Evangelio

Colaboradores de Cristo. Domingo XI del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas del Domingo XI del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 14 de junio de 2026.

Vitus Ntube·11 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Hoy volvemos a un domingo del Tiempo Ordinario. Después de más de tres meses marcados por la Cuaresma y el tiempo de Pascua, retomamos la lectura continua del Evangelio de Mateo. Afortunadamente, este retorno no es solo una transición litúrgica; es también una invitación a redescubrir nuestra identidad y nuestra llamada a ser colaboradores de Cristo y a vivir la verdadera alma del apostolado.

La liturgia de hoy se centra en la llamada de Dios. En la primera lectura, Dios llama a Moisés en el monte Sinaí y le confía un mensaje para Israel: deben ser una nación santa, un reino de sacerdotes, un pueblo apartado como posesión personal de Dios. Esta llamada trata de pertenecer enteramente a Dios. 

En el Evangelio, Jesús llama a los Doce Apóstoles. Esta elección es profundamente simbólica. Los Doce representan a las doce tribus de Israel, enraizadas en los hijos de Jacob. Así, Jesús está reconstituyendo el pueblo de Dios, formando un nuevo Israel. Estos hombres son elegidos para ser colaboradores cercanos en su misión.

Sin embargo, de manera significativa, no son elegidos porque sean perfectos. Son hombres ordinarios, marcados por la debilidad y el pecado. A medida que caminan con Cristo, sus limitaciones se hacen evidentes, pero también su crecimiento. Su camino nos recuerda una verdad esencial: Cristo no espera a que seamos perfectos para llamarnos. Más bien, nos llama hacia la perfección. La santidad no es un requisito previo para la llamada; es su meta. 

San Pablo lo expresa hermosamente en la segunda lectura: “Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros”. Cristo nos amó antes de que fuéramos dignos de ser amados; nos llamó antes de que fuéramos dignos.

El Evangelio también revela lo que podemos llamar con razón el alma del apostolado: la compasión de Cristo. Antes de llamar a los Doce, Jesús mira a las multitudes y se conmueve de compasión, porque estaban “extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”.

Esta mirada compasiva es la fuente de la misión. Jesús llama a los apóstoles porque tiene compasión del pueblo. Los envía con esa misma compasión. Su misión -a las ovejas perdidas, a los enfermos, a los leprosos e incluso a los muertos- está modelada por el mismo corazón de Cristo.

Como enseña Dom Chautard en El alma del apostolado, el fundamento de toda obra apostólica es la vida interior. La eficacia de nuestra misión no depende principalmente de nuestra actividad, sino de nuestra unión con Cristo. Solo cuando nuestra vida interior está anclada en Cristo, nuestra obra puede dar frutos duraderos. En el Evangelio de hoy vemos, por así decirlo, la vida interior de Cristo. Su disposición interior está marcada por la compasión.

Finalmente, el Evangelio nos recuerda que esta vocación es un don. Es dada gratuitamente, no ganada. Y porque se recibe gratuitamente, debe compartirse gratuitamente: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. La lógica de la gracia y del don es una dinámica fundamental de la vida y de la misión cristianas.

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