Quizá hayamos pensado que leer el Evangelio es algo muy complicado porque es muy largo, y que no tendremos nunca tiempo para leer los cuatro relatos enteros. Pero las apariencias engañan.
Podemos empezar a leer el Evangelio de san Marcos, que es el más corto de todos. Son dieciséis capítulos, todos muy parecidos en extensión. He hecho la prueba: si uno le dedica solo cinco minutos a leer un capítulo diario, en apenas dieciséis días habrá leído la vida de Jesús completa. Así conoceremos sus milagros, sus parábolas, su predilección por los pecadores y quiénes fueron los apóstoles. Finalmente, descubriremos también cuánto nos quiere en la Eucaristía, y con su Pasión, Muerte y Resurrección, hasta que se despide de nosotros en la Ascensión. Pero, a la vez, se queda en la Eucaristía, nos da a su Madre como Madre nuestra y nos envía al Espíritu Santo.
Igualmente, los otros tres Evangelios nos muestran lo fundamental, cada uno con sus propias características. El que más capítulos tiene es el de san Mateo, con veintiocho; san Lucas tiene veinticuatro y san Juan veintiuno. Es decir, si sumamos los capítulos de los cuatro Evangelios, dan un total de ochenta y nueve.
Si continuamos leyendo —después de san Marcos— cinco minutos cada día, en menos de tres meses habremos leído todo lo que Jesús quiere de nosotros a través de los cuatro evangelistas. Y mientras más veces los leamos, mejor conoceremos a Jesús. Leer los Evangelios siempre es la mejor elección porque son los libros más importantes al estar inspirados por Dios. Una vez más: lo bueno, si breve, dos veces bueno.





