Evangelización

Alfonso Carrascosa: “Las científicas católicas han existido y existen”

“Las científicas católicas han existido, existen y seguirán existiendo. La fe no se pierde por investigar”, asegura Alfonso Carrascosa, autor de ‘100 católicas y científicas españolas’. El investigador reflexiona sobre trayectorias femeninas olvidadas, la ciencia y la fe, y referentes que amplíen el relato histórico de la ciencia.

Eliana Fucili·11 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Alfonso Carrascosa

Alfonso Carrascosa, investigador del CSIC.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra el 11 de febrero, conversamos con Alfonso Carrascosa, autor de ‘100 católicas y científicas españolas’. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, y científico del CSIC, Carrascosa considera que “las científicas católicas han existido, existen y seguirán existiendo».

Alfonso Carrascosa inició su trayectoria profesional en el ámbito de la microbiología. Con el paso del tiempo, su interés se orientó hacia la historia de la ciencia, donde ha desarrollado una línea de investigación singular: la recuperación y visibilización de científicas católicas españolas cuyas trayectorias han quedado, en muchos casos, relegadas al olvido o narradas de manera fragmentaria.

El investigador ha publicado ahora el libro 100 católicas y científicas españolas’, una obra que reúne más de un centenar de semblanzas biográficas y que pone de relieve una convicción central de su trabajo: que ciencia y fe no solo son compatibles, sino que han convivido de forma fecunda a lo largo de la historia contemporánea. 

En esta entrevista, Carrascosa reflexiona sobre los motivos que le llevaron a explorar este campo de estudio, los desafíos historiográficos que implica y la importancia de ofrecer referentes femeninos que integren vocación científica y vida creyente.

¿Qué le  inspiró a investigar y escribir sobre mujeres científicas católicas españolas?

Este tema siempre me ha interesado profundamente. Me di cuenta de que nadie lo estaba abordando de manera sistemática, a pesar de que existen muchas mujeres que encajan claramente en este perfil. Visibilizarlas permite demostrar, con hechos concretos, que la ciencia y la fe católica no solo son compatibles, sino que han coexistido y se han enriquecido mutuamente a lo largo del tiempo.

Mi objetivo ha sido aportar nombres, trayectorias y contextos: mujeres católicas practicantes que desarrollaron una labor científica o docente de primer nivel, muchas de ellas en el ámbito universitario.

En ‘100 católicas y científicas españolas’ propone una mirada poco habitual sobre estas trayectorias. ¿Dónde cree que reside la principal novedad de su planteamiento?

– La principal novedad del proyecto reside en la articulación de esas tres dimensiones: mujeres, científicas y católicas. No se trata de rasgos secundarios, sino de aspectos constitutivos de sus trayectorias vitales y profesionales. Hasta ahora, la dimensión religiosa de estas mujeres había sido en gran medida ignorada o directamente eliminada del relato historiográfico. En algunos casos, su vida espiritual era completamente desconocida; en otros, se la consideraba irrelevante para comprender su trabajo científico.

El objetivo no es añadir un dato anecdótico, sino recuperar una dimensión esencial de sus biografías. Una historia de la ciencia que prescinde sistemáticamente del hecho religioso ofrece, necesariamente, una visión parcial e incompleta.

¿Cuáles han sido los principales desafíos al investigar estas trayectorias?

– Sin duda, demostrar su condición de creyentes católicas practicantes. Esto ocurre tanto en mujeres como en hombres. Muchas personas han evitado manifestar públicamente su fe por miedo a posibles consecuencias profesionales o académicas. Hoy, en muchos ámbitos, expresar la fe es una actitud testimonial, casi martirial.

Paradójicamente, ese silencio refuerza la narrativa laicista dominante, que sostiene que no existen científicas católicas. Mi trabajo demuestra que eso es falso. Para reconstruir estas trayectorias han sido fundamentales las entrevistas a familiares, el trabajo en archivos personales y la consulta de documentación inédita.

En tus investigaciones aparece con fuerza el CSIC. ¿Por qué es un ámbito clave?

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas marca el nacimiento del científico profesional en España. Entre su fundación en 1939 y 1975, la presencia femenina en su plantilla se triplica y supera el 30% del total. Es un dato objetivo del que apenas se habla.

Lo más significativo es que la inmensa mayoría de esas mujeres eran católicas practicantes. Sin embargo, persiste la idea de que durante ese periodo la ciencia en España estuvo paralizada, lo cual es falso. El desarrollo del CSIC demuestra exactamente lo contrario.

¿Qué papel juega la Iglesia en la formación intelectual de estas mujeres?

– Un papel decisivo en muchos casos. En el libro aparecen grupos relevantes de científicas vinculadas a realidades eclesiales como el Opus Dei, la Asociación Católica de Propagandistas o las teresianas, fundadas por san Pedro Poveda. Estas instituciones ofrecieron a muchas mujeres espacios de formación intelectual, académica y profesional de alto nivel.

Un caso emblemático es el de Ángeles Galino, la primera catedrática universitaria de la España contemporánea, que era teresiana. Hasta que documenté su trayectoria, este dato era prácticamente desconocido.

¿Cómo ha sido la recepción de sus trabajos?

– En general, muy positiva y, sobre todo, sorprendente. Muchas personas desconocían la existencia de tantas mujeres creyentes dedicadas a la investigación científica. Tanto en el ámbito académico como fuera de él, estas biografías se valoran como ejemplos vivos de la compatibilidad entre ciencia y fe.

Por eso tengo una fuerte vocación por escribir y publicar estas semblanzas: creo que es una forma de enriquecer el conocimiento histórico y de ofrecer una narrativa más completa y honesta.

Desde su experiencia, ¿cómo describiría la relación entre ciencia y fe?

– Como una relación complementaria y, en muchos casos, sinérgica. Dios se deja conocer a través de sus obras, y la ciencia busca describirlas y comprenderlas. Nunca he visto a un científico perder la fe por investigar; al contrario, en muchos casos la investigación refuerza la apertura a la trascendencia.

La supuesta incompatibilidad entre ciencia y fe católica refleja más bien la expansión de ciertos discursos ateos, no una contradicción real entre ambas.

Para cerrar, ¿qué consejo darías a las jóvenes científicas que desean integrar su fe con su vocación profesional?

– Les diría que no tengan miedo. Las científicas católicas han existido, existen y seguirán existiendo. La fe no se pierde por investigar; puede ser una fuente de fortaleza y de sentido.

Les animaría a apoyarse en las realidades eclesiales que ofrece la Iglesia y a no ocultar, aunque sea de manera sencilla, que fe y ciencia son compatibles. Ese testimonio puede ser un gran bien para otros y, también, para ellas mismas.

El autorEliana Fucili

Centro de Estudios Josemaría Escrivá (CEJE) 
Universidad de Navarra

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