Vaticano

La cuestión ecológica es teológica, según la Comisión Teológica Internacional

La Comisión Teológica Internacional, que preside el cardenal Victor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, acaba de publicar el documento ‘Cuidar nuestra Casa común. Una respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario’, en el que concluye que el cuidado de la Creación es una cuestión teológica.

Francisco Otamendi·2 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
El Papa, en la Misa del Cuidado de la Creación.

El papa León XIV celebra la Santa Misa en el centro Borgo Laudato Si' en Castel Gandolfo, Italia, el 1 de septiembre de 2026, con motivo del Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. (Foto de OSV News/Guglielmo Mangiapane, Reuters).

La Comisión Teológica  Internacional (CTI) ha publicado el 2 de septiembre un extenso documento de 148 puntos y 233 notas a pie de página, titulado ‘Cuidar nuestra Casa común. Una respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario’. Inmediatamente, la agencia vaticana ha publicado una información en la que extracta los principales aspectos del documento. 

Dos de las tesis principales que destaca el documento elaborado por la CTI, órgano que preside el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Victor Manuel Fernández, están incluidas en los puntos finales, ‘Conclusión y perspectivas’. En primer lugar, que “desde el punto de vista cristiano, la cuestión ecológica se traduce en última instancia en una cuestión teológica” (n. 144)

En paralelo, considera que el deterioro del medio ambiente es alarmante y se requiere una acción urgente en favor de la sostenibilidad del planeta. 

Con la autorización del Papa León XIV

El artículo de síntesis en varios idiomas divulgado por la Oficina de Prensa vaticana afirma que el documento tiene “la autorización de León XIV”, y es fruto de reflexiones desarrolladas entre 2022 y 2025. 

¿Cómo responder, desde una perspectiva cristiana, a la “crisis ecológica y social”, “miope y suicida”, en la que ha caído la humanidad? Esta es la pregunta que sirve de base al nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), titulado “Cuidar nuestra Casa común”, señala Vatican News.

Génesis del documento y desarrollo

El texto incluye como nota preliminar que la Comisión Teológica Internacional “no es un grupo de teólogos que se reúnen simplemente para redactar un texto, sino un espacio para el libre intercambio y el diálogo que se nutre de las ricas perspectivas de diversas personas con diferentes orígenes eclesiales y socioculturales”

Explica que durante su décimo quinquenio, la Comisión estudió el tema de la creación a la luz de la revelación de la Trinidad en Cristo, con referencia al compromiso de cuidar y proteger nuestra casa común. 

Y detalla asimismo que “el trabajo fue realizado por una subcomisión especial, presidida por la profesora Alenka Arko e integrada por los siguientes miembros: Rev. Gabino Uríbarri Bilbao, SJ, Rev. Peter Dubovský, SJ, Rev. Edouard Adé, Rev. John Junyang Park, Rev. Thomas Kollamparampil, CMI, Rev. Nicholaus Segeja M’Hela, Rev. Yury Avvakumov, Rev. Jorge J. Ferrer, SJ († 2024), Rev. Marek Jagodzínski († 2025)”.

Mons. Piero Coda: urgencia de la crisis ecológica

Las reuniones de la Subcomisión y las sesiones plenarias de la Comisión, celebradas entre 2022 y 2025 bajo la coordinación del Secretario General, Mons. Piero Coda, concluyeron en un texto aprobado por mayoría de los miembros de la Comisión mediante votación durante la reunión virtual del 23 de julio de 2026. 

El secretario general ha señalado que “la urgencia de la crisis ecológica que interpela a la familia humana”, ha movido a ofrecer “una reflexión que estimule a redescubrir y valorar «el fundamento teológico del cuidado de la Casa común más allá de la situación de extrema gravedad en la que nos encontramos» (n.º 6). Este es el objetivo del último documento elaborado por la Comisión Teológica Internacional, ahora publicado.

“Nos basamos en particular en la teología de las Iglesias ortodoxas”

Otro dato de interés es que, partiendo de la teología latina occidental y de las aportaciones de la espiritualidad y la teología de las Iglesias católicas orientales, “nos basamos en particular en la teología de las Iglesias ortodoxas, así como en análisis provenientes de diferentes cosmovisiones. De este modo, pretendemos contribuir a la promoción de una ecología integral —como la que defienden Laudato si’ , especialmente en el capítulo IV, y Magnifica humanitas [15] — y a la conversión ecológica”.

Tres capítulos. El primero, impronta divina y trinitaria en la Creación

El documento de la Comisión se divide en tres capítulos. En el primero -’La Casa común, obra del Dios trinitario’- se subraya “la impronta no solo divina, sino también trinitaria” presente en la Creación, ilustrada a través de las enseñanzas de cuatro santos doctores de la Iglesia: Agustín de Hipona, Hildegarda de Bingen, Buenaventura de Bagnoregio y Tomás de Aquino.

En este capítulo se desarrolla asimismo el diálogo con algunas visiones científicas y filosóficas del cosmos -por ejemplo, el inmanentismo, el panteísmo y el sobrenaturalismo-, explicando cómo la fe en el Dios creador ofrece algo que la ciencia no puede proporcionar, aunque ésta investigue “legítimamente” las primeras fases del universo, explica la agencia vaticana.

El Papa León XIV recibe las ofrendas de una familia durante la celebración de la Misa en el centro Borgo Laudato Si’ de Castel Gandolfo, Italia, el 1 de septiembre de 2026, con motivo del Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. (Foto de OSV News/Mario Tomassetti, Vatican Media.

Segundo capítulo: el ser humano en la Casa común

El segundo capítulo -El ser humano en la Casa común- comienza con una reflexión sobre el ser humano creado a “imagen y semejanza de Dios”, lo que permite reafirmar que las diferencias -de etnia, género, cultura, condición social o económica- no implican en modo alguno una jerarquía, subraya. Utilizar esas diferencias para discriminar o someter al otro se aleja del designio de Dios.

Datos y argumentos alarmantes sobre el deterioro ecológico

La CTI resume también algunos datos “muy alarmantes sobre el deterioro ecológico”: la desaparición de la diversidad biológica, “factor clave” para la seguridad alimentaria; contaminación atmosférica; empeoramiento de la calidad del agua; la guerra, que acelera “brutalmente” la destrucción del medio ambiente; y las consecuencias “gravísimas” de todo ello sobre los más pobres, explotados en sus recursos naturales y obligados a migrar.

La Comisión sigue a su secretario general, y considera que ante una crisis ecológica “sin precedentes”, no bastan las soluciones científicas y técnicas -como cambios sustanciales en los sistemas de producción, consumo, transporte y uso de la energía-, sino que se necesita también, y sobre todo, “un cambio en los valores culturales”, una verdadera conversión ecológica en la forma de vivir.

“Pecado contra la Creación y contra el Creador”

El documento propone más adelante hablar de “pecado contra la Creación y contra el Creador”, formulación teológica que vincula el daño ambiental con el rechazo del designio divino de la creación.

El momento histórico actual, subraya el texto, “exige de todos, comenzando por quienes son responsables de la vida pública, una acción urgente en favor de la sostenibilidad del planeta y de la habitabilidad de la Casa común. No es solo una exigencia ética, sino también teológica”.

Orientaciones prácticas

El tercer capítulo -’El cuidado de la Casa común’- ofrece algunas orientaciones prácticas, articuladas en torno a varias relaciones fundamentales de la persona.

De la relación con Dios deriva la «lógica jubilar»: basada en la fraternidad y la solidaridad, que «marcan un límite infranqueable a la codicia en el uso de la Tierra», así como en la gratuidad y la humildad de quien «no cae en el impulso de acapararlo todo». Esta lógica conduce a la justicia social.

El grito de la Tierra y de los pobres

De la relación con la Creación se derivan principios como la reverencia; la sostenibilidad -”un criterio imprescindible que debe regir el sistema de vida y el modelo económico que lo sustenta”-, y la escucha del “grito estremecedor” de la Tierra, “trágicamente vinculado al grito de los pobres”, quienes sufren en mayor medida “las consecuencias del maltrato del planeta”.

El respeto por la vida, que permite al ser humano utilizar los recursos naturales, pero según la necesidad y la moderación, y no mediante una explotación indiscriminada; la ascesis y el ayuno, como respuesta moral a la sobreexplotación de los recursos, especialmente en los países ricos; y un compromiso diferenciado según las responsabilidades de las distintas naciones.

La sacralidad de la vida humana y el rechazo de la guerra

Además, de la relación con el prójimo surgen, según el documento:

– la sacralidad de la vida humana -un derecho incondicional e inalienable que los Estados deben proteger y promover, también mediante el rechazo de la guerra-; 

– el destino universal de los bienes -para la tradición cristiana, «la propiedad privada no es un derecho absoluto» y, por tanto, la Casa común debe ser cuidada también para las generaciones futuras-; 

– la fraternidad, como antídoto contra la violencia, la injusticia y un individualismo «falso, egoísta, atroz y codicioso»; 

– la misericordia -sin amor, la vida humana se aleja de Dios y se vuelve subhumana-; 

– y la opción preferencial por los pobres, cada vez más expuestos a la degradación ambiental y cada vez con menos recursos para mitigar sus efectos.

Responsabilidad moral

En las conclusiones, la Comisión reafirma que la cuestión ecológica es, en última instancia, una cuestión teológica, como se ha señalado.

La libertad y la responsabilidad moral siguen siendo el fundamento indispensable de todo compromiso ecológico auténtico. Y el texto invita, por tanto, a un “cambio ecológico”, que sea al mismo tiempo cultural y espiritual -siguiendo el modelo de san Francisco de Asís-, y concluye con esperanza: la crisis ambiental, por grave que sea, no socava la confianza en Dios, que hace “nuevas todas las cosas»”.

El autorFrancisco Otamendi

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