América Latina

El turismo religioso mueve 400 millones de viajeros… y América es el gran olvidado 

El Salvador alberga un congreso histórico internacional sobre turismo de fe, en el que se presenta la nueva Ruta de León XIV en Perú.

Jose Maria Navalpotro·30 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
turismo religioso

Entre trescientos y cuatrocientos millones de personas cada año emprenden un viaje -peregrinación- por motivos religiosos. El turismo religioso es uno de los segmentos del mundo turístico que mayor volumen de personas mueve. En concreto, en América, existen 3.000 santuarios católicos catalogados, cientos de rutas activas y la mayor población católica del planeta, pero carece de políticas públicas articuladas, datos sistemáticos y productos estructurados. Esta es una de las conclusiones del Congreso Internacional de Turismo Religioso “Tierra de Fe Viva – El Salvador 2026” celebrado en la nación centroamericana, un país que experimenta un poderoso crecimiento de este sector.

La paradoja es que en este campo, “en América somos invisibles, no nos ve nadie”, según afirmaba Adrián Lomello, argentino, coordinador para América de la Red Mundial de Turismo Religioso. Aportó algunas cifras: “hay en el mundo 300-400 millones de turistas religiosos anuales según ONU Turismo, con 18.000 millones de dólares de impacto; 22 millones de visitantes anuales en Guadalupe, 12 millones en Aparecida (Brasil), 7 millones en Luján (Argentina)…”. Hasta sitios más humildes, como “la fiesta de la Virgen de La Tirana en Chile, que reúne a 250.000 personas en un pueblo de 15.000 habitantes”.

Es significativo que el 20% de los sitios inscritos como Patrimonio Mundial de la Humanidad tengan vínculo con el patrimonio religioso (no solo católico, evidentemente), y cerca del 80% de los elementos del patrimonio inmaterial se relacionen con prácticas religiosas. 

Un ejemplo del interés por el turismo religioso es el propio país anfitrión del congreso, El Salvador. Su ministra de Turismo, Morena Valdez, aseguró que hace siete años atrás un evento así era impensable allí: en el centro histórico “te decían: no te bajes del auto”. Las cifras del despegue turístico son: 4,1 millones de visitantes internacionales en 2025, 2,5 millones a junio de 2026, más de 3.600 millones de dólares en divisas y más de 340.000 empleos. 

Para la ministra, “el proceso de paz y de seguridad que tenemos ahora en El Salvador es un milagro de Dios». Su meta es convertir a El Salvador en líder del turismo religioso “no solo en la región centroamericana, sino latinoamericana”.

La Ruta León XIV

El I Congreso Internacional de Turismo Religioso “Tierra de Fe Viva – El Salvador 2026” se desarrolló en julio durante tres días en la Biblioteca Nacional de El Salvador, organizado por el Tourism and Society Think Tank (TSTT) y la Red Mundial de Turismo Religioso. 

En el trascurso del encuentro, entre otras iniciativas, se dio a conocer la nueva Ruta “Caminos del Papa León XIV”, en Perú. Se trata del primer recorrido turístico religioso impulsado desde el Estado, que articula las cuatro regiones de la huella pastoral del Papa —Piura, La Libertad, Callao y Lambayeque—, con 29 recursos turísticos y 10 complementarios. El Estado ha invertido 10 millones de soles (unos 2,5 millones de euros). 

El circuito entrelaza fe, arqueología y naturaleza: la Catedral de Chiclayo, el Santuario de Nuestra Señora de la Paz —que el Papa visitará del 10 al 14 de noviembre—, la Cruz de Chalpón de Motupe, con un millón de visitantes anuales; el Divino Niño del Milagro de Eten —aspirante a sexta ciudad eucarística del mundo—, la capilla de Santo Toribio de Mogrovejo en el tricentenario de su canonización, el Bosque de Pómac, el Museo Tumbas Reales de Sipán —el «Tutankamón de América»— y el balneario de Pimentel. 

Otras iniciativas

En el evento también se promocionó el primer Foro Iberoamericano de Ciudades con Santuarios Marianos, una iniciativa civil que tendrá lugar en Luján, Argentina, el 19 y 20 de octubre próximos, que reunirá a 23 alcaldes y 23 obispos de las diócesis con santuarios marianos nacionales. 

Mario Maldonado Samayoa, exviceministro de Patrimonio Cultural y exrepresentante de Guatemala ante la UNESCO, recordó por su parte la Semana Santa de su país, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2022, que moviliza el Viernes Santo a 7.000 personas en un cortejo de más de 12 horas, sostenido por 42 comisiones de voluntarios que trabajan gratuitamente. En esta área centroamericana, se anunció la candidatura regional de la devoción a los Cristos de Esquipulas —presente en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá—, cuya inscripción se busca en diciembre. 

Como otro punto destacado del turismo religioso en América, Fabián Rojas, alcalde de Zipaquirá (Colombia), recordó su trabajo con la diócesis para promover la Catedral de Sal, “primera maravilla de Colombia”. Anunció el congreso colombiano de turismo religioso, que cerraría “180 metros bajo tierra”.

No pudo faltar una referencia a la Basílica de Guadalupe, el santuario más visitado del mundo con 22 millones de peregrinos al año, capaz de recibir siete millones de personas en tres días y que emplea a más de 400 personas. 

Más que visitar lugares sagrados

Al término del congreso, los asistentes firmaron el llamado “Manifiesto de San Salvador, por un turismo religioso que humaniza, transforma y desarrolla los territorios”. “No se trata únicamente de visitar lugares sagrados, sino de participar en experiencias que conectan al ser humano con lo trascendente, con la memoria histórica de los pueblos y con la riqueza simbólica de sus tradiciones”, afirma el texto. 

Advierte: “El desarrollo económico no debe prevalecer sobre la esencia espiritual de esta práctica. La mercantilización excesiva de los espacios sagrados pone en riesgo su significado profundo. Es necesario establecer modelos de gestión que fomenten el respeto por la sacralidad, evitando que los lugares de fe se conviertan en meros productos turísticos desprovistos de sentido”. 

“Reconocemos la importancia de la dimensión espiritual como núcleo del turismo religioso. Más allá de sus efectos tangibles, ofrece a las personas la posibilidad de detenerse, reflexionar y reencontrarse con lo esencial. En un contexto global marcado por la velocidad y la fragmentación, estos espacios de silencio y contemplación adquieren un valor incalculable”. 

La declaración distingue entre turismo religioso y peregrinación. “La peregrinación implica una motivación explícitamente espiritual, marcada por el sacrificio, la devoción y el camino como experiencia transformadora. El turismo religioso, en cambio, abarca una realidad más amplia que incluye motivaciones culturales e históricas. Ambos fenómenos, lejos de oponerse, pueden complementarse y enriquecer la experiencia del visitante”. 

Finalmente, explica, “este Manifiesto San Salvador se presenta como una invitación a repensar el turismo religioso desde una perspectiva integral, ética y humanista”. 

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