El riesgo de potenciar el diaconado permanente

No es difícil comprender el desafío pastoral que subyace: si un fiel percibe como casi equivalente una celebración de la Palabra con comunión y la Misa dominical, puede disminuir su disposición a desplazarse a otra localidad para participar en la Eucaristía.

27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
diaconado permanente

Ordenación de diáconos permanentes 2023 en la Catedral de San Pablo en Minneapolis . ©OSV News/Dave Hrbacek, The Catholic Spirit

En tiempos en los que muchos asuntos se abordan con excesiva vehemencia y no poca polarización, también dentro de la Iglesia, conviene hacer un esfuerzo consciente por tratar las cuestiones eclesiales con serenidad. El anuncio de la diócesis de Huesca sobre la puesta en marcha del diaconado permanente merece precisamente eso: reflexión, respeto y deseo sincero de buscar el bien de la Iglesia y de los fieles.

La decisión ha sido comunicada mediante una carta pastoral de su obispo, Pedro Aguado, en la que fundamenta la medida con argumentos teológicos y pastorales sólidos. Como ha subrayado al justificar la decisión, el diaconado permanente —conferido a hombres tanto célibes, como casados— fue restaurado por el Concilio Vaticano II, en continuidad con la Tradición apostólica testimoniada ya en el Nuevo Testamento, en los Padres de la Iglesia y en los primeros concilios.

Un ministerio con identidad propia

El obispo subraya en su carta un punto esencial: “El diaconado no es una opción de sustitución del presbítero, a causa del escaso número de sacerdotes. El diaconado es un ministerio en sí mismo, no una opción de suplencia. Nuestra diócesis apuesta por el diaconado permanente del mismo modo que opta por una pastoral vocacional hacia el ministerio sacerdotal o por una seria, clara y consistente promoción de los ministerios encomendados a las personas laicas”.

La aclaración resulta especialmente pertinente en un contexto como el español, donde la disminución del clero —sobre todo en zonas rurales— es dolorosa y evidente. En la diócesis de Huesca, por ejemplo, el número de seminaristas que estudian en Zaragoza es muy reducido. En este marco, la implantación del diaconado permanente puede ofrecer una ayuda real en tareas pastorales, tanto en pueblos con dificultades para contar con sacerdote residente como en ciudades donde el clero se encuentra sobrecargado.

En España hay actualmente en torno a 600 diáconos permanentes, una cifra todavía modesta si se compara con la de otros países como Estados Unidos, donde rondan los 20.000, concentrando cerca del 40 % de los diáconos permanentes en el mundo. Todo indica que se trata de un ministerio todavía en proceso de integración natural en la vida eclesial de nuestro país.

Desde un punto de vista pastoral, la medida es razonable: facilita el acceso a sacramentos que puede presidir el diácono —como el Bautismo o el Matrimonio—, refuerza la predicación de la Palabra y potencia la dimensión caritativa de la Iglesia.

La importancia de una buena formación

Ahora bien, junto a las oportunidades, también conviene identificar con claridad los retos. Es fundamental que los fieles laicos reciban una formación adecuada que les permita comprender con precisión la naturaleza de los distintos ministerios: qué diferencia hay entre un diácono y un presbítero, cuál es el sentido de la disciplina del celibato en la Iglesia latina y en qué consiste la misión específica de los ministerios laicales. Solo una catequesis sólida evitará confusiones y ayudará a que cada vocación sea valorada en su justa medida.

Si estas distinciones no están bien asentadas, puede producirse una percepción ambigua de los ministerios ordenados. No se trata de alarmismo, sino de aprender de experiencias previas. En otros contextos europeos, como Alemania, el debate sobre los ministerios eclesiales ha mostrado hasta qué punto determinadas dinámicas pueden generar tensiones e interpretaciones divergentes.

Un ejemplo reciente ilustra la facilidad con la que pueden surgir malentendidos incluso en nuestro país. El pasado 23 de febrero, un titular inicial de un medio de comunicación cercano a la Iglesia sobre la instauración del diaconado permanente en Huesca decía literalmente: “El sacerdocio laico llega a Huesca para dar misa y bautizar sin ser cura: “‘Puede crear vocación’”. Horas después fue corregido por otro más ajustado a la realidad. Más allá de la rectificación, el episodio muestra cómo una expresión imprecisa puede generar confusión entre los fieles.

El contexto de las celebraciones dominicales sin sacerdote

La reflexión se amplía en el contexto de las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero. En algunas diócesis, ante la imposibilidad de celebrar la Misa dominical en todos los lugares, se han promovido celebraciones de la Palabra con distribución de la comunión, una práctica plenamente ortodoxa y prevista por la normativa eclesial.

Sin embargo, durante la última visita ad limina de los obispos españoles al Papa —realizada en diciembre de 2021—, la Santa Sede les transmitió prudencia respecto a la expansión de estas celebraciones como solución estructural. La experiencia de la Iglesia en Francia, pionera hace medio siglo en este tipo de prácticas, llevó posteriormente a los obispos franceses a restringirlas enormemente, al constatar que, con el paso de los años, diluía en los fieles la conciencia de la singularidad de la Eucaristía.

En una conferencia, José Ignacio Munilla explicó que desde Roma se aconsejó evitar celebraciones que imitasen externamente la estructura de la Misa. El riesgo señalado era que, con el tiempo, se produjera una cierta desvalorización práctica del sacramento eucarístico. Por esta razón, desde el Vaticano sugerían fomentar otros recursos litúrgicos —como la Liturgia de las Horas o la adoración— cuando no fuera posible la celebración de la Eucaristía.

No es difícil comprender el desafío pastoral que subyace: si un fiel percibe como casi equivalente una celebración de la Palabra con comunión y la Misa dominical, puede disminuir su disposición a desplazarse a otra localidad para participar en la Eucaristía.

Un equilibrio que requiere estudio y serenidad

Nada de esto invalida la oportunidad del diaconado permanente en Huesca ni cuestiona su oportunidad. Más bien invita a acompañar su implantación con una formación clara y una reflexión continua, que evidentemente no es labor de exclusiva de esta diócesis sino de todas las de España, especialmente de aquellas que ya cuentan con decenas de diáconos permanentes. 

Potenciar el diaconado permanente puede ser muy positivo y necesario y no tiene riesgos especialmente preocupantes. El problema es no entender qué es un diácono, qué es la Misa y hasta qué punto uno debe poner esfuerzo para ir a una celebración eucarística en otra población.

La Iglesia tiene experiencia para discernir y ajustar sus prácticas a la luz de la tradición y de los frutos pastorales que se van observando. La decisión de la diócesis de Huesca abre una etapa nueva que puede ser muy fecunda si se vive con espíritu de comunión, claridad doctrinal y prudencia pastoral. En un tiempo propenso a los extremos, quizá el mejor servicio sea precisamente ese: pensar con calma, escuchar las distintas sensibilidades y trabajar juntos por el bien de la Iglesia.

El autorJavier García Herrería

Redactor de Omnes. Anteriormente ha sido colaborador en diversos medios y profesor de Filosofía de Bachillerato durante 18 años.

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