Tras una breve y emotiva visita al centro penitenciario Brians 1, el Papa León XIV presidió este miércoles el rezo del Santo Rosario en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat.
En lo que respecta a los viajes apostólicos oficiales, el Papa León es el segundo pontífice en la historia de la Iglesia Católica que visita oficialmente la Abadía de Montserrat, después de la realizada por san Juan Pablo II en noviembre de 1982.
A su llegada al atrio de la basílica, fue recibido por el obispo de Sant Feliu de Llobregat, monseñor Xabier Gómez García, y por el abad de Montserrat, padre Manel Gasch i Hurios, mientras repicaban las campanas del monasterio. Cerca de un millar de niños participaron en la acogida al Santo Padre.
Tras besar la cruz a la entrada del templo y bendecir a los fieles con agua bendita, León XIV se dirigió a la Capilla del Santísimo Sacramento para un momento de oración personal antes de ocupar su lugar en el presbiterio. El rezo del Rosario estuvo precedido por unas palabras de bienvenida del obispo Gómez García y del abad Gasch.
La Virgen, capaz de suscitar conversiones profundas
En el discurso pronunciado al término de la oración mariana, el Papa manifestó su alegría por encontrarse “a los pies de la Moreneta” para encomendar a la Virgen de Montserrat su ministerio petrino y la misión de la Iglesia en un mundo que, según afirmó, “clama pidiendo justicia y paz”.
La referencia del Pontífice a la patrona de Cataluña cobra especial significado en un santuario que, desde hace siglos, constituye uno de los principales centros espirituales de la región. Montserrat custodia la imagen de la Virgen de Montserrat, conocida popularmente como ‘la Moreneta’ y proclamada patrona de las diócesis catalanas por León XIII en 1881. El monasterio, habitado hoy por una comunidad de alrededor de cincuenta monjes benedictinos, recibe cada año a miles de peregrinos procedentes de todo el mundo.
En este contexto, León XIV evocó la tradición espiritual de Montserrat y subrayó el papel que el santuario ha desempeñado durante siglos como lugar de devoción, conversión y esperanza. En este contexto, recordó que «María, Madre de Dios, es fundamental en la vida de todo cristiano» y citó las palabras pronunciadas por el Papa Francisco durante su visita al monasterio en 2023, cuando afirmó que «delante de la Madre […] se despiertan los sentimientos más nobles de una persona».
El Pontífice destacó además la capacidad de la Virgen para «suscitar en nosotros conversiones profundas». Recordó así la conversión de san Ignacio de Loyola, quien, tras pasar una noche en oración ante la Virgen de Montserrat, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo.
Sobre la «violencia escondida»
El Papa León invitó a los fieles a acoger el mensaje de María en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”, subrayando que la voluntad de Jesús se resume en el mandamiento del amor mutuo. En este sentido, alertó sobre violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: «la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Esa violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias».
“Depongamos hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco a poco el corazón”, exhortó el Papa, señalando a la Virgen de Montserrat como ejemplo de entrega confiada y recordando que Cristo salvó al mundo con “la fuerza desarmada y desarmante del amor”.
Una llamada a superar las divisiones
León XIV destacó también el simbolismo de la esfera del mundo que la imagen de la Virgen sostiene en su mano, interpretándola como un signo de su cuidado maternal por toda la humanidad: «el mundo entero tiene cabida en su corazón» afirmó. En ese contexto, animó a los presentes a reconocerse como hermanos y hermanas, promoviendo una comunión capaz de superar cualquier división.
«Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz» así concluyó el Papa León XIV su discurso en Montserrat, seguido de unos versos tradicionales dedicados a la patrona de Cataluña:
De los catalanes siempre seréis la Princesa,
de los españoles y del mundo todo el amor;
decidnos: “Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis”
Tras la bendición papal y el canto de la Salve Regina y del tradicional Virolai, León XIV se retiró brevemente a la capilla de la Virgen antes de saludar a los numerosos fieles congregados en la plaza.
Las palabras de un Papa lleno de entusiasmo
Desde el balcón agradeció a los fieles su manifestación de fe: «todos unidos en una sola familia bajo la virgen de montserrat». Agradeció también la alegría, entusiasmo, y profundo sentido de fe que estamos viviendo en estos días.
Dio gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de tantos países «para integrar a todos en una única familia» y a la comunidad de fe de nuestros hermanos los monjes q reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a la Virgen. Finalizó pronunciando con gran entusiasmo: «gracias por los que venís a recordar que la fe da vida; la fe da esperanza», recordando que la Virgen María nos acompaña con su expresión maternal.
La jornada continuó con una visita privada del Santo Padre a la comunidad benedictina, con la que compartió el almuerzo, y con un encuentro con los miembros de la Escolanía de Montserrat, una de las instituciones corales infantiles más antiguas de Europa.
La relación de León XIV con Montserrat
El Santo Padre, León XIV, durante su etapa como misionero en la ciudad de Trujillo (al norte de Perú) en la década de 1990, fue uno de los impulsores de la construcción del templo de Nuestra Señora de Montserrat, donde ejerció como administrador y párroco de esta parroquia situada en la urbanización «Monserrate».
Como agustino, y tras haber sido superior de esta gran orden religiosa durante más de una década, comparte afinidad con la vida monástica, la Regla de San Benito y la vida en comunidad. En este contexto, cuando aún era superior de los agustinos, consta que realizó un retiro espiritual en Montserrat.
Robert Prevost eligió el nombre de León, un hecho que añade una curiosidad a su relación con Montserrat, ya que el último pontífice que había escogido este nombre, León XIII, fue quien declaró a la Virgen de Montserrat patrona de Cataluña.





