Cine

Sabrina y Steven Gunnell: “El Sagrado Corazón no es una devoción del pasado”

Los franceses Sabrina y Steven Gunnell, directores de Sagrado Corazón, hablan sobre una película que bate récords.

Virginia Gil-Nogués·14 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
Sagrado Corazón

Sabrina y Steven Gunnell

La devoción del Sagrado Corazón de Jesús es una de las más difundidas en la Iglesia, y alcanza cada rincón del planeta. El día 11 se estrenaba en España una película documental con este nombre, Sagrado Corazón, que combina recreaciones históricas y testimonios contemporáneos para acercarse a la figura de Santa Margarita María de Alacoque y el mensaje del Sagrado Corazón de Jesús. Sus directores, Sabrina y Steven Gunnell, de origen francés, han volcado en el filme parte de su propia experiencia de fe. Ambos hablan para Omnes en Madrid, aprovechando la presentación del documental. 

¿Cuál es el origen de esta película? 

SABRINA: Es la historia de un encuentro. En agosto de 1923, estábamos en el Santuario Notre-Dame du Laus, en los Alpes, en Francia, y yo fui a escuchar el testimonio del padre Marot, antiguo rector de los santuarios de Paray-le-Monial, y de Alicia Beauvisage. Durante todo el tiempo, tenía el corazón latiendo, veía muchas similitudes entre su historia y la nuestra (la de Steven y mía), y comprendí que el Sagrado Corazón de Jesús era realmente nuestra vida desde el principio.

Al terminar, le conté a Alicia que llevaba varios años haciendo películas con mi esposo. Me cogió la mano y me dijo: “He rezado para poder encontrarme con directores cristianos”. En ese momento entendí lo que quería Dios. Esa tarde, en familia, descubrimos que podíamos consagrarnos al Sagrado Corazón, algo que, aunque éramos católicos, desconocíamos. Después, en París, durante dos meses, recibíamos señales concretas del Sagrado Corazón, ya fuera en la vida cotidiana o entrando en una tienda, cuando antes no lo veíamos así. Steven no me contaba lo que veía pero, después de un mes y medio, me dijo: “Creo que estoy viendo muchos Sagrados Corazones”. 

¿Cómo acogieron sus familiares y personas cercanas la noticia de este proyecto? 

SABRINA: Muchos amigos consideraban que el Sagrado Corazón era un tema antiguo, del que no hablaba nadie y que estaba lleno de polvo, que era del pasado. Pero a nosotros nos interpeló y sentíamos que el Señor nos llamaba a tratarlo. Aunque no sabíamos cómo contar en 90 minutos toda su espiritualidad, que es el corazón de la fe, sentíamos una especie de grito interior que nos empujaba a hacerlo. Entonces Steven tuvo la imagen de la película.

¿Se refiere al cartel? 

STEVEN: Sí. Frente a los carteles de películas de terror o satánicas que veía en aeropuertos y estaciones, imaginé mostrar a Jesús en todo Su Amor y experimenté muchísima alegría. Y le dijimos que sí. A partir de ese momento, Él nos hizo entender qué íbamos a hacer. 

Este es su noveno documental, la película ha superado ya el millón de espectadores en el mundo y ha tenido distribución en varios países. ¿Esperaban que tuviese tan buena acogida?

STEVEN: Tardamos más de un año en hacer la película. Y, cuando la terminamos, nuestro distribuidor en Francia nos dijo que el objetivo era llegar a veinte mil entradas, ya que es un documental cristiano, católico, un nicho específico, no para el gran público. Empezó a haber polémicas sobre la película, y nos dimos cuenta de que la televisión francesa no quería carteles, ya que había una cruz y quedaba demasiado confesional, por lo que no les gustaba. No obstante, pusimos carteles, y así muchas personas descubrieron que la película estaba en el cine y empezaron a acudir, por curiosidad.  

Una historia personal

Steven, usted pasó de la fama de un grupo pop a un momento muy oscuro, y de ahí a hacer películas sobre la fe. ¿Hay algo de esa caída que sigue apareciendo, de alguna forma, en las historias que eligen contar?

—STEVEN: Formé parte de la Boys Band Alliage y, de un día para otro, pasé del anonimato a ser rico y famoso. Cuando eso terminó, lo perdí todo. En ese momento de mi juventud había probado la peor de las drogas: la fama, porque trae consigo el poder y la sensación de que durará para siempre. 

No encontraba una salida para mi carrera artística, así que me fui a Inglaterra, donde empecé a cavar mi propia tumba. No dormía bien y estaba mal psicológicamente. Tenía miedo. Desesperado, llamé a mi madre por teléfono, quien me pidió que, antes de hacer cualquier tontería, fuese a descansar a una iglesia. Y, por primera vez en mi vida, la obedecí. 

Fui a una capilla en Londres y allí me quedé dormido en un banco. Hasta entonces, no había podido conciliar el sueño, ni siquiera por las noches. Al volver a casa, en Niza, mi madre me llevó a una iglesia llena de gente y, al contemplar ese espectáculo, encontré un sentimiento de presencia interior, de hallazgo. “Es a Ti a quien estoy buscando desde siempre”, pensé. 

¿Encontraron muchas dificultades para entender lo que Dios les estaba pidiendo a través de la película? 

—STEVEN: Los primeros años de matrimonio fueron difíciles, porque el Señor nos preparaba para la misión. En 2012 tuvimos nuestra primera llamada y descubrimos una alegría enorme detrás de la cámara, para poder contar cómo Dios puede transformar vidas. A partir de ahí, se desencadenó todo y no hemos dejado de crecer. 

Después de mi experiencia en la música, en la que todo el mundo me abandonó, resultaba muy particular e impresionante el don de la sabiduría. Es la misericordia, una vez más. En la película, hay una escena en la que aparece Jesucristo crucificado y, cuando el soldado le clava una lanza en el costado, sale agua del cuerpo inerte de Cristo, lo que simboliza la fuente inagotable de vida divina y misericordia de Dios. Ese corazón del que sale agua es realmente la clave, la solución para poder renovar constantemente el corazón. 

Francia es un país muy marcado por la secularización, ¿creen que ese contexto es, paradójicamente, parte del éxito de la película?

—STEVEN: San Jerónimo decía: “Quien ignora la historia, la vuelve a escribir”. Hace dos mil años, el Señor era rechazado en muchos lugares, pero fue acogido en sitios donde pudo hacer milagros. Siglos más tarde, volvemos a las mismas historias. En Francia y otros países hay fuerzas que se niegan a esa trascendencia, pero yo soy de los que creen que el ser humano es profundamente espiritual, por lo que siempre encuentra el retorno a la fuente, ya que es una búsqueda constante. No creo que el hombre pueda salvar a otro hombre, por eso soy católico, porque es Dios quien me salva. 

¿Creen que la película podría interpelar y, quizás, llevar a la conversión de algún espectador que no conozca esta devoción?

—SABRINA: Somos los primeros espectadores de nuestras películas, hacemos películas que nos hubieran gustado, como adolescentes, en esa época. Recibimos muchos testimonios de personas emocionadas con la proyección, que encuentran un camino de fe donde no se lo esperaban y se hacen preguntas verdaderas que les llevan de vuelta a la fe de su infancia. Tenían esa sensación de que Jesucristo les llamaba y les preguntaba: “¿Has olvidado esa fe?” Es muy conmovedor leer sus historias y comprobar que, tras la película, ya no viven la misa de la misma manera. Ahora oyen los latidos de ese corazón. 

Nosotros estamos aquí para mostrar la Gracia de Dios, y que después Él haga el camino que tenga que hacer en los corazones de la gente. El Sagrado Corazón no es, ni mucho menos, una devoción del pasado.

El autorVirginia Gil-Nogués

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