Reverendo SOS

Peregrinos con el Papa

Un sacerdote se complica notablemente la vida si organiza un viaje con sus feligreses para ver el Papa. Sin embargo, los esfuerzos nunca caerán en saco roto y darán frutos imprevisibles.

Manuel Blanco·5 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Papa Francisco

Cuando se hizo oficial la visita del Papa a España recordé al Sacerdote Manuel Pérez Lado (q.e.p.d.). Sacerdote y hospedero de peregrinos en el Seminario Menor de Santiago, allí vivió los tres últimos encuentros con el Romano Pontífice. Le ilusionaban. Pero también le fatigaba la intendencia que conllevan. Se “vaciaba” para brindar una buena acogida y facilitaba una estancia provechosa. Disfrutaba. Y también se desahogaba divertido: “Como pille al Apóstol, ¡me va a oír!”.

Si nuestros “grandes” le han “echado ganas” y esperanza a las citas papales, los “pequeños” no podíamos ser menos. Los autobuses de Pastoral de Juventud son una primera opción para la gente de catequesis: infraestructura sencilla, económica y práctica. Desde hace años sirven un equilibrado cocktail entre lo festivo y lo espiritual. Los párrocos, ante la ausencia de sustitutos y relevos pastorales, tienen más difícil acudir. Un viaje de este tipo se convierte en peregrinación y en ocasión de hablar “profundo”. 

El viaje

Se puede rezar. “Frenesí” y organización dejan un espacio en buses, trenes o vuelos para Liturgia de las Horas, meditación, lectura, rosario, etc. Los más extrovertidos aprovechan con entusiasmo los cantos de alabanza (un sencillo Alegre la mañana ha “espabilado” a más de un chófer). En tiempos del “paleolítico”, vídeo y DVD ambientaban o distendían la ruta (recuerdo aquí a un legendario forofo del carnaval de Cádiz que ponía a prueba nuestro “oído” con el idioma de las chirigotas…). 

Si el transporte no va repleto, y los “radares” de las orejas circundantes están lejos, los asientos se prestan a confidencias. Esas conversaciones del “alma” que pueden marcar un punto de inflexión en la vida. No hace falta ser un experto; basta compartir y escuchar. ¿Preguntar? Puede: Si hace falta. En el equipaje de mano, llévese un “botecito” de paciencia, porque el grupo es variado. Dña. “Cansina” o D. “Criticón” también viajan. Toca convivir generosos y bien dispuestos. Faltarán comodidades, pero no diversión. 

La presencia de “servidores” de Emaús o de la Hospitalidad de Lourdes (por ejemplo), facilita trayectos. ¡Qué veteranía y qué “sabor” a cristianismo de los primeros tiempos! ¿Madrugar?: siempre. “¿Le tratan bien D. Emilio?”, le preguntaron a un párroco. Éste respondió, sabiéndose un poco “VIP”: “Nunca me habéis abandonado bajo un puente. Dios os pague”. Terminando una estancia en Roma, ayudé a un colega con las maletas. El televisor de su cuarto emitía imágenes de la cámara web de la Plaza de San Pedro. “¡Pude rezar por el Papa y por la Iglesia todo el tiempo!”, comentó. 

Una reunión de colaboradores parroquiales y sacerdotes en este tipo de eventos, no se olvida jamás. Une, anima, divierte y auxilia. “¿Este Papa te cae bien?” “¿Cómo preguntas eso?: El Papa es el Papa”. Así despachaba un sacerdote un posible viaje a “murmulandia” en conversación con un compañero suyo. Con las videollamadas, se facilita saludar a los feligreses que no pueden viajar. Desde los salones parroquiales se puede seguir en directo la vigilia de oración junto al Santo Padre. Dos presbíteros cuentan que un día pasaron la noche entera caminando por llegar tarde a su hospedaje: “Fue como aquellas guardias llamadas ‘imaginarias’ del servicio militar”.   

El verdadero fruto

En la parroquia se trabajan los lemas y “estribillos” del encuentro. Algunos se llevan a imprenta (en la zona hay tradición de repartir “estampitas”). Las palabras del Papa tienen “jugo” y habrá que explotarlas en meditaciones, homilías, etc. Mucha gente reza para que haya compromisos: ante todo, de seguir a Jesucristo. Si aparecen catequistas, voluntarios para Cáritas, matrimonios, sacerdotes o religiosas…, ¡menuda bendición! Los medios de comunicación agradecen disponibilidad y lenguaje sencillo para contar semejante experiencia.

Una “desmitificación” final: “No pasa nada si las cosas no salen”. A veces, es un hecho; otras, apariencia. Cuando un equipo de fútbol trabaja con la cantera, arriesga: parece un esfuerzo inútil, sin victorias inmediatas. Pero el camino importa. Los resultados no se miden a base de triunfos. Nuestra psicología puede “quebrarse” persiguiendo un “rendimiento empresarial” quimérico o voluntarista. Cuando se burlen ante una muestra pública de fe junto al Papa, consideremos un honor asociarnos al Crucificado. 

En la pasada JMJ de Lisboa la cantante Carminho envolvió para siempre en “papel” de fado el regalo de nuestra fe junto al Papa: “Tu és a estrela e eu son o peregrino” (Tú eres la estrella y yo soy el peregrino).

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