América Latina

“Ante las catástrofes, solo puedo ayudar a descubrir que, en medio de la tragedia, está Dios”

El sacerdote Txuo Rodríguez, responsable de Unidos en la Misión, de Venezuela, explica cómo superan las consecuencias de los seísmos cuatro meses después  

José María Navalpotro·30 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
terremoto venezuela

Un sacerdote, entre los escombros de un edificio derrumbado en La Guaira, tras los terremotos del 24 de junio. @OSV News/Gaby Oraa, Reuters

Hace cuatro meses, Venezuela vivía unos terremotos que causaron dolor y miles de víctimas humanas e incalculables daños materiales, en un país que ya vivía desde hace años en crisis. Pasado ese tiempo, alejado del foco de actualidad, ¿cómo se reconstruye el país? Jesús Rafael Rodríguez Villarroel, Txuo, es un sacerdote jesuita que dirige Unidos en la Misión, una fundación que canaliza parte de las ayudas a las víctimas de los seísmos y que trabaja con Manos Unidas.

El P. Txuo ha explicado en Madrid, en la sede de Manos Unidas, cómo es el trabajo que realizan a cuatro meses de la catástrofe natural. Niega que haya acabado la emergencia, aunque se haya ido el foco informativo: “la emergencia acaba cuando las familias pueden recuperar una vida digna y segura. Cuando las familias recuperan su hogar y los niños, su aula. Por eso Venezuela sigue en emergencia”.

Asegura que “hay heridas que no se reparan con obras. Los edificios, sí. Pero el duelo y la pérdida, no. Necesitan acompañamiento. Por eso en Unidos por la misión hemos trabajado en la recuperación psico-social”.

Destaca que “estos terremotos vinieron en un momento en que ya estábamos en una crisis”. En cuanto a la situación política, afirma: “para nosotros es importante seguir remando en unidad y reconciliación. Es ocasión de abandonar diferencias, dejar el espíritu mezquino. Hay que sumar capacidades”

De todo lo vivido en el terremoto, ¿cuál ha sido el daño más grave que permanece?

-Las cifras materiales son enormes: se estiman pérdidas por 37.000 millones de dólares y se necesitan más de 21.000 millones para la recuperación. Pero hay pérdidas que no caben en ningún presupuesto: las vidas que se apagaron, las familias que quedaron sin hogar y los niños que perdieron sus escuelas.

Desde lo que hemos vivido acompañando esta emergencia, creo que una de las heridas más profundas es la pérdida de seguridad. Después de que la tierra tiembla, muchas personas siguen viviendo con miedo, angustia e incertidumbre. Recuperar las casas y las escuelas es indispensable; ayudar a las personas a recuperar la confianza, la estabilidad y la esperanza también lo es.

Los venezolanos se han volcado, y la gente del exterior. Comprobar esta generosidad, ¿es obtener el beneficio que se puede sacar dentro de tanta catástrofe material?

-Sí. En medio de tanta pérdida, hemos visto a la gente desbordarse para ayudar: compartir lo que tenía, acompañar a quien lo había perdido todo y ponerse al servicio de los demás. Ha salido lo mejor del venezolano: una solidaridad profundamente arraigada en nuestra cultura.

No llamaría “beneficio” a una catástrofe ni diría que el sufrimiento era necesario. Pero sí hemos visto nacer, en medio de él, un bien moral y espiritual: la conciencia de que nadie se salva solo y de que la esperanza también se construye con las manos tendidas. Para quienes vivimos la fe, ahí reconocemos a Dios: en la solidaridad que cuida y sostiene la vida.

Doscientos mil niños sin escuela

¿Cuántas familias quedaron sin hogar y niños sin escuela y a cuántos han podido ayudar ustedes?

-Más de 17.345 familias quedaron sin vivienda. En cuanto a la educación, cerca de 400 escuelas fueron afectadas, con impacto en alrededor de 200.000 niños, niñas y adolescentes. No tenemos una cifra exacta de cuántos dejaron de asistir a clases. En las obras de la Compañía de Jesús fueron afectados 34 centros de Fe y Alegría, además de otros colegios e instituciones.

Desde nuestra respuesta inmediata, alcanzamos a más de 87.000 personas y movilizamos más de 645 toneladas de ayuda humanitaria. Detrás de esas cifras hubo familias acompañadas y comunidades que recibieron apoyo para empezar a recuperar su vida cotidiana.

Este tipo de catástrofes, ¿hacen que la gente se vuelva más a Dios o le reprochan esos males?

-Puede ocurrir ambas cosas, incluso en una misma persona: ante el dolor, algunos se vuelven más a Dios; otros le preguntan por qué permite tanto sufrimiento. En nuestra experiencia, ambas reacciones merecen respeto y acompañamiento.

Como sacerdote, no busco dar respuestas fáciles, sino estar cerca, escuchar y ayudar a descubrir que, en medio de la tragedia, Dios se hace presente en la oración, en el consuelo y en la solidaridad de quienes no dejan sola a la gente.

Manos unidas
Txuo Rodríguez, a la derecha de la imagen, en rueda de prensa en la sede de Manos Unidas en Madrid.
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