el equipo para evaluar quién ha dado a luz por la noche y quién enfrenta complicaciones. En un país donde la hemorragia postparto es una sentencia de muerte frecuente, cada minuto cuenta.
“En ocasiones nos encontramos con pacientes que pierden sangre de madrugada y no hay suficiente en el banco para salvarlas. Hemos tenido que recurrir a donaciones urgentes de nuestros propios médicos y enfermeras para lograrlo”, relata, evidenciando la precariedad extrema que suplen con heroísmo personal.
Elikia: Esperanza contra el cáncer
Uno de sus mayores hitos es el Proyecto Elikia (“Esperanza” en lingala).
Durante su formación, Céline veía con impotencia cómo mujeres jóvenes con cáncer de cuello de útero morían a las pocas semanas de llegar al hospital porque la enfermedad estaba demasiado avanzada.
El cáncer de cérvix es la primera causa de muerte femenina en el Congo, por delante del de mama.
Gracias al doctor Luis Chiva, Jefe de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra y otros especialistas españoles y congoleños, lograron instalar un centro de cribado en Monkole. “La clave es la prevención. En África hay muchas dificultades para tratar, pero con la prevención podemos evitar que la enfermedad aparezca. Una mujer no puede morir dando a luz o por un cáncer evitable; eso se puede prever perfectamente”. Hasta la fecha, más de 5.000 mujeres se han beneficiado de este programa.
Implicación de la comunidad
La formación del personal local ha sido un pilar fundamental del Proyecto Elikia, ya que su objetivo no es solo enviar ayuda puntual, sino crear una estructura sanitaria autónoma y de alta calidad en la República Democrática del Congo.
Muchas mujeres temen volver al hospital por miedo al diagnóstico o por estigma social. Para ello el proyecto trabaja con:
Líderes locales: Colaboran con líderes comunitarios y religiosos para que animen a las mujeres a completar sus tratamientos.
Educación familiar: A menudo se involucra a la familia para que comprendan que el tratamiento preventivo es mucho más sencillo y económico que tratar un cáncer avanzado.
Muchos líderes o personas influyentes designadas por ellos reciben una formación básica por parte del equipo de la Dra. Tendobi.
Se les explica de forma sencilla qué es el cáncer de cuello de útero y cómo se puede prevenir.
Además, se les dota de herramientas para desmitificar miedos (como el temor a que la prueba cause infertilidad o que sea dolorosa).
Estos líderes se convierten en “multiplicadores” del mensaje en los mercados, plazas y reuniones vecinales.
Los líderes a menudo presentan a mujeres de la propia comunidad que ya han pasado por el cribado y están sanas, lo que genera un impacto mucho mayor que cualquier folleto médico explicativo.
Los líderes comunitarios son fundamentales para cambiar la narrativa. Ellos explican que el cáncer de cuello es una enfermedad causada por un virus (Virus de Papiloma Humano) que casi todo el mundo puede tener y que detectarlo a tiempo es un acto de responsabilidad familiar.
Ayudan a explicar que “una madre sana es el motor de la familia”, apelando al valor social de la mujer en la estructura congoleña.
En definitiva, la doctora Tendobi y su equipo entienden que la medicina termina en la puerta del hospital, pero la salud empieza en la comunidad. Sin estos líderes, el Proyecto Elikia solo llegaría a quienes ya están informadas; gracias a ellos, llega a quienes más lo necesitan.
Gracias a la ayuda que le presta la Fundación Amigos de Monkole, los casos positivos de mujeres sin recursos económicos están cubiertos por fondos de solidaridad. Saber que el tratamiento será gratuito o altamente subvencionado es el incentivo más fuerte para que la paciente complete el seguimiento.
Seguimiento y cuidados
Para las pacientes tratadas, el proyecto establece un calendario de revisiones (generalmente a los 6 meses o al año). El hospital mantiene un contacto estrecho mediante recordatorios vía SMS, un método muy efectivo en el Congo, donde el uso del teléfono móvil está muy extendido incluso en zonas vulnerables.
La organización de las campañas de cribado en comunidades vulnerables por parte del Proyecto Elikia y el Hospital Monkole es una operación logística y social de alta precisión. No se trata solo de realizar pruebas médicas, sino de desplazar toda una estructura de salud hacia zonas donde el acceso es casi imposible.
Bajo el liderazgo de la doctora Tendobi, la formación para desarrollar este proyecto se ha centrado en distintas áreas críticas, donde destacan las Técnicas Avanzadas de Cribado (Screening).
El personal local (médicos y enfermeros) ha sido capacitado en métodos de detección precoz que son fundamentales en contextos con pocos recursos:
Inspección Visual con Ácido Acético (IVA) y Lugol (IVL): Técnicas de bajo coste pero que requieren una gran pericia visual para identificar lesiones precancerosas en el cuello del útero.
Citologías y pruebas de VPH: Formación en la toma de muestras y, lo más importante, en la interpretación técnica de los resultados.
El Proyecto Elikia, con la participación de expertos en epidemiología y medicina preventiva como la Dra. Silvia Carlos, y el Dr. Gabriel Reina, especialista en microbiología clínica, ha formado al personal en:
Seguimiento de pacientes: Creación de bases de datos y protocolos para asegurar que las mujeres que dan positivo en un cribado no se pierdan en el sistema y reciban su tratamiento.
Educación sanitaria: Capacitación de los trabajadores sociales y enfermeras para que sepan comunicar la importancia de la prevención a las mujeres de los barrios más vulnerables, adaptando el lenguaje médico a la realidad local.
En resumen, el Proyecto Elikia ha pasado de ser una iniciativa médica a convertirse en un modelo de sostenibilidad sanitaria para el Congo, demostrando que con prevención y alianzas internacionales es posible reducir drásticamente la mortalidad femenina incluso en contextos de extrema pobreza.
Monkole: Un modelo de dignidad
Monkole, fundado en 1992, es hoy un oasis de 130 camas y 350 empleados que rompe las reglas del sistema sanitario congoleño: fue el primero en dar sábanas y comida a los enfermos y, sobre todo, en no rechazar a nadie por falta de dinero.
“No se puede poner delante el dinero cuando hay una vida en peligro. En Monkole lo primero es salvar vidas y luego buscamos los medios. Si todo el mundo trabajara con este espíritu, poniendo al enfermo en el centro sin discriminación social, llegaríamos mucho más allá”, señala la doctora.
Para Céline, el futuro del Congo pasa inevitablemente por la educación de la mujer. “Todavía hay muchas mujeres con analfabetismo. Hay que luchar para que reciban formación y entiendan mejor la situación de sus familias. En el Congo, las mujeres son las que pelean cada día para sacar adelante al país”. Y en esa pelea, Baby Tendobi es, sin duda, su mejor aliada.
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