María del Mar Chapa estudió Comunicación e hizo un máster profesional en Dirección de Empresas de Comunicación. Es socia fundadora de Malinche Studio y afirma rotundamente que “el diseño va mucho más allá de lo estético”.
Esta artista y emprendedora ve el diseño como “una herramienta para hacer que las ideas conecten mejor con las personas, que los mensajes sean más claros, más humanos y más cercanos”. Tal vez por esta visión ella ha sido la encargada de diseñar el logo del viaje del Papa León XIV a España, proyecto del cual habla en esta entrevista con Omnes.
¿Cuál fue la inspiración principal para diseñar el logo del viaje del Papa León XIV a España? ¿Qué mensaje buscan transmitir con él?
– La inspiración principal fue el propio lema: “Alzad la mirada”. Desde el inicio lo entendí más como un gesto que como una frase. Pensé mucho en esa idea de levantar la mirada juntos, de una comunidad que no se queda quieta, sino que avanza unida hacia algo más grande.
Por eso el logotipo tiene este movimiento ascendente y estas figuras humanas enlazadas entre sí. Más que representar solamente lugares o símbolos religiosos, me interesaba transmitir una sensación de comunidad, de acompañamiento y de esperanza compartida.
En el fondo, creo que el mensaje del logo es bastante sencillo: cuando las personas caminan juntas y levantan la mirada, pueden generar algo mucho más grande que ellas mismas.
¿Cómo fue el proceso creativo desde la idea inicial hasta la versión final del logo?
– El proceso empezó mucho antes de diseñar formas o colores. Primero necesitaba entender qué representaba realmente esta visita y qué emoción debía transmitir. Tenía muy claro que no quería hacer un collage de símbolos reconocibles, sino construir una imagen que se sintiera viva, coherente y humana.
A partir del lema empecé a trabajar la idea del círculo abierto, porque visualmente habla de comunidad y unión, pero al mismo tiempo, al estar abierto, también transmite acogida, movimiento y continuidad. Después surgieron las figuras humanas, que se sostienen unas a otras y generan esta sensación de impulso colectivo hacia arriba.
Más adelante fui integrando los distintos elementos territoriales y la figura mariana, siempre tratando de que todo formara parte del mismo lenguaje visual. El gran reto fue encontrar equilibrio: que el logo tuviera profundidad simbólica, pero que al mismo tiempo fuera claro, sencillo y fácil de reconocer.
¿Qué significado tienen los colores y símbolos escogidos?
– Cada elemento tiene un significado muy pensado dentro del conjunto. Las figuras humanas representan comunidad, vínculos y apoyo mutuo. No son personas aisladas, sino una red de personas que avanzan juntas.
La figura mariana en el centro funciona como el corazón del logotipo. No busca representar una advocación específica de forma literal, sino transmitir una idea más universal de protección, cuidado y acompañamiento.
El mar, especialmente relacionado con Canarias, también tiene una carga simbólica importante. Más allá de lo geográfico, habla de camino, de tránsito, de esperanza y también de muchas realidades humanas que forman parte de nuestro presente.
Y en cuanto al color, la idea era reflejar diversidad sin perder unidad. Cada color aporta identidad y energía, pero todos conviven dentro de una misma estructura. Quería que el sistema visual se sintiera luminoso, cercano y contemporáneo.
¿Qué desafíos presenta crear un logo que tiene que representar un evento de relevancia internacional y religiosa?
– Creo que el principal desafío es encontrar un equilibrio entre lo simbólico y lo humano. Un evento así reúne muchísimas sensibilidades distintas, tanto culturales como espirituales, y el reto es crear una imagen que pueda conectar con personas muy diferentes sin perder profundidad.
También era importante evitar que el logo se sintiera demasiado rígido o institucional. Yo quería que tuviera una lectura espiritual clara, pero que al mismo tiempo hablara de algo universal: comunidad, esperanza, encuentro y acompañamiento.
Y, por supuesto, estaba el reto de integrar muchos elementos sin que pareciera una suma de piezas separadas. Todo tenía que sentirse parte de un mismo movimiento.
¿Cómo decidió el estilo visual del logo: más tradicional, moderno o una combinación, y por qué?
– Diría que es una mezcla de ambos. Hay elementos muy tradicionales en el significado (como la figura mariana o la idea de peregrinación y comunidad), pero trabajados desde un lenguaje visual mucho más contemporáneo y accesible.
Desde el inicio quería alejarme un poco de ciertos códigos demasiado solemnes o rígidos que suelen acompañar este tipo de eventos. Me interesaba construir algo más cercano, más luminoso y más humano, especialmente pensando en cómo se comunica hoy visualmente.
Por eso el diseño tiene formas orgánicas, mucho movimiento y una composición bastante dinámica, pero sin perder el peso simbólico y espiritual que representa.
¿Cómo logra que un diseño gráfico comunique ideas tan profundas como la fe y la espiritualidad sin perder simplicidad y claridad?
– Creo que la clave está en ir a lo esencial. Cuando un diseño intenta explicar demasiado, normalmente pierde fuerza. En cambio, cuando encuentra una idea clara y honesta, puede conectar de una forma mucho más profunda.
En este caso, más que representar conceptos religiosos de manera literal, me interesaba transmitir emociones y gestos humanos que todos reconocemos: el apoyo mutuo, la esperanza, el caminar juntos, el mirar hacia arriba.
Para mí la simplicidad no significa que haya menos significado, sino todo lo contrario: significa que el mensaje logra llegar de una forma más directa y más humana.




