El Papa León señaló enseguida la petición por la cual se reunieron a rezar el Santo Rosario: “la paz de todos los niños, especialmente para aquellos que viven donde hay guerra, en tantos países de la tierra”.
Fueron los misterios luminosos, y allí estaban cientos de niños y sus familiares en los Jardines Vaticanos, en la Gruta de Lourdes.
Agradecimiento al cardenal Koch y a ACN
“Agradezco a Su Eminencia el Cardenal Koch (presidente de ACN), su saludo y a la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada por promover esta iniciativa y por la gran labor que realiza. Agradezco a todos los presentes su asistencia, especialmente a ustedes, niños, junto con sus padres y demás familiares, los sacerdotes y todos los que los acompañan”, comenzó el Santo Padre su Sprache.

“¡Estoy muy feliz de estar con ustedes! Y ustedes, díganme: ¿están felices? ¿Están felices de estar aquí?” Siiíí, respondieron los niños.
“Estoy feliz”, continuó el Pontífice. “Sobre todo porque esta noche nos hemos reunido con las dos personas que nos aman más que nadie. ¿Sabéis quiénes son? [ Responden: Jesús ] Jesús, ¿y quién más? [ María ] Y María. El Señor Jesús y su madre María, que nunca nos dejan solos y que siempre están cerca de nosotros”.
Un regalo especial, la paz para todos los niños del mundo
“Sí, os amamos, Jesús y María, y esta noche os pedimos un regalo especial: la paz para todos los niños del mundo, especialmente para aquellos que viven donde hay guerra, en muchos países de la tierra”, añadió el Papa.
Lo hacemos con la oración del Santo Rosario, “una oración sencilla que todos pueden rezar. Ya hemos ofrecido flores, un signo de amor. Pronto encenderemos algunas velas y pensaremos en Jesús en momentos importantes de su vida, en los que trajo luz y paz a tantas personas”.
Escenas de la vida del Señor
Entonces el Sucesor de Pedro recordó escenas de la vida de Jesús que se recuerdan en el Rosario.
“Cuando fue bautizado en el río Jordán, cuando transformó el agua en vino en las bodas de Caná, cuando anunció su Reino, cuando mostró su gloria en el Monte Tabor y cuando, en el Cenáculo, durante la Última Cena, nos dejó la Eucaristía. Son momentos en los que nos dio dones maravillosos, que no debemos olvidar, y por ello queremos darle las gracias. Hagámoslo juntos, una vez más. Digámoslo todos: ¡Gracias, Jesús!” [ repiten ]. “Y pidámosle con confianza, todos juntos: ¡Danos la paz!” [ repiten ].

“No estamos solos: cincuenta millones de Avemarías se elevan al cielo”
Quiero decirles una última cosa, agregó el Papa León a las mil trescientas personas presentes. “Esta noche y estos días, no estamos solos en nuestra oración. En todo el mundo, un millón de niños rezan con nosotros. ¡Un millón! Imagínense: cincuenta millones de Ave Marías que se elevan al Cielo desde cada rincón y en cada idioma de la Tierra, pidiendo paz y uniéndose como en un solo y enorme rosario, para abrazar y unir a todos los continentes, razas y naciones del planeta”.
“Nos comprometemos a ser buenos: así crece la paz!”
“Aquí, queridos niños, hoy oramos con todos estos amigos. Y al hacerlo, también nos comprometemos a ser buenos y a portarnos bien”, concluyó el Santo Padre. “En casa, en la escuela, en la catequesis, con nuestros padres, con todos, incluso cuando jugamos y practicamos deportes, porque la oración siempre debe ir acompañada de buenas obras, de gestos de amor. ¡Y así crece la paz!”
“Gracias de nuevo a todos por estar aquí. Y ahora oremos”, animó el Papa.





