«No son historias positivas ni negativas. Son historias normales de gente que trata de hacer cosas, que es imperfecta, que sufre, que ven que Dios entra en su vida y responden de esta manera o de esta otra, que entran en la obra, que salen de la obra». Así explicó Jack Valero el propósito de El Opus Dei sin filtros, durante el diálogo mantenido este 22 de septiembre en la Universidad Villanueva con María José Atienza, directora de Omnes. El libro, publicado por Almuzara, reúne las historias de 18 personas vinculadas al Opus Dei y pretende, según explicó su autor, responder a algunas de las cuestiones que habitualmente se plantean sobre la institución «desde abajo», a través de las vidas de sus miembros.
Valero, portavoz del Opus Dei en Reino Unido, explicó que después de 33 años respondiendo a preguntas sobre el poder, el dinero, la influencia o el papel de las mujeres, había percibido una limitación en hacerlo siempre «desde arriba». Por eso decidió contar las experiencias concretas de personas muy diferentes. En el libro aparecen un taxista, un empresario, personas que han viajado durante toda su vida y otras que han permanecido siempre en el mismo lugar. «Hay de todo, como una muestra de lo que hay», señaló.
La libertad en el Opus Dei
¿Qué busca el Opus Dei? Valero respondió a esta pregunta que su finalidad es «ayudar a la gente a encontrar a Dios en su vida normal, en su vida diaria». Según explicó, se trata de ayudar a cada persona a descubrir que Dios está presente en lo que hace y a «ser mejor persona en todo lo que haces». Una tarea que, añadió, se realiza desde la conciencia de que las personas son imperfectas y cometen fallos.
Una de las cuestiones a las que dedicó más tiempo fue la libertad. Valero considera que este es uno de los aspectos que más cuesta comprender desde fuera del Opus Dei. Según su experiencia, los miembros viven de manera intuitiva la posibilidad de tomar decisiones sobre su vida: estudiar una carrera u otra, vivir en un lugar u otro, participar en una manifestación o no hacerlo, apoyar a un partido político o a otro o seguir determinadas indicaciones sacerdotales. «Lo entienden y así lo viven», afirmó.
En cuanto a los testimonios de antiguos miembros que aseguran haber experimentado falta de libertad o presión, Valero reconoció que estas experiencias deben ser examinadas. «Eso no es bueno, pero vamos a ver de dónde viene y cómo fue», afirmó. A su juicio, quienes se incorporaron al Opus Dei lo hicieron buscando algo bueno, aunque algunas personas descubrieron posteriormente que esa vocación no era para ellas y abandonaron la institución. También señaló la necesidad de escuchar a quienes han sufrido y «cambiar las cosas que hay que cambiar». «Si tratamos de hacer el bien y no escuchamos a los que están dentro algo estamos haciendo mal» añadió.
Numerarias auxiliares: «Quiero que ellas expliquen lo que son»
Valero quiso detenerse especialmente en las numerarias auxiliares. No quiso explicar él mismo su vocación, sino que prefiere que ellas mismas sean las que den testimonio de ello. Es por eso que en su libro decidió incluir las historias de Patricia y Nula. «Yo quiero que ellas expliquen lo que son y cómo lo hacen y por qué lo hacen», señaló, hasta el punto de situar sus testimonios al principio y al final de la obra. Para él, se trata de testimonios que le han permitido conocer esta realidad «desde abajo».
El portavoz reconoció también que ha habido situaciones que «no se hicieron bien» y que deben ser reparadas y pedir perdón cuando sea necesario. Pero también insistió en que estos casos particulares no deben reducir ni oscurecer la vocación de las numerarias auxiliares: «Porque, si 43 personas en Argentina han pensado que se les trató mal, hay también otras 500 que escribieron otra carta pidiendo respeto por su vocación, que se entienda lo que hacen y por qué lo hacen».
Escuchar a quienes han sufrido
Ante la cuestión de las personas que han sufrido dentro del Opus Dei o que se han sentido desplazadas después de dejarlo, Valero insistió en la importancia de escuchar. Contó que durante sus 33 años como director en Inglaterra estuvo especialmente pendiente de que quienes consideraran que aquella no era su vocación pudieran marcharse «contentos» y agradecidos por el tiempo vivido allí. Reconoció, sin embargo, que su experiencia es «una muestra pequeñita» y que en otros lugares puede haber casos diferentes.
«Cuando pasa algo malo hay que escuchar, y hay que ponerlo bien», afirmó. En este sentido, mencionó las oficinas de escucha y otros mecanismos puestos en marcha para atender estas situaciones. «Han cambiado muchas cosas, hemos escuchado muchos años», aseguró, aunque añadió que es necesario «seguir escuchando».
Poder y dinero
Sobre las acusaciones de que el Opus Dei busca poder político o influencia dentro de la Iglesia, Valero negó que exista un plan de conquista. «El Opus Dei no tiene ningún plan para mejorar el mundo, pero tiene un plan para ayudar a las personas e inspirarles para que cambien el mundo», explicó. En su opinión, la institución no indica a sus miembros qué deben hacer, sino que les anima a tomarse en serio su vocación cristiana y actuar libremente en el mundo.
Por ello, considera que atribuir a la institución una coordinación de planes políticos parte de una dificultad para aceptar la libertad de sus miembros. «Si no hay plan, el poder no tiene importancia», afirmó. Según Valero, las personas que aparecen en su libro no describen el Opus Dei en términos de poder, sino como una familia, un medio de formación y un lugar de apoyo. En el libro, según cuenta, no se habla sobre la palabra «poder».
También explicó que cada miembro tiene su economía independiente. Tres cuartas partes de los miembros son supernumerarios y mantienen su propia economía familiar, mientras que los numerarios aportan a la institución lo que no necesitan para sus gastos. Valero señaló que las obras promovidas por miembros del Opus Dei —universidades, colegios, residencias o iniciativas sociales— pueden manejar cantidades importantes de dinero, pero rechazó la idea de que la institución acumule ese dinero para sí.
«Me gusta que las personas se vean como son»
Otro de los elementos que Valero destacó del libro es precisamente la imperfección de sus protagonistas. «Me gusta que todas las personas se vean como son, imperfectas, porque eso es la realidad», afirmó. Frente a una imagen idealizada de los miembros de la institución, las 18 historias muestran personas distintas, con dificultades, fallos y experiencias diversas.
Según explicó, todas las respuestas de los 18 protagonistas a la pregunta sobre qué significa para ellos el Opus Dei son diferentes, pero compatibles. Entre los aspectos que más le han llamado la atención está también la confianza en Dios. Citó el testimonio de una mujer de Holanda que descubrió que no tenía que pedir a Dios que viniera a ayudarla porque «Dios estaba siempre ahí».
Para Valero, una de las tareas pendientes es aprender a comunicar mejor esta experiencia. Los católicos, afirmó, «tienen mucho que decir», pero a veces les falta confianza para expresarlo. «No decirles lo que tienen que decir, sino ayudarles a decirlo mejor», explicó. En su opinión, hablar de la propia fe desde la experiencia personal puede ayudar a evitar tanto la imposición como la sensación de superioridad.





