En el mismo encuentro en el que el Papa León XIV se dirigió a los responsables de las asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades, el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, impartió la ponencia titulada ‘Relación entre moderadores y obispos. La conciliación como estilo de gobierno’.
Saiz Meneses partió de su experiencia personal, cuando a los diecisiete años se incorporó al Movimiento de Cursillos de Cristiandad -ahora es asesor espiritual de su organismo mundial-. Y compartió su convicción de que los movimientos, asociaciones y comunidades “son, para la Iglesia diocesana, una forma privilegiada mediante la cual el Espíritu Santo renueva, una y otra vez, la vida de la Iglesia”.
El Pastor de la Iglesia en Sevilla añadió que “el obispo debe contemplar a los movimientos no con la sospecha del administrador ante algo que no controla, sino con la gratitud del pastor ante lo que el Espíritu suscita”.
Dicho de otra manera, “el obispo no es el propietario del Espíritu en su diócesis”; al contrario, “es su primer servidor y primer garante de discernimiento”.
Cardenal Ratzinger: los movimientos, respuesta del Espíritu Santo
El arzobispo de Sevilla recordó la ponencia que el cardenal Ratzinger dirigió en 1998 a los miembros de las asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades.
En esa intervención, se refirió a la dimensión institucional y la dimensión carismática de la Iglesia, y “no las presentó como polos en tensión, sino como dos dimensiones co-esenciales de un único misterio”.
El entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, luego Benedicto XVI, dijo que los movimientos son “una respuesta suscitada por el Espíritu Santo a los desafíos del presente”. Por tanto, “su aparición en la historia de la Iglesia no es fruto de planificaciones humanas, sino el signo de que el Espíritu sigue siendo el protagonista de la misión”.
Dicho esto, añadió también que todo carisma auténtico necesita purificarse, necesita la mediación del discernimiento eclesial. Esto último, su integración eclesial, “no siempre resulta fácil”.
A continuación, Saiz Meneses destacó las tres tareas fundamentales del obispo en su relación con las asociaciones, movimientos y comunidades: discernimiento, integración y misión.
Conciliación: comunión y sinodalidad
A su juicio, la relación que el obispo está llamado a mantener con los responsables de asociaciones, movimientos y comunidades “tiene un nombre teológico preciso: comunión”.
En alusión al magisterio de san Juan Pablo II, Saiz Meneses afirmó que esta comunión y “conciliación (entre el obispo y los responsables de movimientos) no es un ejercicio de habilidad diplomática ni un equilibrio de fuerzas en tensión”.
Es, más bien, el “reconocimiento mutuo, anclado en la fe, de que ambos son servidores de un mismo Espíritu que los precede a ambos y que actúa de un modo inagotable”
Recordando el magisterio del papa Francisco, el arzobispo de Sevilla afirmó que la comunión, en su forma histórica, tiene hoy un nombre: “sinodalidad”. De hecho, “el mismo encuentro del obispo con los responsables de movimientos es un acto sinodal”.
“Gramática de la escucha”
El arzobispo de Sevilla aludió asimismo al magisterio del Papa León XIV, quien desde su elección, ha insistido en que “la sinodalidad es una categoría espiritual y misionera”.
En su intervención ante alrededor de doscientos responsables de asociaciones de fieles y movimientos, convocados por el Dicasterio de los Laicos, la Familia y la Vida, Monseñor Saiz Meneses destacó lo siguiente. “No basta con que coexistan en paz (el obispo y los movimientos), ni siquiera con que colaboren en proyectos comunes, es preciso que sean capaces de engendrarse mutuamente en la fe, de corregirse con caridad, de interpelarse con la verdad”.
Además, el arzobispo aludió a lo que el Papa León denomina “gramática de la escucha” para explicar “la disposición a ser sorprendido, a descubrir que el Espíritu habla por las voces que no habíamos previsto”. Esta conciliación entre obispo y movimientos es, a juicio del ponente, “un proceso dinámico que necesita ser renovado con realismo continuamente”.
Experiencia pastoral en Sevilla. El obispo, “acoger y discernir”
Monseñor Saiz Meneses concluyó volviendo la mirada a su experiencia pastoral en Sevilla. “Allí conviven asociaciones, movimientos y comunidades de orígenes y espiritualidades muy diversos junto con las hermandades y cofradías, las cuales -señaló- constituyen un tejido de pertenencia religiosa que no puede ser ignorada y que reclama, también ella, un discernimiento pastoral permanente”.
Como arzobispo de Sevilla, recordó que su tarea consiste en acoger y discernir, reconociendo los dones e integrándolos en “un proyecto común de evangelización”, sin temer la diversidad.
Por último, subrayó que el obispo que acoge a las asociaciones, movimientos y comunidades en su diócesis, “no está gestionando recursos pastorales”. Su labor consiste, según el sitio web del arzobispado sevillano, en reconocer que “el don del Espíritu es más grande que cualquier programa diocesano; que la Iglesia que él preside no es suya, sino de Cristo. Y que su tarea no es limitar la acción del Espíritu, sino servirle con todo el amor y toda la lucidez de que es capaz”.




