Experiencias

¿Por qué servir? La experiencia de Dios en los jóvenes del campamento de la Orden de Malta

Más de 550 jóvenes de 25 países se reúnen en Javier para servir a personas con discapacidad y descubrir, a través del servicio, una forma concreta de encontrarse con Dios.

Teresa Aguado Peña·13 de agosto de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
Orden de Malta

El Castillo de Javier fue la semana pasada el punto de encuentro para más de 650 jóvenes llegados de 24 países. Jóvenes con discapacidad y voluntarios de entre 18 y 35 años junto con helpers (ayudantes voluntarios) participaron en el 41.º Campamento Internacional de Verano de la Orden de Malta. Del 3 al 10 de agosto sucedió así un encuentro que cada año crea una comunidad en la que el servicio al otro sea también una forma de encontrarse con Dios.

El lugar del campamento fue, no por casualidad, allí donde nació san Francisco Javier, uno de los grandes misioneros del siglo XVI y cofundador de la Compañía de Jesús. Su vida dedicada a la evangelización y al servicio inspira una edición cuyo lema ha sido «Surge et ambula», «Levántate y anda».

Una comunidad, no un proyecto asistencial

El arzobispo de Pamplona, Mons. Florencio Roselló, inauguró oficialmente el campamento y explicó a los participantes el sentido del lema de esta edición.
«Esto no es un eslogan para motivar, no es algo teórico», señaló. El objetivo, añadió, «no es eliminar la fragilidad, sino garantizar que nadie quede atrapado en ella».

El Gran Comendador de la Orden quiso subrayar que el Campamento de Malta no debe entenderse como un proyecto asistencial, sino como «una comunidad temporal en la que nos ayudamos mutuamente», afirmó. Una experiencia que, en su opinión, terminará transformando a quienes participan «mucho más de lo que podáis imaginar».

Junto al Gran Comendador han participado durante estos días el Gran Hospitalario, Josef D. Blotz, y el prelado de la Orden, monseñor Luis Manuel Cuña Ramos. También el Papa León XIV ha querido estar presente con un mensaje dirigido a los jóvenes. El Pontífice expresó su cercanía espiritual y deseó que la semana fuera «una oportunidad para contemplar la belleza de Dios, forjar amistades y reforzar el sentido de la responsabilidad cristiana». Además, les animó a responder con generosidad a la llamada del Señor en el servicio al prójimo y a contribuir a construir «caminos de auténtica fraternidad y paz» en sus comunidades.

Este año han participado jóvenes de 24 países y ha habido más de 14 lenguas en estos días, Por primera vez están representados Perú, México y Estonia, mientras que Líbano regresa después de dos años de ausencia debido al conflicto que continúa en el país. Desde 1984, el encuentro reúne cada verano a jóvenes con discapacidad y voluntarios de diferentes lugares del mundo. Este año además, las jornadas han estado marcadas por una vuelta a los orígenes de la Orden de Malta y a la espiritualidad, con una especial atención a la vida sacramental, la celebración de la Misa diaria y largos ratos de Adoración al Santísimo, como ha destacado para Omnes el sacerdote Pablo Lora, capellán de la Orden de Malta y uno de los veinte presbíteros que han acompañado a los jóvenes.

«Con la mente en el Cielo»

Para Juan Martínez Luque, este no es su primer campamento. Llegó al primero, celebrado en Roma, «por meterlo en el currículum». Pero aquella primera experiencia le marcó: «fue tan buena la experiencia del primer año que llevo cinco años ya», cuenta.

Para él, el campamento supone detenerse y mirar de otra manera la propia vida. El contacto con las familias y con las personas con discapacidad le hace tomar conciencia del esfuerzo que supone afrontar determinadas situaciones y le lleva a sentirse «bastante agradecido de lo que tenemos». El servicio, explica, permite salir de la rutina y descubrir otras realidades.

Y es precisamente en ese servicio donde Juan asegura encontrarse con Dios. «Totalmente, todo el rato», responde cuando se le pregunta si descubre a Dios durante el campamento. Lo experimenta especialmente en la cercanía que hay entre todos los integrantes. Juan asegura que cada campamento se va «con la mente en el Cielo».

Rezar mientras se trabaja

Lucía Roca de Togores llegó a Javier también movida por un vínculo personal. Su hermana participa en el campamento y para ella fue importante acompañarla en una experiencia que sabía que significaba mucho. Entre los recuerdos que se lleva está una conversación con Guedal, una hospitalaria de la Orden, en la que hablaron de cómo quienes reciben el servicio pueden terminar enseñando más a quienes sirven.

Después de un año y medio de preparación, reconoce que el trabajo ha sido intenso. Sin embargo, precisamente en medio de ese cansancio descubre una dimensión espiritual: « ahí ves realmente cómo Dios trabaja en este servicio que estamos haciendo nosotros, a pesar de lo duro que sea».

El campamento, dice, está «lleno de espiritualidad, pero también lleno de trabajo». En medio de ese trabajo es donde Lucía asegura encontrarse con Dios. Hablar con quienes sirve, es para ella «una manera de hablar con Dios».

¿Por qué servir?

La experiencia que describen los jóvenes enlaza directamente con el carisma de la propia Orden de Malta. Monseñor Luis Manuel Cuña Ramos explica que fe y servicio están inseparablemente unidos en la identidad de la Orden. Su carisma originario se expresa en la defensa de la fe y en el servicio a los pobres y a los enfermos, a quienes tradicionalmente denomina «señores pobres» y «señores enfermos».

La diferencia, explica el prelado, está en la mirada. «A través de la fe, a través de la oración, el Señor nos da la capacidad de ver en el enfermo, en el pobre, en el peregrino, a Jesús mismo». Por eso, subraya, la Orden no hace simplemente filantropía: «Hacemos caridad».

La oración y el servicio se alimentan mutuamente. Para poder reconocer a Cristo en el otro hace falta primero el encuentro con Él a través de la Palabra de Dios y de la oración. Y ese encuentro permite después «orar durante el trabajo», como explicaba Lucía.

Para Cuña Ramos, el servicio cristiano nace además de una experiencia previa de amor recibido. Un joven puede comenzar sirviendo porque se siente llamado, pero permanece porque descubre la alegría de entregarse. «No se hace por trabajo, no se hace por obligación», afirma. Si fuera así, terminaría abandonándolo. Ante la pregunta de por qué servir, la respuesta última es una: «El Señor».

El prelado lo explica recurriendo a una anécdota de una religiosa de la Madre Teresa de Calcuta. Después de verla atender las heridas de un moribundo, un periodista le dijo que él no haría aquello ni por un millón de dólares. La respuesta de la religiosa fue: «Yo tampoco».

Ahí, explica monseñor Cuña Ramos, está el secreto: «El hacerlo porque nos sentimos amados, perdonados, queridos, deseados por Dios». Quien se sabe amado puede transmitir a otros ese mismo amor recibido.

El futuro de la Orden de Malta

El campamento tiene también una dimensión de futuro para la Orden de Malta. Para su prelado, estos encuentros permiten a jóvenes de diferentes países descubrir que, aunque procedan de culturas distintas, comparten un mismo carisma y un mismo deseo de servir al Señor en los pobres y los enfermos.

«Es una experiencia de Iglesia, de catolicidad», afirma. Y también una oportunidad para que quienes participan descubran su posible vocación dentro de la propia Orden: «Ellos son el futuro de la Orden». De estos encuentros, explica, pueden surgir futuras vocaciones a caballeros, damas, miembros de la Orden o capellanes.

Pero el futuro puede tomar también otra forma. Con humor, monseñor Cuña Ramos habla de una reinterpretación del acrónimo de la Soberana Militar Orden de Malta: «Soberana Matrimonial Orden de Malta». En los campamentos, explica, muchos jóvenes se conocen porque comparten el mismo carisma y una misma forma de plantear la vida, también el matrimonio y el amor como servicio.

De estos encuentros han nacido también familias vinculadas a la Orden, que pueden convertirse a su vez en «jóvenes evangelizadores y familias evangelizadoras».

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