¿Quieres ser Papa? 

León XIV recuerda que la vida cristiana consiste en descubrir la llamada de Dios y responder libremente a ella, acogiendo el sueño que el Señor tiene para cada persona.

4 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“Me preguntas si de pequeño quería ser Papa. Bueno, Renzo, creo que no. Yo creo que nunca lo pensé. Pero sí puedo decirte algo: desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios. No sabía todavía del todo cómo ni por dónde me llevaría el Señor. Con el tiempo fui descubriendo que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote, y que ese camino pasaba por la orden de san Agustín. Pero esto no vale sólo para mí. Todo niño es un sueño de Dios”. Estas palabras de León XIV se enmarcan en uno de los momentos más emocionantes de los vividos en el Viaje Apostólico del Pontífice a España el pasado junio. 

La inocente y tierna pregunta de Renzo, ese niño de una familia vulnerable, escondía en la sencillez de su enunciación la cuestión decisiva de todo cristiano. 

Dios no nos pregunta a cada uno si queremos ser Papa (¡menos mal!), pero sí que existe una cuestión que nos hace a todos, cada día de nuestra vida: “¿Quieres ser santo?” 

Y, jornada tras jornada, respondemos, con más o menos acierto. 

Esto es la vida cristiana. 

Hace poco leí que el discípulo es quien cambia sus esquemas, sus horarios… , para estar más cerca de Cristo. 

El discípulo deja las redes; no porque las abandone, condenándolas al olvido y a los ratones, sino porque pone esas redes al servicio de la misión. 

Pedro no abandonó la barca. Abandonó su decisión sobre ella, su dependencia de ella, y, al ponerla en las manos de Cristo, la hizo Iglesia. 

No, Dios no nos pregunta si queremos conocer el fin último de nuestra vida, ni los avatares que atravesaremos en su desarrollo -quizás porque conoce las consecuencias de los infartos de miocardio-. Nos pregunta si queremos colaborar, libremente, en su idea, en hacer realidad el sueño de Dios del que hablaba León XIV a Renzo, ése que el Creador tiene y mantiene para con cada uno. 

Hacer vida la respuesta positiva a esa llamada es lo que dibuja nuestra felicidad, que es siempre compartida. 

Un pensador y escritor español afirma que el ser humano tiene un único momento clave en su vida: aquel en el que se da cuenta de quién es. No qué es o qué hace. Quién es.

Ese quién es es el contenido de esa “piedrecita blanca” en la que está “escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino aquel que lo recibe” (Apocalipsis 2, 17). 

El nombre-pensamiento de Dios, el sueño divino que nos dio la vida y que encierra toda nuestra felicidad.

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